Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libros y Libros
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hace poco tiempo que leí en alguna de las revistas que suelen estar en los consultorios médicos un artículo muy olvidable acerca de la necesidad de una nueva ética más acomodada a los tiempos actuales.

Entre las cosas propuestas por el artículo, recuerdo cosas como la del relajamiento de las “costumbres victorianas’, así les llamaba, con respecto al sexo, para promover abiertamente las relaciones sexuales entre los jóvenes para que así ellos expresaran sus sentidos.

Decía muchos descomedimientos sin sentido, como ése, pero no los recuerdo.

Y creo que hubiera olvidado ese artículo, excepto porque no hace mucho escuché lo siguiente, que también formaba parte de lo dicho en la revista.

Los Evangelios, oí decir a una persona, no son más que meras historias quiméricas a las que poco caso debe hacerse para conocer la historia y como prueba de su ficción mencionaba que la palabra para denominar a esos escritos era gossip, que en inglés significa chisme o rumor.

Le digo, habría yo olvidado esa revista de no ser por haber escuchado de nuevo ese argumento. Si usted no tiene nada mejor que hacer, le invito a analizar esto y ejercitar un poco la neurona.

Primero, resumamos lo que escuché: la palabra inglesa para denominar a los Evangelios es gossip, que significa rumor y ésa es una prueba de la falsedad de los escritos. Desde luego esta “prueba” no se sostiene, pero resulta divertido analizarla, ante la posibilidad de que ella sea creída por alguien.

Gossip, efectivamente significa chisme o rumor, en inglés.

Pero resulta que ésa no es la palabra para denominar a los Evangelios en inglés, sino gospel. En un revisión rápida de diccionario, esa palabra tiene como significado términos como realidad, creencia, certeza, escritura y demás. Son significados contrarios a los anteriores.

No sólo se cometió un error de selección de palabras, sino de significado. Pero ahora supongamos que quien eso argumenta, se refiere a la etimología de las palabras.

Buscando en el diccionario, uno se encuentra con que la raíz de gospel se atribuye a “buenos eventos pasados”. Por su lado, gossip o chisme, en su etimología, parece venir de las palabras dios y relación, aunque ahora signifique otra cosa.

Ante esto, quizá alguien sonría y sostenga que efectivamente esto prueba que los Evangelios son falsos, aunque en realidad no lo hace. Si una palabra tenía hace tiempo un significado y ahora otro, no quiere decir que el significado actual también era el significado pasado.

Hasta aquí, la verdad, todo es un ejercicio inútil por una sencilla razón que a esa revista y a esa persona se les ha pasado por alto. En la época en la que se escribieron los Evangelios no se hablaba inglés, ni siquiera se había inventado, y por tanto, usar el término gospel o gossip para probar que son falsos es un ejercicio en futilidad.

Evangelio es una palabra del griego y significa algo como buenas noticias o nuevas. Usted ahora me dirá que he ocupado un espacio escribiendo sobre una nimiedad total. No lo creo. La razón es sencilla. He encontrado que entre los lectores del libro El Código da Vinci hay un grupo que tiende a dar gran crédito a lo que el autor de esa novela establece.

No soy el único que ve esto. Tan es así que al menos un autor, Carl Olson, se ha dado a la tarea de mostrar los errores de ese libro, en el que se afirma que los hechos que presenta son reales. Bien, pues el más simple error es una equivocación en las medidas de la pintura de la Virgen de las Rocas, que no mide cinco pies como dice el libro, sino seis y medio.

Otra falsedad es la cifra de cinco millones de mujeres quemadas en la Edad Media, de lo que no existe evidencia alguna. Otra cosa, según el autor, es que nadie antes del Concilio de Nicea pensaba en la divinidad de Jesús. La realidad es que sí se creía y para probarlo basta leer un poquito lo escrito por San Pablo.

La realidad es que en Nicea en el año 325 esa divinidad fue hecha dogma, lo que es muy distinto, y que en el Concilio de Calcedonia, más de un siglo después, se definió la plena humanidad de Jesús.

Toda la cuestión está en distinguir entre libros. Si quiero saber de historia, tomo un libro de historia, como quizá el de Paul Johnson acerca de los cristianos. Si quiero pasar un rato agradable sin trascendencia puedo tomar El Código da Vinci.

Nada hay de malo en eso, excepto cuando creo que un libro de ficción o una novela puede enseñar historia… entonces, empiezan los problemas.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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