Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideas Revolucionarias
Eduardo García Gaspar
8 noviembre 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Dentro del campo del Marketing es frecuente hablar de ideas que rebasan la medida tradicional de lo que se considera efectivo o adecuado.

Por ejemplo, al solicitar campañas publicitarias lo que se busca generalmente es esa idea que dentro de la estrategia acordada sea una manera llamativa, original y efectiva de hablar del producto, buscando la mayor memorabilidad posible.

Buscar eso es en sí mismo una tarea difícil y compleja, que requiere enormes niveles de experiencia y especulación sobre los efectos de la idea. No cualquiera puede opinar con solidez al ver una campaña publicitaria presentada con dibujos y cartones dentro de una sala de reuniones.

Lo sé porque eso hice y vi hacer durante años, y créame que es una habilidad que tarda tiempo en desarrollarse.

Si eso es de por sí difícil, la tarea se complica con la posibilidad de un suceso que no es frecuente, el del descubrimiento de una idea revolucionaria, fuera de lo común, que no puede ser evaluada por los medios tradicionales. No voy a entrar en dar ejemplos. Usted se los puede imaginar.

Hablo de ideas fuera de serie, extrañas, originales, salidas de los parámetros de la ortodoxia. Lo que esas ideas hacen es poner un reto en la mente del ejecutivo.

Y ese desafío va a ser entendido de dos maneras extremas, con toda la gama de grises intermedios que usted quiera. En mi experiencia esas dos maneras extremas de enfrentar a una idea revolucionaria están ejemplificadas con dos ejecutivos altos a los que he visto en acción justamente en casos de ese tipo.

Son dos enfoques totalmente distintos y diferentes, que reflejan lo que hay dentro de la mente de cada ejecutivo.

Uno de ellos, en un claro extremo, se volvía loco de alegría cuando se le presentaba una idea de ese tipo, fuera de todo enfoque tradicional. Y tenía él la tendencia a, después de examinarla, ver si era aplicable al caso concreto. Exploraba, por decirlo así, si la idea iba a ser redituable. Su intención era siempre favorable a la idea y la defendía como suya. Quería verla hecha realidad.

El otro extremo no es el que usted se imagina, el del ejecutivo que se opone a esas ideas revolucionarias. El extremo opuesto es el del ejecutivo que no entiende que está frente a una idea fuera de lo común, que no comprende que lo que le han presentado rompe con las ortodoxias y las tradiciones.

Lo que este ejecutivo ve no es el potencial de la idea, sino lo que sufre es desconcierto. Queda estupefacto y por eso la desecha. No porque sepa lo que tiene enfrente, sino porque no lo entiende.

Por en medio, entre esos extremos está el ejecutivo que sí sabe que se trata de una idea muy diferente, pero que la rechaza por ser reacio a los riesgos. Simplemente no le gustan las cosas nuevas y prefiere ese suave mar de lo tradicional que no requiere valentía de decisión.

A lo que voy es a señalar que se tienen dos dimensiones básicas en las que se puede medir la reacción ante una idea revolucionaria, la del entendimiento de esa idea y la de la aceptación de riesgos para implantarla. Esta última es conocida y ha sido muchas veces analizada.

Pero la que ha sido frecuentemente ignorada es la otra, la del poder cerebral para entender que se está frente a una idea que es diferente a lo tradicional.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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