Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Televisión y su Calidad
Eduardo García Gaspar
4 marzo 2004
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La televisión no es un aparato diseñado para generar contenidos de alta calidad. Por sistema, la televisión tiende a producir programas que tienden a ser malos.

Ésta fue la tesis que salió espontáneamente es una discusión al respecto y quizá sea una idea muy razonable y capaz de ser probada.

Déjeme darle algunas de las razones del por qué las estaciones televisivas consistentemente crean y transmiten programas malos.

La primera de las razones se sencilla. La televisión está diseñada para definir su éxito sobre la base única de número de personas que ven cada programa.

Apelar a audiencias masivas y enormes es la solución lógica de éxito y eso genera contenidos e ideas que van a comunes denominadores de baja denominación. Si es humor, tiene que ser el más entendible, por ejemplo el albur aunque sea malo. Si es música, tiene que ser la más primitiva y salpicada de altas dosis de otros elementos, como sexo.

Si es telenovela, tiene que ser un argumento básico que no admita sutilezas y sea comprensible por la vasta mayoría. Hablar de quién se acostó con quién tiene más atractivo que un programa sobre la historia de México.

Otra razón, la segunda,  es la cantidad de programación necesaria para mantener viva la transmisión. 24 horas diarias de todo el año sin parar jamás en varios canales, es algo que reclama cantidades industriales de contenidos y eso está peleado con la calidad.

Hay que hacer mucho no importa que sea malo porque el tiempo debe ser llenado sin importar razones. Un dato que me dio el Güiri Güiri, él había producido más tiempo de programación que Chaplin tiempo de películas.

La calidad requiere tiempo y el tiempo es algo que para la televisión es un lujo que no se puede tener.

La tercera razón también tiene que ver con el tiempo y se refiere a la maduración de las ideas y los programas. Uno de los casos más famosos es el de Seinfeld, un programa americano que fue investigado en términos de su atractivo con resultados negativos, resultando ser después uno de los programas más exitosos de ese país.

La televisión reclama grandes audiencias y las grandes audiencias deben ser inmediatas, no hay tiempo para acostumbrarlas a un programa diferente, lo que manda como dije antes, a tener albures, por ejemplo, en lugar de humor menos pedestre.

La cuarta causa puede ser ésta. La gente de la televisión es en lo general la misma de siempre, productores, artistas y demás, lo que frena la entrada de nuevas ideas.

He escuchado la expresión que califica a esto como la degeneración de las razas de perros en las que se cruza demasiado un pequeño grupo. Eso cierra la entrada de talento externo y produce un reciclaje sin fin de ideas internas de escasa originalidad a la larga.

No sé a usted, pero a mí no me sorprende esa serie interminable de programas malos con escaso talento y cuyo éxito es medido por el número de personas que se sientan a verlos. Sería muy sorprendente que la televisión produjera programas de alta calidad.

Un Big Brother o una Academia son más naturales en ese medio ambiente que una serie de telenovelas cortas basadas en cuentos de Maupassant, por atractivos que sean estos. ¿Hay remedio? Sí y ya se está dando con la fragmentación de los canales que permiten los sistemas de cable y satélite que tienen señales de fuera del país.

Así, quien se irrita con algunas de las telenovelas tiene otras opciones de programación y su asunto se resolvió.

¿Tiene un efecto negativo la televisión en las personas? Todo depende de la programación de la televisora, Solamente podemos decir, me parece razonablemente, que dada la baja calidad de la programación general, los efectos de la televisión en las personas que acostumbran verla como diversión única o principal son negativos.

Negativos en el sentido de retirar opciones de mayor calidad en el entretenimiento, o sea, un problema de tiempos perdidos. Esas personas no tienen a su alcance sencillo opciones mejores.

¿Debe la autoridad entrar a regular el asunto? No, no, no.

Los gobiernos no son precisamente las personas adecuadas para dictaminar la calidad de la cultura y tienen una tendencia irresistible a sentirse mesías redentores de la sociedad.

Una clave de solución está, creo, en la entrada a esa industria de personas externas, con ideas diferentes y que puedan dar resultados relativamente rápidos. En el mientras tanto, voy a seguir leyendo.

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