Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Negocios y la Envidia
Eduardo García Gaspar
19 julio 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Continúo con una serie de artículos que intentan demostrar que la moral y la religión tienen buenos efectos en los negocios.

Si tomamos, por ejemplo, a los pecados capitales del Cristianismo sabemos que ellos evitan la salvación de nuestras almas, pero surgirá la pregunta de si evitar esos pecados da buenos resultados en los negocios.

La respuesta absoluta es sí, evitar esas faltas es causa de éxito empresarial, al menos en el largo plazo. Es obvio que en el corto plazo, un fraude puede ocasionar riqueza personal, pero ella no es duradera y está basada en el daño a terceros. Por el contrario, evitar esos pecados es causa de bienestar mutuo.

En otras palabras, eso que produce la salvación de las almas también ayuda al éxito de los negocios. Veamos en esta columna a la envidia y cómo ella afecta la marcha de la empresa.

Lo primero es tener una idea de lo que es la envidia y podemos definirla como ese sentimiento que se sufre por causa del bienestar ajeno. Es envidioso quien resiente las cualidades de otros, que se sienta mal ante el bien ajeno, quien sufre en lo interno ante el logro de los demás.

La envidia, por tanto, crea rivalidad entre las personas llegando al extremo de realizar acciones para evitar el éxito ajeno. La envidia está muy bien ilustrada en un caso que me tocó vivir de cerca.

El ejecutivo A tuvo una idea que al principio no fue bien vista por sus colegas del mismo alto nivel en el negocio, pero acabó convenciéndolos y entusiasmándolos con su propuesta. Fue tanto el entusiasmo al final que el ejecutivo B, tomó el teléfono y habló con el director de la empresa para pedirle permiso de implantar la idea sugerida por el ejecutivo A y de paso apropiarse de ella ante el jefe de ambos.

La idea era tan buena que más tarde otros ejecutivos la adoptaron e hicieron ver como suya a los accionistas.

Cuando cosas como ésas suceden es obvio que se rompe el sentimiento de colaboración y trabajo en equipo, todo gracias a la desconfianza que se crea entre las personas, de las que se esperan acciones contrarias a uno o más de quienes trabajan allí.

La envidia produce rivalidades ciegas y temor a ataques e intrigas, basadas en invenciones y mentiras. Todo eso daña a la productividad. Lo contrario de la envidia es la caridad, que es el desear el bien ajeno y realizar acciones para lograrlo.

El caso más claro de caridad es el querer servir a los clientes y consumidores, pero no hay que olvidar que igual buen trato debe darse a los proveedores y tenerse entre los empleados. Me parece obvio que la caridad es un disparador de la productividad, un requisito del trabajo en equipo, igual de necesario que buenas instalaciones tecnológicas.

La empresa caritativa necesariamente tendrá más éxito que el negocio en el que se practique la envidia. Sus costos serán menores y su eficiencia mayor.

A lo que voy es algo de simple sentido común, los pecados capitales no son decretos caprichosos de alguien que quiere imponer su voluntad en el género humano, sino que son reales reglas razonables que en esta tierra causan progreso y bienestar.

En mi interpretación personal, esas faltas ocasionan ceguera y quien no ve la realidad tarde o temprano cometerá errores serios y graves en los negocios.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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