Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hay Dos Lados en la Moneda
Eduardo García Gaspar
28 enero 2004
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Para quienes defienden la libertad humana, es gran causa de preocupación la existencia de personas que se empeñan en también defenderla, pero de la peor manera posible.

Lo que hacen estos malos amigos de la libertad es entenderla como una creciente lista de derechos que todos deben tener. Pongo dos ejemplos de ese error.

Uno es el de un folleto que dice literalmente lo siguiente,“Tengo derecho a vivir cualquier experiencia o expresión sexual o erótica que yo elija…”

Otro es de la ONU, en su lista de derechos humanos, cuando dice textualmente, “Toda persona tiene derecho al trabajo… Toda persona tiene derecho al descanso…”

Bajo esta óptica, la libertad es un registro creciente de acciones posibles, a la que cada persona puede añadir lo que se desee y sin que exista un fundamento. El resultado es una mezcla incoherente de posibilidades al que yo podría añadir el derecho a tomar cerveza, el derecho a vestir sin camisa y los que se me ocurran.

Esta manera de ver la libertad es errónea por varias razones.

Una de ellas es el suponer derechos a lo que son simples posibilidades de acción. Una persona puede dedicarse a la prostitución como una consecuencia de su libertad, pero difícilmente la prostitución es un derecho.

Igualmente, puedo decidir no estudiar, pero la ignorancia tampoco es un derecho.

La posibilidad de una acción no es un derecho para realizar esa acción. La desventaja de hacer lo anterior y llamar derecho a lo que es una posible acción es confundir a las personas, haciéndoles creer que por ser consideradas como derechos son buenas acciones malas o al menos cuestionables.

Otra razón es la de olvidar a la libertad como valor central, el mayor y muy superior a un derecho como el “derecho a tener expresiones eróticas”.

Una larga lista de derechos que día a día crece tiene el efecto de mandar a un lugar secundario los verdaderos valores, en este caso, a la libertad. Pero hay más en esto.

En la creciente lista de derechos, usted puede añadir el derecho al trabajo, por ejemplo, como hizo la ONU, pero se enfrentará a un problema serio. ¿Quién va a satisfacer su derecho al trabajo? No va a ser razonable que la gente se presente en Telmex y exija el trabajo al que tiene derecho y si no se lo dan entonces presentará una demanda de violación de derechos humanos en la ONU.

Esto se debe a que se ha confundido lo deseable con derecho.

Pero la razón más poderosa para ver como equivocada a esa forma de entender la libertad como una lista sin límite de acciones, es el ignorar el otro lado de la moneda, a la responsabilidad personal.

Sí, se es libre, pero esa libertad debe aceptar las consecuencias de las acciones personales y no hay de otra. Consecuencias en sí mismo y en los demás. La libertad no es absoluta como pretende hacernos ver el grupo de personas que la entiende como la lista de acciones que pueden realizarse.

La libertad en un ser pensante implica el uso de la razón para prever las consecuencias de sus actos. Si alguien decide vivir las más bajas de sus pasiones, eso no es un derecho, como tampoco lo es el meterse a un convento. Son ésas posibilidades de un derecho real, que es el ser libres.

Esas acciones tendrán consecuencias y es deber personal el evitar al menos consecuencias negativas.

La responsabilidad, que es la otra cara de la libertad, y las dos forman una sola realidad, es la consideración de los efectos de las acciones personales en los demás y en uno mismo.

Bajo el razonamiento de una lista creciente de actividades, sería irremediablemente aceptable el derecho de los alumnos a copiar en los exámenes. Y si eso no se acepta, entonces quiere decir que existe una moral que define la libertad, cosa que es ignorada tontamente por esas listas de derechos.

El punto central de esta segunda opinión es sencillo: la libertad es el gran valor humano pero ella forma un todo con la responsabilidad. Hablar de libertad sin mencionar responsabilidad es, por tanto, equivocado.

La libertad humana debe considerar las consecuencias de sus acciones y la única manera posible de hacerlo es disponer de algo que se llama moral, o ética, o como usted quiera llamarle. Es decir, sin moral no puede haber libertad.

Post Scriptum

Cabezazos de medios

“El calentamiento global arrojará a Gran Bretaña en una nueva Era de Hielo….” Independent, Londres, 25 enero 2004 (mencionado en Best of the Web. Wall Street Journal, 27 enero 2004)

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