Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Límite de la Tolerancia
Eduardo García Gaspar
22 diciembre 2004
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La alabanza irracional de la tolerancia es algo políticamente correcto y que no es posible atacar sin riesgo de ser visto como radical. Sin embargo, me temo que ella ha sido sobrevalorada sin fundamento.

Sí, parte del pensamiento liberal sostiene la idea de tolerar posiciones contrarias a las propias, porque después de todo eso es efecto de la libertad. Pero de eso a convertir a la tolerancia en un valor mayor al de la libertad hay una gran y mal paso.

Lo que deseo probar es que hay un límite de tolerancia y que si se rebasa caemos en una situación contraria, de intolerancia. Me explico a continuación, paso por paso.

Primero lo obvio. Hay cuestiones de gusto en las que la diversidad de opiniones no tiene ningún impacto negativo. Son asuntos como los de preferencias musicales, de arte, de comida y cosas por el estilo, que son de gusto y carecen de importancia en el tema.

A alguien le gusta el queso roquefort y a otro le produce asco; nada importante sucede con esta separación de opiniones. Pero hay cuestiones de más fondo. Asuntos como el de la religión profesada, o el de la preferencia de partidos políticos.

En estos temas, la tolerancia opera con un mecanismo de respeto mutuo: tú me dejas ir al servicio religioso que prefiero y tener las creencias políticas que quiero, a cambio de yo dejarte hacer lo mismo.

Tú puedes alabar a tu partido preferido y yo al mío. Nadie impone sus creencias al otro por la fuerza. Se necesita, en estas cuestiones, un sistema social de libertad y de responsabilidad personales.

Hay libertades de expresión y de religión, que necesariamente implican la existencia de cosas con las que se está en desacuerdo, pero que se toleran en aras de gozar uno mismo de esa libertad. Alguien rechaza la existencia de table dances pero la tolera, quizá como mal menor.

El tercer tipo de cuestiones son intolerables y prueba de ello es la existencia de leyes que castigan a las personas que cometen acciones de este tipo. Es intolerable robar, matar, lastimar a otros y en general lastimar a otras personas en su cuerpos y propiedades.

Sería risible tolerar al ladrón porque él sinceramente piensa que robar es justificable de acuerdo a sus creencias propias. Con estas razones, me parece, es sencillo probar que la tolerancia tiene límites y que no es un principio que se deba aplicar sin límites.

Existen conductas que son intolerables y de eso no hay duda alguna. No hay problema al tolerar que alguien coma cabezas de cabrito mientras oye música grupera dentro de un table dance; pero no será tolerable que esa misma persona en idéntica situación mate a otra persona para comerla, o robe la cartera al de junto para pagar la cuenta. No creo que haya mucha discusión en las conclusiones anteriores, pero el tema no se agota allí.

Existen casos extremos, que se viven en partes del mundo, y que llegan a plantear situaciones que merecen reflexiones más profundas acerca de la tolerancia. ¿Qué pasa cuando alguna religión contiene una creencia que ataca a ese sistema de libertades y tolerancia?

Por ejemplo, que predique la remoción del gobierno, mismo que la protege, por la vía de la violencia. O el caso de los que protestan en la calle, por la causa que sea, deteniendo el tráfico y afectando al resto de los ciudadanos su libertad de tránsito.

¿Es tolerable eso? Sin duda no hay razón para impedir la libertad de expresión y protesta, pero ¿puede permitirse que ella dañe las libertades de los demás? La respuesta real es afirmativa, al menos en México, aunque la contestación racional indique lo contrario. Lo que he querido ofrecer en esta segunda opinión es doble.

Primero, la tolerancia es un valor propio de los sistemas liberales, en los que la libertad personal produce conductas variadas y diversas, que sin duda no son del gusto de todos. Eso es parte del juego liberal. Segundo, la idea de que la tolerancia no es ilimitada, que hay conductas que no pueden ser toleradas. Los casos extremos donde aplica definitivamente la intolerancia son claros; por ejemplo, el caso de una persona que mata a otra.

Sin embargo, esta época de libertades no están mostrando casos nuevos, para los que los sistemas liberales no están muy preparados y que no tienen una respuesta real sencilla y clara, pero en los que puede lastimar profundamente al llevar a la tolerancia a ser un concepto ilimitado que se autodestruye.

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