Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Otro Tribunal, el de la Calle
Eduardo García Gaspar
10 junio 2004
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El caso del gobernador de Oaxaca y el atentado a su vida ilustran muy bien la existencia de un segundo tribunal en el país, uno ajeno al Poder Judicial.

El caso es sencillo en su esencia: el gobernador sufre un atentado, con balazos y todo, sale ileso, se hacen las investigaciones y surge la fuerte posibilidad de que todo fuese un teatro organizado por el mismo gobernador.

En una reciente noticia, autoridades de Oaxaca, hablaron de estar a favor de la versión del gobernador, la de un atentado real y no inventado. Por otro lado, la autoridad federal sostiene la conclusión contraria, todo fue fabricado.

Desde luego, averiguar si fue una cosa o la otra es una cuestión de investigación criminal y exámenes policíacos.

En otras palabras, dejar todo en manos de expertos y de los tribunales. Lo curioso del asunto está en la reacción de los gobernantes locales.

Por ejemplo, Juan Díaz Pimentel, presidente de la gran comisión del congreso de Oaxaca, dijo literalmente que “nosotros tenemos (con Murat) un compromiso ideológico, en mi caso de afecto personal y voy a declararlo, yo y toda la bancada vamos a estar con él hasta las últimas consecuencias, porque estamos ciertos que le asiste toda la razón.”

El asunto llega al extremo que taxistas afiliados al PRI, el partido de Murat, hacen una manifestación de apoyo para mostrar que el gobernador efectivamente fue víctima de un intento real contra su vida.

No es un asunto aislado éste, pues muestra un patrón consistente de conducta en el país, que es el llevar a la calle y el politizar todo lo que contraría a alguien. Es equivalente a la erección de otro tribunal con poderes para juzgar y que sustituye al Poder Judicial de nuestra constitución.

Los ejemplos son amplios. Si a un grupo de personas les contraría la construcción de un aeropuerto, la vía de solución del conflicto no es la de los tribunales, sino la de la calle, con manifestaciones y machetes. Si un político se ve involucrado en problemas de corrupción de sus subalternos, el camino es amenazar con llevar a la calle el conflicto usando a sus seguidores incondicionales.

Esto es precisamente lo que sin pena mencionó el presidente de la gran comisión del congreso de Oaxaca, con sus palabras de “estar con él hasta las últimas consecuencias”.

No importa en esto si el gobernador de Oaxaca mintió o no, pues ésa es labor de los tribunales. Lo que importa es esa lambisconería mezquina del poder legislativo local, no responsable de emitir juicios, pero que los hace subjetivamente entrando en los terrenos del Poder Judicial y violando la constitución.

Es obvio que estas personas no ven a los tribunales como entes confiables en los que se debe creer y cuyos fallos deben respetarse dentro de la ley. El caso del jefe de gobierno del DF es similar, con su desacato a jueces. Lo que vemos, por tanto, es la violación de la ley misma por parte de quienes juraron respetarla, erigiéndose ellos mismos en emisores de fallos legales.

Para el presidente de la gran comisión del congreso de Oaxaca, Murat es inocente y lo es a pesar de lo que diga otra autoridad del gobierno del que él forma parte.

Esto equivale a la construcción de facto de tribunales adicionales a los estipulados en la constitución. Una manifestación en las calles asume el papel de un tribunal, al igual que el presidente de la gran comisión del congreso de Oaxaca, o un futuro referéndum en la capital.

Decir que esto es grotesco y ridículo es usar eufemismos extremos. Un caso como el del gobernador de Oaxaca tiene un proceso legal expreso y determinado, establecido en las leyes, con investigaciones, pruebas, evidencias y fallos que deben ser respetados por todos, especialmente por los gobernantes.

Y sin embargo, este imperio de la ley y ese estado de derecho es violentado severamente por personas como el presidente de la gran comisión del congreso de Oaxaca, para quien la amistad y la afinidad ideológica están literalmente por encima de la ley.

Los casos similares a éste son tan comunes en el país que forman parte del panorama político normal en el que nadie ya los señala, ni se sorprende ante ellos.

Es así cómo en México hemos fundado otros tribunales, con fallos que se dan en la calle, con amenazas, por parte de jueces autonombrados y fuera de la ley.

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