Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Ejemplo Personal
Eduardo García Gaspar
12 abril 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una de las más grandes bendiciones que se puede tener es el gozo de una conversación que se sale de lo tradicional, ignorando el futbol, los chismes de las celebridades y los sucesos más triviales de los gobiernos.

Quiero compartir con usted el contenido de dos de esas conversaciones que tuve en Semana Santa.

Ésta es una época en la que muchas personas realizan actividades misioneras. En buena cantidad de los casos, jóvenes adolescentes salen a pequeños poblados con la meta de dar instrucción religiosa.

También, desde luego, existen las misiones tradicionales que imaginamos como las actividades de sacerdotes con dones muy especiales que viven en aldeas perdidas de algún país africano o asiático.

La noción que poseemos de las misiones es ésa, la de una labor especializada desarrollada por gente excepcional en partes remotas del planeta. Una de las personas que le digo, puso en tela de juicio esa idea, dándole un giro de 180 grados.

Según él, las misiones deben ser realizadas por todos y no por sacerdotes o ministros solamente.

Más aún, las misiones deben realizarse en el mismo lugar en el que se vive, entre las personas que se conoce. No hay necesidad, para hacer misiones, de salir a un retirado poblado lejos de cualquier camino pavimentado.

Voy ahora a lo que me dijo la otra persona. Puesto en términos sencillos, ella dijo que lo aceptemos o no, los humanos tenemos la responsabilidad de ser misioneros mutuos, siendo buenos ejemplos para los demás.

Por mi parte, quizá también por la parte de usted, esas ideas lo dejan a uno un tanto atolondrado al cargar la espalda con responsabilidades desconocidas hasta ahora.

Y es que todo eso resulta en una conclusión impresionante: no basta ser una persona buena en lo interior, sino que es absolutamente obligatorio ser una buena persona en lo exterior.

No, no se trata de ser un santo, pero sí de entender una cuestión que es muy obvia pero pocas veces tratada. Lo que cada uno de nosotros hace es una influencia de tamaño variable en los demás. Si los ejemplos que vemos a nuestro alrededor son positivos, eso nos hará más proclives a una conducta buena. Pero el viceversa es cierto también.

Eso es de sentido común, pero lo que me causó un buen aturdimiento es que esas dos personas me lo hayan explicado con tanta claridad.

Es una buena idea que quise compartir con usted y que me lleva a un terreno político. Tomemos el caso de algún político que tiene una conducta reprobable, la que usted quiera, total que los casos abundan.

Ese político, dada su posición, no sólo comete una acción inmoral, por ejemplo, aceptar dinero por la concesión de permisos… también comete una falta menos visible, pero grave también.

Su acción conocida influye, mucho o poco, en posibles conductas inmorales futuras de otras personas. Puede hacer creer a otros, en cierta medida, que la corrupción es algo leve o incluso aceptable… simplemente porque es común. Suele pensarse que lo que cada quien hace es un asunto personal que a nadie atañe.

Si alguien decide drogarse, a nadie le importa, según esta mentalidad que apoya la idea de una libertad personal traducida en libertinaje aceptable.

Lo que mis amigos dicen es contrario a eso. Lo que los otros hacen sí me atañe, pues afecta si bien indirectamente a otros por la vía del ejemplo. Es decir, el que debía entender su papel de misionero se comporta al contrario de lo que espera.

En fin, siendo un tipo fascinado con las ideas, tan sólo quise transmitirle una que me parece obvia y racional, aunque ella no sea común y quizá imponerle a usted una responsabilidad adicional en la que al menos yo no había pensado.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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