Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Maldita Inflación
Eduardo García Gaspar
30 septiembre 2004
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Para quienes vivimos en las épocas del populismo mexicano y sus efectos posteriores, quizá el peor recuerdo de todos sea el de esa terrible inflación, especialmente sentida en el sexenio de MMH.

Desde 1972, la inflación fue creciendo consistentemente hasta llegar a terribles proporciones en 1983 y 1987, con más de 120% anual.

Pocas cosas tan terribles como saber que el dinero pierde valor. Eso es veneno mortal para un país porque ataca el cimiento de la prosperidad y lastima a los más pobres en mayor proporción.

Un ambiente en el que los precios se mueven hacia arriba, incluyendo cifras bajas de inflación, tiene un efecto serio en las tasas de interés, a las que presiona hacia arriba, lo que encarece el capital y fuerza hacia abajo el crecimiento posible.

Con un capital de mayor precio la productividad del trabajador se reduce y altera su ingreso. Pierde el trabajador pero también el resto de la sociedad. Los datos que tenemos para México en este sentido son preocupantes.

En octubre de 2003 la tasa mensual anualizada de inflación era de 3.96% y menos de un año después es de 4.82%. No es un buen signo y hay un posible reflejo de esto en las tasas de interés. La TIIE a 28 días el 24 de este mes era de 7.73 pero un año antes era de 4.85%.

Los datos que tenemos indican la inflación no es un capítulo terminado en nuestro país y que más nos vale ponerle bastante atención. Lo que conocemos al respecto indica que la inflación tiene una relación inversa con el desarrollo. A más inflación, menos crecimiento.

O mejor puesto, con inflaciones bajas un país puede o no crecer, pero con inflaciones altas de seguro deja de hacerlo.

Uno de los estudios hechos sobre el tema indica, según BBVA que “un aumento de la inflación en 10 puntos porcentuales reduce la tasa de crecimiento del producto por habitante entre 0.2 y 0.3 puntos porcentuales por año y a la proporción de inversión a PIB entre 0.4 y 0.6 puntos porcentuales.”

Este es el consenso de la evidencia existente.

Todos indican que la inflación es un fenómeno negativo por la incidencia que tiene en el crecimiento y que es precisamente lo contrario de tantas opiniones que se dan proponiendo que se deje suelta a la inflación siquiera un poco para propiciar el crecimiento.

Estas propuestas no vienen sólo de las voces de los estatistas que piensan que el gasto gubernamental es el motor de la economía, sino también de personas supuestamente pensantes que desconocen lo que dicen. Porque, debe señalarse también que el monto del gasto gubernamental puede producir lo contrario de lo que persigue.

Hay datos que muestran igualmente una relación inversa entre el crecimiento económico y el gasto gubernamental, un monto en el que México no está mal ubicado. El proyecto de presupuesto de egresos de 2005 presentado hace poco señala que el monto del gasto total equivale a 22 por ciento del PIB, casi dos puntos menos que el anterior.

Son estos niveles que no deben superarse para hacer del gobierno el principal actor de la economía y son eso lastimar las probabilidades del crecimiento.

Pero, volvamos a la idea central de esta segunda opinión y que es un intento más de hacer ver que la inflación es negativa, que al respecto no se puede tener la actitud flexible y de relajada tolerancia que en ocasiones se pide bajo el pretexto de que a nadie lastima un poco de inflación porque así se dispara la actividad económica.

A quienes así piensan, conviene recordarles que lo que dispara la economía no son medidas artificiales como imprimir dinero o tener un gran gasto gubernamental, sino fundamentos sólidos como estabilidad en los precios, una policía que funciona, leyes que se aplican, propiedades que se respetan y cosillas por el estilo.

El crecimiento económico es cosa demasiado seria para andar inventado actos de magia a la David Copperfield o a la Sigfried and Roy que deslumbran a casi todos y sólo sirven al populista para arribar al poder.

En otras palabras, con la inflación la tolerancia debe ser prácticamente cero. México ya pasó por esas etapas de alta inflación para volver a caer en la adicción que produce el creer que la economía es una función del gasto gubernamental… cuando lo contrario es lo que señala el sentido común y la evidencia que conocemos.

Post Scriptum

La gráfica siguiente con datos del INEGI hasta 2002 muestra los amargos recuerdos de la inflación heredada del populismo. La línea en nuestros días permanece en niveles similares a los últimos mostrados allí.

INEGI: inflación 1981-2002

INEGI: México: inflación 1981-2002

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