Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Otra Reforma
Eduardo García Gaspar
16 enero 2004
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


De entre todas las reformas que México necesita para salir de su estancamiento, no hay una de mayor importancia que la educativa, que es precisamente una de las reformas de las que menos se habla.

Para nadie es sorpresa decir que la educación es importante, en especial la educación primaria y básica, y tampoco nadie extraña el reconocer que la educación mexicana es mala.

El asunto lleva años y años de estar siendo debatido, con soluciones que nunca han tenido resultados, lo que se demuestra en el estudio de la OCDE del 2000, con los estudiantes mexicanos en el último lugar en calificaciones de ciencias, matemáticas y razonamiento.

Si algo urge es una reforma educativa, porque sus resultados no se van a ver sino en el largo plazo.

Con esto en mente, podemos examinar el olvido de esta reforma en los planes gubernamentales. La razón de ese olvido es sencilla de explicar.

Las autoridades mexicanas y el sindicato correspondiente piensan que el problema de la educación mexicana se resuelve con más dinero, que es la manera vieja de haber atacado el problema.

¿Tenemos un rezago educativo? Vamos a meterle más lana. Lo malo de esta manera de pensar es que es un pésimo análisis de la situación y, peor aún, altera la situación de los presupuestos gubernamentales del país, quitando recursos a otras posibilidades de acción.

Ante esto, primero debemos quitarnos de la vista la creencia de que otros países tienen mejores niveles de educación porque le destina una mayor proporción de su PIB.

Ejemplos de esto: el gasto público directo para educación total en EU es 3.7 por ciento, en Canadá 4.1, en Chile 3.9, en Alemania 3.7, en Japón 3.0. En México esa cifra es de 4.4, el mayor de todos estos.

En México, además, anda flotando la idea de que se necesita el 8 por ciento… ni con el 16 por ciento se remediaría el problema educativo en México porque ese problema no es de dinero.

Bien, pues si no es de dinero, ¿de qué es ese problema de mala educación? Siendo lógicos veamos los datos,

Un 90 por ciento de la educación mexicana es dada por el gobierno, que es precisamente donde están centradas las malas evaluaciones de estudiantes. Los alumnos de escuelas privadas no andan muy bien, pero tienen aproximadamente el doble de calificación que los alumnos de escuelas oficiales.

Entonces, el problema está centrado en la educación oficial. Si examinamos las características de ese sistema podremos encontrar lo que hay que hacer para reformarlo.

De lo que más llama la atención es que los padres de familia pueden escoger la tienda en la que hacen sus compras, pero no pueden seleccionar la escuela oficial de sus hijos. La solución en buena parte, por tanto, vendría dada por la competencia entre escuelas, lo que es un incentivo para elevar la calidad de la educación.

Esto se puede lograr haciendo a cada escuela una entidad que compita por la preferencia de los padres de familia. Por la parte del proveedor de educación, el maestro actualmente no depende de realizar bien su función para conservar su trabajo, sino de alinearse con su sindicato.

Aquí el problema es sencillo de resolver y se trataría de correr de su puesto a profesores que no son buenos según la opinión de escuelas que son compitan entre sí.

Igual que correr a un empleado que no sabe hacer lo que se le encargó. Y en cuanto al presupuesto educativo, la cosa es sencilla. Tome usted ese presupuesto, divídalo entre el número de estudiantes y a cada familia déle vales para que los entregue como parte total o parcial de la colegiatura a la escuela que cada familia decida… con la ventaja de que sería un presupuesto menor.

La ventaja de hacer estas cosas es que sabemos que funcionan.

Este tipo de medidas han sido aplicadas en Australia, en Nueva Zelanda, en Dinamarca y en otras partes del mundo, siempre con buenos resultados. En Chile, por ejemplo, bajó el porcentaje de abandono de estudios de 8 por ciento a 2.7 y las escuelas oficiales subieron su promedio de calificaciones de 49.3 a 68.

Es desafortunado que nuestros gobernantes, entre quienes destacan los legisladores, sigan creyendo que es cuestión de meterle más dinero para resolver el problema, cuando todo lo que se necesita es ingenio y valor para modificar el sistema.

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