Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Consumidor es Inteligente
Eduardo García Gaspar
16 agosto 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Una de las cosas que siempre me ha maravillado es la falta de sentido práctico que tiene el socialismo.

No es una cuestión de ideologías, sino de sencillo sentido común que explico en lo que sigue, comparando la experiencia diaria contra la teoría socialista.

Para entender esto, sin embargo, hace falta definir lo que es el socialismo.

Una definición clara es la de entender que el socialismo es una doctrina o serie de principios que sostiene que todos o la mayoría de los problemas que se presentan en la vida de los ciudadanos puede resolverse con medidas gubernamentales.

El socialismo tradicional, por ejemplo, basaba sus soluciones en la propiedad estatal de las empresas; aunque el socialismo menos atrasado, sostiene ahora no la propiedad estatal, pero sí la planeación económica y el intervencionismo gubernamental, con impuestos elevados por ejemplo.

Digo que lo que me maravilla es que la hipótesis de la que parte es socialismo para propugnar intervenir fuertemente en la sociedad para arreglar los problemas que se presentan, necesariamente es la de creer que los ciudadanos no son muy inteligentes, pues no pueden arreglar por sí mismos las cosas.

Contrasta fuertemente contra esa hipótesis la creencia del marketing, el que ve al consumidor como un tipo capaz, al que debe convencerse con buenos argumentos para comprar productos y bienes.

Según el socialismo, en palabras de rancho, las personas somos bastante tontas, pero según la práctica de los negocios, las personas somos bastante racionales. La discrepancia no puede ser mayor en su punto de partida.

Los socialistas en el fondo sostienen la idea de que los ciudadanos no somos capaces de pensar y por eso es que apoyan las decisiones de un gobierno metiche en todos los asuntos de nuestra vida.

Todo lo que indica mi experiencia de marketing en más de 30 años me dice que las personas son inteligentes y pueden tomar decisiones por sí mismas. Ellas deciden lo que compran, en dónde, qué cantidades, con qué frecuencia.

Digo, porque basta ver el lanzamiento de nuevos productos para entender que lo que se hace parte de la fuerte creencia que los consumidores son inteligentes y autónomos. Y así resulta que la experiencia diaria de miles y millones de empresas niega sin misericordia la hipótesis del socialismo.

Lo que me lleva a la siguiente pregunta obvia, la de cómo es posible que por esta razón el socialismo sobreviva e incluso sea apoyado por algunas personas. Debe haber varias respuestas. Por mi parte, propongo las siguientes.

Una, el socialismo da más poder al gobernante y eso le gusta a él y le conviene. Cierto, no le conviene a los ciudadanos pero sí al gobernante.

Dos, es más simple de entender el socialismo que el mercado libre.

Tres, los gobernantes, en su mayoría me parece, nunca han trabajado en una empresa e ignoran lo que es producir bienes; por eso sólo alcanza a imaginarse a las empresas y lo que ellas hacen de manera simplista e irreal, de acuerdo a lo que les inventaron Marx y sus seguidores.

Pero, de verdad, lo que yo no entiendo es que hay algunos empresarios que en verdad son socialistas y apoyan ese tipo de medidas. Pensar así es suicida y temerario, quizá por no entender qué es lo que realmente hace un empresario.

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