Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Generación Anterior
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2004
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Igual que usted, muchas veces me he encontrado con la observación muy común de quienes señalan que la generación actual de jóvenes es una que tiene escasos valores morales, que en ella prevalece el relativismo ético, que no son personas en las que no existe conciencia religiosa… y toda una serie de defectos de los jóvenes actuales muy relacionados con la falta de respeto a los valores.

No tengo problemas con esto y lo acepto, aunque quizá sin las dosis enormes de gravedad que le asignan.

Sin embargo, con lo que no estoy de acuerdo es con la idea que atribuye esa realidad a los mismos jóvenes.

Quien cree lo anterior suele echar la culpa de ello a los mismos jóvenes y asumir una postura de superioridad generacional que presupone que la generación de los padres de esos jóvenes sí tenía estatura moral.

No sé si tiene esa supremacía moral la generación anterior, pero lo que sí sé es que si los jóvenes no son personas tan morales como debieran es que la generación que los educó falló en su tarea.

Dicho de otra manera, la generación anterior no es tan buena, ni tan moral, ni tan ética como supone.

Algo grave le falló y eso grave fue la educación moral de la siguiente generación. Esta conclusión me parece razonable y quizá la acepte usted como una situación extendida, con excepciones amplias, pero cierta en lo general.

Queda ahora por ver situaciones concretas de esas fallas. La más obvia de ellas es el olvido de la religión en la educación formal. La religión es la más grande fuente de moral y ella fue aislada de la educación mexicana.

Eso debe haber producido un vacío serio y grande, imposible de llenar con clases de civismo y valores.

Otra razón es sencilla, quizá existió un buen número de familias que delegaron la educación de sus hijos en los maestros y olvidaron que la moral se vive en la casa, no se aprende como matemáticas en las escuelas. Desde luego, el medio ambiente cultural no ayudó al mantenimiento de una conciencia moral conservadora.

La Teoría de la Relatividad, que es física, fue ampliada a la ética para acabar creyendo, erróneamente, que también la moral es relativa. Más aún, la moral fue objeto de burlas y, con ideas como las de Marx y Freud, proliferó la creencia de un mundo solamente material en el que las personas actuaban con instintos bajos o incontrolables.

Los buenos hábitos y las virtudes se convirtieron en cosas del pasado que debían modernizarse. La generación anterior a la de la juventud actual, de hecho, fue promotora de esas creencias “modernas” o al menos testigo pasivo de su proliferación.

No estaba esa generación preparada para el asalto a la moral, menos aún un ataque de ese calibre. La situación se ha complicado, al menos en México, por otra razón: el escaso hábito de estudio y la poca habilidad de análisis, lo que logra tener a una población más dispuesta a creer la fantasía más alocada que el análisis más riguroso.

Consecuentemente, me parece razonable concluir, la generación actual de jóvenes, si tiene una moralidad deficiente, no es víctima de un suceso espontáneo y repentino, sino el efecto de una generación anterior que también tuvo fallas y que no puede adoptar en general una posición de superioridad.

Esa generación no transmitió a la siguiente la firmeza de los valores éticos y dejó sin combatir la proliferación de ideas contrarias a la esencia humana.

Si ésa es la situación, lo que queda por ver es lo que debe hacerse para remediar el problema. No tengo la receta mágica, ni creo que ella exista. Más aún, de seguro la solución no es sencilla y requerirá más esfuerzo y tiempo del que nos imaginamos ahora. Pero tengo una idea que no me parece mala.

Es la idea de incorporar en todo lo que podamos a criterios morales sólidos y sencillos, que enseñen a razonar. En otras palabras, me parece que el remedio no es, por ejemplo, la inclusión de cursos de valores en los programas de las escuelas.

No que eso no ayude, sino que es mejor la incorporación latente de la moral en todas las materias que los alumnos cursen en las escuelas.

Es una idea que propone vivir en la moral y no hacerla un objeto de estudio por separado. Vivir la moral en casa, vivir la moral en la escuela, vivir la moral en el trabajo, para que ella se entienda como forma de vida y no como objeto de estudio.

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