Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Cine Ahora y Antes
Eduardo García Gaspar
16 abril 2004
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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Hay un editorial reciente del Wall Street Journal sobre la industria del cine.

Se titula El Misterio de los Asistentes Desaparecidos y fue escrito por Michael Medved. La fecha de aparición fue el 6 de abril pasado y de allí tomo datos. El resto son mis propias conclusiones.

Empecemos por el principio, para señalar una realidad.

En los Estados Unidos, en 1965, la asistencia semanal al cine era de 44 millones de personas. Cuatro años después, esa cifra fue de menos de 18 millones. Obviamente, algo debió haber pasado para sufrir esa reducción.

El autor señala que durante las siguientes dos décadas esa cifra permaneció más o menos constante hasta la construcción de las nuevas salas múltiples de cine. El año pasado, unos 30 millones de personas fueron al cine en promedio a la semana.

En términos de porcentaje de la población, desde luego, las cifras son terribles. En 1965 el porcentaje era superior al 40 por ciento y ahora anda por el 10. Muy bien, consecuentemente ese desplome tan dramático tiene que tener una explicación.

La más obvia es la aparición de la televisión… excepto por un detalle, en el año de la caída de la asistencia al cine la televisión era ya un hábito de tiempo en los hogares americanos. La televisión había pegado antes de eso, pero menos de lo que sucedió a partir de 1965.

En tiempos más cercanos, durante la aparición de tecnologías como la video, tele por cable y DVD, la asistencia al cine se elevó un poco.

La causa según el autor, no son los nuevos medios, sino el cambio en el código de las películas de Hollywood, que permitió una nueva clasificación cuyo efecto neto fue la colocación de diálogos con palabras obscenas, de sexo explícito y desnudos totales, más violencia impresionante y realista.

Acerca de las cifras millonarias que se manejan, dice, son disfraz de datos, pues no se ajustan al precio de los boletos.

Una prueba a favor de lo que dice el autor sería la mayor asistencia a películas con clasificación para todo público que las restringidas, lo que dice que es cierto aunque no presenta cifras.

La lección parece ser sencilla, la “liberación” del cine no dio buenos resultados para esa industria. Por mi parte, este escrito me aclara una duda que me asaltaba.

Las cifras millonarias de taquilla siempre ignoran que ellas deben ser deflacionadas, con lo que puede resultar que Lo que el Viento se Llevó sea la película más taquillera de la historia, dados los precios de entonces y la población menor. Igualmente, me aclaró que no soy el único ser extraño al que le molesta de sobremanera el lenguaje soez y gratuito de tanta cinta.

Llámeme anticuado, pero no veo talento alguno en el escritor que hace esos diálogos, pues simplemente usa un extraordinariamente limitado vocabulario. En cuanto a las películas con escenas de sexo, echo de menos esos tiempos en los que las películas de vaqueros eran de vaqueros y las de guerra eran de guerra y las de sexo eran de sexo.

Ahora las de vaqueros tienen sexo y palabrotas, las de guerra tienen sexo y palabrotas, hasta el punto es el que causa miedo ver alguna película con los hijos, pensando que la siguiente es una escena de cama, no sugerida, sino explícita y con palabrotas. No resulta edificante que eso suceda en familia.

Pero lo interesante de esto, según se ve en las cifras que presenta ese columnista, es la reacción espontánea de los asistentes al cine. Una buena cantidad de ellos dejaron de ir a ese pasatiempo después de la caída del código de las películas.

Evidencias en el mismo sentido pueden verse con los éxitos sensacionales de películas que no tienen esos contenidos, como las de El Señor de los Anillos, las de Harry Potter, por no mencionar La Pasión en estos momentos.

Lo que me parece que existe es una diferencia amplia de mentalidad entre dos comunidades. Una es la de los asistentes al cine y la otra es la comunidad genérica de Hollywood. Ambas aparentan tener muy diferentes valores a juzgar por lo que se produce en cine y lo que se prefiere ver. Por mi parte, me quedo con esas cintas que divierten en el sentido más amplio, con diálogos e historias interesantes.

Como un par de películas que le recomiendo, La Pequeña Costurera y La Mariposa. Ninguna es de Hollywood, lo que ya es ser un elemento de garantía.

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