Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Terrible Silencio
Eduardo García Gaspar
9 agosto 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Varias personas, entre ellas un par de extranjeros, me comentan acerca de una costumbre nacional de los ejecutivos, la del mutismo que sustituye a la negación.

En otras palabras, dicen, los ejecutivos mexicanos en buena proporción prefieren guardar silencio a decir no. Cuento un caso que aclara las cosas y que me sucedió no hace mucho.

Por un contacto, hago una cita con el propietario de un negocio pequeño, con buenas instalaciones, cuyo problema desconocía yo. Se realiza la primera reunión, con el objetivo de definir la problemática y ver si puedo servir de algo como consultor.

La reunión es muy amable y franca y se detecta que el negocio sufre caída de ventas, específicamente falta de repetición en la compra de los clientes.

Se acuerda que yo presentara una guía de asuntos para profundizar en la segunda reunión. Lo hago y en esa reunión se profundiza más y se aprueban unas medidas siguientes, especialmente obtención de más información.

Todo va bien, excepto por una variable: el cliente tiene un sobrino, recién graduado de marketing que se une a la reunión y hace comentarios.

Me porto diplomáticamente con el joven que todo lo sabe y se está de acuerdo que yo presente un nuevo y breve documento con recomendaciones de acciones precisas, previamente acordadas. El joven insiste en hacer publicidad, gran publicidad, con comerciales ganadores de premios.

Digo que eso se decide después, que antes hay que ver la estrategia.

De acuerdo a lo decidido, llamo a la semana para la tercera reunión, la de arranque. No está el propietario del negocio. La secretaria dice que ella lo reportará. Pasan días, Llamo por segunda vez. La misma historia. Pasan más días. Sucede lo mismo. El propietario no me llama y yo ya tampoco. Han pasado muchos meses desde eso.

Silencio absoluto de su parte. Yo no sé qué sucedió en su negocio, quizá algo grave, pero eso no quita la caballerosidad, ni el hablar claro. La más mínima educación indicaría la conveniencia de decir al menos, “no, gracias”. Pero nada. Silencio.

Y es esto lo que me llama a establecer esa regla que dice que, cuando las llamadas no son devueltas en un número razonable de días, eso equivale a una respuesta negativa. Al cliente potencial mío no le interesó seguir tratándome. Punto.

Y no me lo dijo directamente, sino guardando silencio. Ignorándome. Más de un ejecutivo extranjero ha comentado eso: a los mexicanos no les gusta decir que no y usan tácticas indirectas para dar a conocer su decisión. ¿Falta de seguridad? Sin duda alguna, pero con un efecto no intencional malo. La pérdida de tiempo de mi parte.

Esa forma de ser me hizo ser menos productivo. Tuve que preparar el documento. Tuve que celebrar reuniones. El tipo me hizo trabajar extra. ¿Quiso él obtener consejos gratis? Es una posibilidad y si eso quiso, cometió un engaño, un fraude. Pero seamos bien pensados y creamos que simplemente quiso decir que no, pero no tuvo el valor de hacerlo.

Si alguien es así, mucho me temo que no será un buen ejecutivo en otros terrenos. El silencio que sustituye a la negación es una mala acción.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “El Terrible Silencio”
  1. Sandra Pulido Dijo:

    Nada más cierto. Esto pasa mucho aquí donde trabajo. A mis jefes les cuesta decir “no”. En lo personal lo llamo que no quieren agarrar el toro por los cuernos y enfrentarlo, aparte de ser una perdida de tiempo para ambas partes. Me parece una falta total de cortesía.

  2. Eugenio Garcia Dijo:

    Este es un tema “conocido” del cual se hablo en un libro llamado “Mexico Pais del Miedo”. No estoy muy seguro pero el autor es Juan Miguel De Mora. Vale la penal leerlo.





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