Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideas Buenas, Pero…
Eduardo García Gaspar
1 marzo 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Leí hace unos días que los ejecutivos mexicanos, debido al tipo de educación que reciben en la mayoría de las escuelas, son grandes conceptualizadores de ideas y buenos para venderlas.

Pero que son bastante malos realizadores de esas ideas. El resultado es claramente una cantidad elevada de buenas ideas que fracasan por una mala implantación.

No estoy seguro de que eso sea cierto como un rasgo del ejecutivo mexicano. Sin embargo, déjeme contarle una historia real en la que estuve involucrado.

Llegando a un nuevo puesto en una empresa muy grande, entre los varios proyectos pendientes, había uno que era interesante.

Se trataba de generar un nuevo canal de ventas y eso era algo maravilloso. No generaría gran cantidad de ventas, pero sí produciría enorme lealtad entre los clientes logrados por ese canal.

Revisando los papeles me encontré con lo siguiente. Se habían gastado ya varias partidas en papelería, logotipos, computadoras, renta de un local, computadoras y algunas cosas más. Sin embargo, no existía un presupuesto oficial, ni estimaciones de ingresos y costos de operación.

La gente a cargo del proyecto se había enamorado de él y habían convencido a la empresa de gastar una buena suma de dinero sin que proyección financiera alguna la justificara.

Mi decisión fue cancelar el proyecto hasta tener los estimados de ingresos y gastos, lo que me valió una buena serie de epítetos ante mi ceguera para comprender el potencial de la idea.

Encargué a los desarrolladores de la idea el entregarme un presupuesto para los primeros dos años. Nunca llegó a mi escritorio ese papel. La lección es clara.

Podemos ver a todo proyecto como formado por dos facetas muy relacionadas. La primera faceta es la concepción del proyecto, la idea que contiene, su potencial, naturaleza y características.

La segunda faceta es la de los numeritos y la del programa de implantación. Ambas se deben tener o de los contrario el trabajo fracasará. Así de simple.

Otro ejemplo que viví. Una agencia de publicidad nos presentó una gran idea de campaña. Realmente buena. Sin embargo, ella requería de un presupuesto sustancial de producción, cosa que no teníamos.

Pero no nos importó. Produjimos los comerciales con un escaso presupuesto y salieron algunos de los peores comerciales que he hecho en mi vida. Me equivoqué totalmente La causa de mi error fue ésa. Puse toda mi atención en la primera faceta.

Me fui con la finta de la gran idea, pero me olvidé de la faceta de la implantación.

Nunca debería haber producido esos comerciales, incluso a pesar de estar basados en una de las mejores ideas que he visto. No conservé el equilibrio en mi decisión. No sé si esto es un rasgo del ejecutivo mexicano, pero sí sé que cometer ese error cuesta mucho dinero y tiempo.

Por eso el mejor consejo que he oído para manejar proyectos arriesgados es muy sencillo: mantener la dimensión de los proyectos nuevos a un nivel en el que su fracaso no sea el fracaso de toda la empresa y de manera que cualquiera que sea el resultado, él sea una lección para el aprendizaje de los ejecutivos.

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