Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Enojos y Regaños
Eduardo García Gaspar
12 julio 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Continúo con la serie de comentarios que intentan asociar los pecados capitales a los síntomas de una mala administración.

Todo, bajo la teoría de que existe una estrecha correlación entre la moral y los buenos resultados de los negocios, pues resultaría absurdo que lo que es bueno para el espíritu resultara ser malo en lo material.

La ira puede ser muy bien entendida con términos como furia, enojo, enfado, cuando esos sentimientos son llevados a su extremo de indignación, venganza y saña. Se trata de la reacción ante algún suceso, el que sea, y que genera esa apasionada e irreflexiva reacción que pone a una persona fuera de control.

Todos hemos pasado por situaciones en las que, dentro de una empresa, alguien sufre un ataque de ira.

Hace tiempo fui testigo de una escena que ejemplifica estos estremecimientos. Una persona hacía una presentación a un grupo de ejecutivos, cuando uno de ellos brincó de su sillón, fuera de sí, y comenzó a proferir una retahíla de adjetivos en contra de quien presentaba.

Le dijo que eso no era lo que había pedido, que era un incapaz, que hacía perder el tiempo a las personas.

Gritando, profería palabras vulgares e insultantes que lastimaban incluso a quienes no eran aludidos. Todos lo miramos con pena ajena.

Otra persona me contó la siguiente historia. El jefe de su jefe lo mandó llamar. Acudió presto a “la voz del amo”, usando su expresión, para recibir una serie de regaños injustificados y amenazas de despido por causa de un trabajo que debía haber hecho pero del que no sabía nada, pues su jefe inmediato no le había ni siquiera hablado del asunto.

Callado, para proteger a su jefe, fue sujeto a vejaciones producidas por la ira del superior.

Me parece obvio que el efecto directo de la ira es lastimar a los recursos humanos y con ello a la fuerza principal de la empresa. La ira quita motivación, retira iniciativa y produce indiferencia y descaro en los subalternos, quienes terminan por juzgar como loco a quien padece de ataques de ira. En una empresa sucedió eso mismo a una persona famosa por sus frecuentes pérdidas de control.

Lo contrario de la ira es la paciencia, que es la virtud que hace posible soportar las contrariedades de manera sosegada. Dentro de una empresa, conocí a uno de estos tipos pacientes, quien ante errores de los demás, solía molestarse mucho, pero antes que nada pedía explicaciones y oía a la otra parte… incluso siendo en ocasiones demasiado blando en su tolerancia.

La ira, desde luego, causa efectos negativos en quienes la sufren, pues los ciega ante la realidad y les hace tomar acciones que causan estragos en las personas que laboran en una empresa, con lo que la dañan severamente.

Gritarle a una computadora, por tanto, es permitido, pero gritarle a las personas y hacerlo consistentemente va contra la eficiencia y el buen aprovechamiento de la iniciativa de las personas. No se trata de no llamar la atención cuando alguien falla, sino de cómo hacerlo.

La perdida de control y el vómito de regaños, no conduce a nada, absolutamente a nada. Y si se hace por sistema, termina por causar chistes entre el personal, el que se vuelve cínico e irresponsable. Por su parte la paciencia, bien manejada, permite escuchar y poder juzgar con prudencia, como debe ser.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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