Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Lujuria en la Empresa
Eduardo García Gaspar
5 julio 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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Quiero ahora tocar el tema de la lujuria y la gula, así en general, como el deseo desordenado de satisfacer apetitos bajos, sensuales, sexuales, de comida y bebida.

Eso es bastante entendible en lo que se refiere a la acción personal. La clave está en encontrar si esas conductas tienen una contrapartida en el desempeño de los negocios.

Me parece que sí, si es que las vemos como ambiciones que nublan el sentido común de los negocios y ocasionan sucesos que dañan a la empresa. Uno de ellos es muy claro y ha sido señalado en los libros chinos, como El Arte de la Guerra; me refiero al “lujo de los generales”.

Los gastos en boatos y ostentaciones de la plana mayor, no solo gastan recursos innecesariamente, sino que alejan a la alta administración del resto de la empresa.

Me refiero a los carros de lujo injustificable, comidas excesivas y bebidas en demasía, que son cosas que no mezclan saludablemente con los negocios.

En una empresa que conocí, cada uno de los grandes ejecutivos tenía en su oficina un bar bien surtido con las mejores bebidas, para ser consumidas en reuniones y juntas en horas de trabajo.

En otra empresa, se me contó, eran organizadas fiestas privadas, pagadas por el negocio, con algunas de las secretarias.

Desde luego, los casos más obvios en las oficinas y empresas, en este campo, son los acosos sexuales que sufren los subalternos.

Recuerdo en caso de una secretaria que tuve por allá en 1980, la que después de ser contratada por mí, en su primer día de trabajo se soltó llorando y me dio las gracias por haberla sacado de la otra empresa.

Me contó que allá, su jefe, la había invitado varias veces de viaje de negocios, con intenciones escasamente caballerosas y que ella estaba a punto de aceptar, pues necesitaba el trabajo y él amenazaba con despedirla.

Desde luego, también se da el caso contrario, el de la subalterna provocadora, como una que tuve antes de ese año y que insistía en entrar a mi oficina, cerrar la puerta e intentar hacer de todo. ¿Cuál es el defecto del desborde de las sensualidades en la empresa?

Me parece obvio que la contestación está dada en la conocida frase de que cuando ganan las hormonas, pierden las neuronas. Las pasiones en oficinas evitan la formación de equipos de trabajo y reducen la productividad, pues las actividades de las personas se descoordinan y se crean rivalidades.

Quizá el mayor de los daños se produce cuando el ejemplo de este vicio se da en los niveles superiores, porque así esa conducta se toma como aprobada y el resto de la organización la copia, impidiendo las contribuciones potenciales del recurso humano.

Mi punto se mantiene, los vicios y pecados tienen consecuencias negativas en esta tierra y las empresas no son la excepción. Lo contrario de estos vicios es la templanza y sostengo que el negocio en el que ella se cultive, será una empresa exitosa y viceversa. No son cosas complicadas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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