Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Profesor de Toledo
Eduardo García Gaspar
20 octubre 2004
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Lamentamos el subdesarrollo mexicano al mismo tiempo que poco hacemos por explicarlo. Sin embargo, esa dilucidación está bajo nuestras narices y la ilustra muy bien el caso de la apertura de un Wal-Mart cerca de Teotihuacan.

Existen personas que se oponen a ella y examinar el caso resulta fascinante, pues es un clásico ejemplo de efectos colaterales imprevistos.

Francisco Toledo, el pintor que se opuso a la venta de hamburguesas en el centro de Oaxaca, ahora se opone a esa tienda. Derecho a eso existe, pero lo interesante es la serie de razones que da.

Entre ellas, están las de que el país está en venta, que hay criterios nacionalistas que están por encima de la ley, que se introduce un elemento nuevo donde no se debía, que esa tienda hace bajar y subir los precios, que es la unión de los políticos y el capital…

Es la lista de siempre, aunque la verdad es que la tienda está bastante alejada del sitio histórico, dentro de una zona ya comercial y creará 180 empleos en la zona.

Nada de esto es tomado en consideración por Toledo y la razón de ello es de llamar la atención pues pone un reflector en una de las razones reales de nuestro desarrollo. Lo que hace que Toledo argumente así no es él mismo, sino lo que sus profesores hicieron con él.

Textualmente el pintor dijo lo siguiente,

“Como me educaron los maestros de los años 40, soy antiamericano y antiespañol; eso es lo que nos enseñaron: que nos quitaron la tierra a los americanos, que nos conquistaron y nos sobajaron los españoles. En el fondo uno reacciona como su maestro de primaria le enseñó. Somos hechura de eso y nuestra reacción inmediata es en contra, es nacionalista y por ciertas razones” (Reforma, 15 octubre).

La pieza de información es de verdad valiosa. Muestra, desde luego, la influencia de la educación en las personas. Porque uno o más profesores le enseñaron a odiar, él sigue odiando.

Este hombre, con un apellido más español que una castañuela, detesta como forma de vida y su resentimiento le lleva a no ver la realidad. Sus profesores le quitaron el don de pensar.

Toledo no sólo repite lo que oyó en el salón de clase en una edad tierna y tomó como dogma sagrado, sino que tiene también el valor de reconocer que corea la lección aprendida y reconoce que ha dejado de aprender, que desde los años 40 no ha asimilado nada.

Su capacidad de aprendizaje fue aniquilada por esos profesores, más adoctrinadores que maestros. Si queremos encontrar una poderosa razón de nuestra falta de prosperidad, la tenemos allí brillante y refulgente: un sistema de educación que hizo varias cosas dignas de mención. Enseñó odios, inexactitudes, simplismos y repetición necia, al mismo tiempo que aniquiló el hábito de pensar y de aprender.

Lo importante no es el asunto de un Wal-Mart a cierta distancia de Teotihuacan. Eso es lo de menos en la noticia reportada, pues lo que las declaraciones del pintor muestran es el fracaso terrible de la educación mexicana, al menos de esos años, y cómo ella incide en nuestra falta de desarrollo. Y esto para los pelos de punta por otra razón.

Los niños educados de esa manera en ese tiempo, algunos de ellos, se convirtieron en maestros y, puede suponerse que de cierta manera, ampliaron esa educación a las siguientes generaciones, lo que de verdad es un crimen que ataca las bases mismas de la sociedad. Y algunos de esos nuevos alumnos se convirtieron en profesores y así hasta nuestros días.

Los resultados de la mala calidad de la educación pública mexicana han sido mostrados en diversas investigaciones. El enorme valor de las candorosas palabras del pintor Toledo es que le ponen sabor a los datos numéricos. Hay aquí una anécdota personal que expresa una causa de ese bajo nivel.

Es posible ver que hay niños con carencia de alimentación suficiente y balanceada, que les provoca problemas al crecer. Pero también es posible contemplar otro drama, el de niños mal alimentados mentalmente, inducidos a cancelar su curiosidad intelectual, su hambre de aprender, su ansia de conocer y condenados a repetir sin razonar. Imaginemos a Toledo como maestro para entender a las víctimas que produciría.

La sociedad es una compleja red de interacciones insospechadas que en este caso muestra cómo un profesor en los años 40, ya muerto, puede producir la pérdida de 180 empleos más de 60 años después en otro estado.

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