Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Persona y Sus Herramientas
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2004
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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En las defensas y en las críticas sobre el libre mercado existe una gran aspereza y enemistad. Los ataques y las defensas son sangrientas en demasiadas ocasiones. En este medio ambiente de rivalidades enormes una idea puede ser de gran ayuda para arrojar nuevas luces y lograr algunos acuerdos.

Lo que Gronbacher hace es proponer una distinción que puede ser trascendental y que es la distinción entre la persona y las herramientas que utiliza, o mejor dicho, entre la persona y los sistemas o procesos que ha desarrollado.

¿Qué sucede si aunque sea por un momento, aceptamos la idea de que el mercado es un proceso o un sistema y nada más que eso? Las consecuencias de aceptar eso son mayúsculas y tienen una agradable consecuencia, la persona humana se mantiene como el centro de todo, lo que es de agrado tanto para liberales como para intervencionistas.

La idea analizada en esta carta es de Gronbacher, Gregory M. A. (1999). PERSONALISMO ECONÓMICO. Monterrey, México. Centro de estudios en economía y educación A.C. 9709036017, La Filosofía de la Libertad Económica, pp. 17-23.

El punto de partida del autor es muy sencillo. Dice que la libertad económica es una de las porciones de la libertad total de la persona, una parte de su propia autonomía.

Si se piensa que la persona es libre en general, necesariamente se debe aceptar que también es libre en lo económico.

Pero, dice, esa libertad económica ha sido puesta de lado e ignorada, incluso desacreditada. Con el objetivo de colaborar a la solución del problema de la pobreza se proponen muchas ideas y planes, que en común tienen un factor, la limitación de la libertad económica humana.

Quienes hacen esas sugerencias de ayuda a los pobres, basados en la limitación de la libertad, por necesidad suponen que el intercambio libre de bienes y servicios es causa de pobreza. Esto no tiene lógica.

Sobre esa base, Gronbacher inicia la exposición de su idea. Cuando se piensa acerca de la autodeterminación personal es necesario ver cómo se altera la vida económica.

La libertad humana necesariamente se manifiesta en acciones concretas en áreas de política, de economía y de la sociedad en general.

En el terreno económico, sabemos que los recursos de los que disponemos son escasos. Esa escasez, por necesidad lógica, requiere la toma de decisiones para su aprovechamiento en nuestra sobrevivencia.

Las decisiones tienen como propósito determinar las mejores formas de uso de los recursos y satisfacer así necesidades.

Cada una de las personas interactúa con el medio ambiente tomando esas decisiones. En ese medio ambiente, no existe una distribución homogénea de los recursos. No en todas partes existen los mismos recursos en iguales proporciones.

Algunas personas están más cerca de algunos recursos y otras están más alejadas. Unos tienen más y otros tienen menos. Ésa es una realidad innegable.

Más aún, las personas son también desiguales entre sí. Lo que esa distribución diversa de recursos y talentos hace es provocar la necesidad de intercambios y de cooperación entre las personas para vivir mejor.

La autosuficiencia absoluta del ser humano es una imposibilidad y, por ello, es necesaria la comunidad dentro de la que surge espontáneamente un sistema de intercambio, el mercado.

Los intercambios, por tanto, son una forma natural de elevar la prosperidad de las personas que así logran hacerse de bienes de los que ellas no disponen, pero que necesitan. La esencia de un intercambio libre es simple: por medio de él se entrega algo a cambio de otra cosa.

Para realizar un intercambio se necesita presuponer que el objeto dado es de menor valor percibido que el objeto recibido en su lugar. Las dos partes involucradas en un intercambio libre siempre salen ganando.

Continúa el autor afirmando que cuando existen condiciones de libertad en una comunidad para que sus miembros realicen intercambios, el resultado es una red grande de cooperación entre ellos. Esa red es un mercado.

Dentro de esa red, las personas pueden realizar intercambios ahora y también, planearlos para el futuro.

El mercado es, por tanto, un proceso que está siempre cambiando. Ese dinamismo es causado por cambios en las disponibilidades de los recursos y por cambios en las valuaciones que las personas hacen de los bienes.

Dentro del mercado, el dinero es usado como un medio de cambio que hace más sencillos a los intercambios.

El paso siguiente del autor es hablar de la propiedad en relación a su exposición anterior. Hace aquí otra afirmación de simple sentido común.

El intercambio de bienes necesariamente implica la existencia de derechos sobre los bienes intercambiados, pues no sería lógico intercambiar bienes que no son propiedad de las personas involucradas en ese canje.

Por tanto, si los intercambios están destinados a la supervivencia de las personas, entonces necesariamente la propiedad es una herramienta de esa sobrevivencia.

Visto de otra manera, la libertad de elegir para hacer esos intercambios y la propiedad de los bienes son elementos esenciales de la libertad humana. Y, señala el autor, que la tradición Cristiana, cuando prohibe el robo, reconoce el derecho a la propiedad.

Todos los días, en todo momento, las personas tienen frente a sí una buena cantidad de decisiones de muy diversos tipos, muchas de ellas de tipo económico.

Por lógica, si se reconoce la libertad humana en algún campo de acción, también debe reconocerse en el terreno económico.

La realidad cotidiana, en verdad, muestra una realidad mucho más compleja que la explicada antes. Pero esa complejidad no anula los razonamientos anteriores, en el mercado sigue operando el beneficio mutuo y la cooperación. La complejidad de los mercados, por lógica, no conducen a situaciones naturales de explotación o de ilegalidad.

Según Gronbacher, esa complejidad de los mercados significa simplemente que existen aspectos que están fuera del control personal.

Es decir, son los defectos de las personas los que desequilibran a los mercados y obstaculizan su funcionamiento.

O puesto en otras palabras, la lógica del mercado es sólida, pero necesariamente en ella operan personas que no son perfectas.

Los mercados no pueden operar en vacíos, aislados del mundo. Estos sistemas o procesos están muy sujetos a los que el autor llama la salud moral de la sociedad. Un mecanismo, un proceso, o una herramienta no pueden ser en sí mismos objetos morales, pero sí lo son las personas que los usan.

A continuación, Gronbacher habla de acciones intervencionistas en la economía.

Por ejemplo, alguien puede percibir un mercado impuro o pecaminoso en algún aspecto y dirige sus acciones a corregir la imperfección moral de ese sistema, quizá con medidas dirigidas a elevar el empleo en esa sociedad.

La verdad es que el resultado neto de esa intervención es la colocación de obstáculos para la buena operación del mercado, lo que altera la maximización de bienestar.

Lo que las instituciones políticas deben hacer es crear un marco legal para el mercado, sin que exista justificación para intervenciones de otro tipo.

Los gobiernos, en otras palabras, sí deben cuidar del mercado, dándole un soporte jurídico. Intervenir en el mercado más allá de esa función tiene intenciones loables, pero resultados dañinos.

Los mercados tienen sus propios indicadores, que las personas usan para tomar decisiones. Esos indicadores son los precios de los bienes y recursos.

Además, el mercado tienen sus principios de funcionamiento, la oferta y la demanda. Intervenir en el mercado distorsiona la realidad de los precios y de los principios, lo que lleva a decisiones erróneas de las personas.

En la parte final de esas páginas, el autor hace una serie de consideraciones que afinan su idea central.

La meta de una alta calidad de vida no es posible si no existe libertad económica y propiedad privada. La intervención en la economía es una perturbación del mecanismo que daña los intercambios entre las personas, con lo que se agravan los problemas.

Su tesis es la de apoyar a los mercados restringidos y no a los mercados que carecen de contenciones. Los mercados restringidos son muy diferentes a los mercados intervenidos, pues su base es la restricción moral, persuadiendo sin coerción.

Lo que Gronbacher propone con la idea del personalismo económico es evitar la coerción gubernamental para regular los mercados e influir sobre las personas por medio de las instituciones culturales y morales de la sociedad.

Aquí, la familia y las iglesias juegan un papel principal, pero también importan las asociaciones voluntarias que creen  cooperaciones y auto-regulaciones.

En otras palabras, si la cultura moral de la sociedad es saludable y positiva, el mercado también lo será.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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