Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ética de Negocios
Eduardo García Gaspar
2 febrero 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El asunto de Parmalat volvió a sacar a la superficie un desastre financiero intencional y fraudulento.

Este asunto se une a los escándalos anteriores y vuelve a colocar sobre la mesa de discusiones el tema de la moral de los negocios, como casi todos han planteado, lo que me parece está equivocado.

No es una cuestión de ética de negocios, sino de moral de personas, pues una empresa, la que sea, no tiene vida independiente de la de quienes la forman.

Ninguna empresa tiene una voluntad propia y diferente a la de sus miembros, especialmente de los miembros que tienen las mayores responsabilidades.

De allí que me parezca un error sutil pero vital el hablar de ética de los negocios pues eso produce el olvido de que la ética es una responsabilidad individual y no colectiva.

Las fallas, al igual que los aciertos, son creados por la iniciativa de personas únicas e individuales y no por una voluntad general de la empresa. De allí que yo apoye fuertemente la idea de que esos fraudes se deben a faltas morales personales y no a defectos de un sistema económico de libre empresa, como se ha querido proponer para justificar la intromisión del gobierno en los asuntos particulares.

Si en una empresa se comete un fraude, el que sea, el autor o autores de esa acción son personas específicas y no colectividades vagas. Desde esta posición, por lógica necesaria, las responsabilidades de esos fraudes deben asignarse sin duda alguna a comportamientos morales erróneos por parte de personas a las que obviamente falló su conciencia moral.

Por la razón que sea, esas personas son el origen del problema y no el sistema bajo el que operan, ni las circunstancias en las que trabajan. Si cometieron una falta es por una falla personal y la solución, desde luego, es la de enfatizar o promover la educación moral de las personas para que sea usada en cualquiera de las posiciones que ocupen.

En otras palabras, un alto ejecutivo, un accionista, un banquero, un trabajador de baja jerarquía, un sacerdote, un alumno, un profesor, un diputado, todos debemos poseer una conciencia moral.

Si recurrimos a las nociones católicas, esto puede verse más claro. La conciencia es innata y es la voz de Dios. Pero esa conciencia necesita ser educada y pulida. Esa educación y ese pulimento es lo que falló en la conciencia de quienes cometieron los fraudes.

Algún error serio hubo en su educación moral que produjo esos hechos, como también sucede en el caso del político corrupto.

En ambos casos, el de ejecutivo y el del político deshonestos, me parece claro, debemos entender que el desarrollo de su conciencia no fue satisfactorio. Tan no lo fue que cometieron con plena conciencia actos moralmente reprobables y legalmente indebidos.

Esas faltas no se corrigen pensando en fallas del sistema, ni en culpas colectivas, sino en faltas personales y concretas de individuos específicos.

Al final, la lección es sencilla, cuando se hable de la moral de negocios, pensemos en que eso significa el desarrollo ético de empresarios, ejecutivos, empleados y trabajadores y que no quiere decir una emisión de más leyes regulatorias de la actividad empresarial.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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