Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Lealtad Ciega
Eduardo García Gaspar
21 octubre 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Dos muy amables personas me hicieron el favor de expresar sendas críticas a mis ideas, que llegaron casi al insulto personal, al menos una de ellas.

Me tacharon de ser un partidario de los ricos y un despreocupado de los pobres. Lo interesante no es tanto eso, que es falso, sino la línea de razonamiento que ambos siguieron y que fue la misma.

Examinar es razonamiento es un buen ejercicio porque nos lleva a la causa de la falta de acuerdos en la política mexicana. Ambos lectores razonaron que ya que yo criticaba las políticas populistas ello significaba que yo era partidario del “elitismo” en palabras de uno.

El otro dijo que yo defendía una “mala distribución de la riqueza”.

Por tanto, mi crítica al populismo me convertía en defensor de los ricos. Si alguien está en contra del populismo, me dijeron, eso significa que está a favor de los ricos… no necesariamente.

La conclusión es falsa por muchas razones, lo que puede ser demostrado usando un ejemplo de fútbol. Digamos que alguien dice que le cae mal el Guadalajara y otro saca la conclusión de que, por eso, es un partidario del América.

La conclusión es falsa, puesto que esa persona puede ser en realidad un fanático del Monterrey o de cualquier otros equipo.

Más aún, puede ser que le caiga mal el Guadalajara y que al mismo tiempo no le interese tanto el futbol, sino el beisbol, o el básquetbol, o incluso que los deportes le interesen un comino. Si un equipo cae mal, eso no significa necesariamente que el equipo rival sea el favorito. Este símil ejemplifica el error de razonamiento de esas dos personas.

Pero hay más. Existen disparidades en el significado de las palabras usadas. Para esos dos lectores, el populismo es un sistema de ayuda a los pobres, lo que es falso ante el cúmulo de opiniones que existen. El populismo se reconoce como una degeneración de la responsabilidad financiera de los gobiernos sin consideraciones de las consecuencias futuras.

La crisis de 1982, por ejemplo, fue un claro caso de populismo: inflación, devaluación, deuda impagable, falta de liquidez en la autoridad, disminución del poder adquisitivo y demás. Es decir, la expresión de esos dos amables lectores contiene el error de una disparidad de acuerdos en el significado de los conceptos usados.

Eso puede verse de la siguiente manera. Yo me declaro enemigo del populismo porque es un gobierno irresponsable, pero la otra persona defiende al populismo creyendo que es otra cosa, un gobierno que ayuda a los pobres.

Las dos definiciones son totalmente distintas. Los comentarios de esos dos lectores tienen el valor de ilustrar con un ejemplo tangible uno de los problemas serios de las discusiones políticas en nuestro país.

Una persona se opone a un cierto tipo de decisiones gubernamentales y de inmediato es tachado de ser partidario de lo que otra persona considera lo opuesto y por eso se crea una situación de total desacuerdo entre ambas.

Tal situación eleva las probabilidades de impedir llegar a acuerdos entre ellas. Estos dos casos ilustran uno de los errores de la forma de razonar que se padecen en nuestro país y que es el de pensar en términos extremos.

Por ejemplo, si alguien critica a la noción de la lucha de clases, eso lo convierte en un sujeto que apoya a los banqueros. Si alguien muestra cifras de la reducción de la pobreza, eso lo convierte en un defensor de Fox. Si alguien critica la invasión del PRD a la Cámara de Diputados, eso lo hace ser opositor de AMLO.

Son todas esas conclusiones lógicamente falsas, pero a las que demasiadas personas están dispuestas a llegar ignorando la posibilidad de que existan posiciones menos simples. ¿Por qué sucede esto?

Creo que tengo la respuesta. Este agobiador simplismo se da porque las preferencias partidistas han sido colocadas por encima de la lógica, la razón y el sentido común.

Cuando las preferencias partidistas sustituyen a la capacidad de razonar, las personas se convierten en pensadores simplistas que ven a los miembros de otros partidos como sus enemigos absolutos, digan lo que digan y piensen lo que piensen. La lealtad al partido anula así a la neurona y con eso aniquilan toda posibilidad de diálogo y acuerdo. Quizá sea esto lo que detiene al gobierno mexicano, la lealtad ciega a los partidos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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