Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Esperando Sentado
Eduardo García Gaspar
27 abril 2004
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Si nos separamos un tanto de los árboles, podremos entender el bosque. Estamos tan cerca de los escándalos de corrupción que olvidamos el resto de lo que sucede.

Peor aún, corremos el riesgo de desatender lo que ha pasado ayer y lo que puede suceder mañana, con el riesgo de incluso dejar de ver las cosas positivas.

Los escándalos de corrupción en video del PRD en el DF, por ejemplo, han hecho olvidar el escándalo de corrupción del niño verde (nunca un niño estuvo tan agradecido con un obrador), pero también nos han hecho olvidar a la inflación y a las tasas de interés.

Esas dos variables muestran un panorama realmente positivo.

Las tasas de interés, que son el costo del dinero, se han reducido notablemente. Es una gran noticia en sí misma. Igual lo es la reducción de la inflación, ese injusto impuesto del que nadie se escapa y que daña a los que menos tienen.

Inflación a la baja y tasas en picada son sucesos para festejar. En esto, deben recibir una felicitación las organizaciones encargadas de política económica, como el Banco de México y la Secretaría de Hacienda.

Del otro lado, sin embargo, hay cosas malas, como la tasa de desempleo abierto, la que ha crecido. Por allá en 2002 andaba por el 2.5 por ciento pero en estos últimos períodos se ha elevado. No son noticias agradables. Tampoco son agradables los datos de crecimiento del PIB.

Mi punto hasta aquí es que hay bastantes más temas que los escándalos políticos de corrupción y su espectacularidad tan folclórica. La realidad económica de México no debe ser ignorada y ella indica algunos aspectos positivos, pero otros negativos.

Esa situación económica, que puede ser calificada como un estancamiento, tiene causas y esas causas merecen ser recordadas.

Desde luego, le echamos la culpa a la recesión de Estados Unidos y, por eso hemos visto con alegría todos los indicios recientes de la recuperación de ese país. Igualmente, solemos echar la culpa de nuestra situación a China, incluso señalando que es una competencia desleal.

Apunto aquí lo que me parece un síndrome nacional, que es el culpar a otros de lo que nos sucede. Desde luego, el que piensa así se coloca en manos de lo que otros hagan y por definición no hace otra cosa que esperar.

Eso es lo que está sucediendo en buena medida en México. Estamos sentados esperando a que Estados Unidos se recupere y a que en China pase algo que dañe a esa nación. Desde luego, hay otra posible reacción a esa de esperar sentado y ella es hacer algo.

Lo primero que debe hacerse es entender la razón propia de nuestro estancamiento e intentar remediarlo sin quedarse sentados.

Porque, a pesar de la recesión pasada americana, a pesar de lo que usted quiera, China ha crecido en los últimos tres años a tasas impresionantes (por ejemplo, algo más de 9 por ciento en 2003).

La conclusión es lógica. En otras partes están haciendo cosas que nosotros no estamos haciendo. Con esto, es obvio que debe pensarse en qué es eso que los otros hacen y nosotros no. Ésa debe ser la clave que nos orientará a la solución de nuestro estancamiento.

Y esa clave es muy conocida, está en libros que datan de hace siglos y se llama inversión. Es decir, lo que México no ha hecho es invertir y atraer inversiones.

Una vez aclarado esto, el paso siguiente es analizar las razones de la escasa inversión, lo que ya no es materia de la columna de hoy… pero al menos hemos llegado a una solución razonable. El estancamiento de México se debe a falta de inversión, con su resultado obvio que es la pérdida de productividad.

La lección es razonable: no culpemos del estancamiento a otros, somos nosotros los que tenemos la culpa y esa culpa radica en la falta de inversión. Más claro, ni el agua de manantial. Ahora, desde luego, existe el problema de aceptar eso o no, lo que es otra historia muy diferente y que indica que el problema real puede ser mental y no técnico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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