Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lucrar o no Lucrar
Eduardo García Gaspar
29 marzo 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una buena oportunidad de análisis se me presentó involuntariamente, cuando un amigo me envió la columna publicada de una persona que hablaba de la película La Pasión de Cristo.

Entre las varias cosas escritas en esa columna, hay una que no resisto dejar de ver más en profundidad.

Lo que esa persona escribió en su columna fue lo siguiente: “No la voy a ver… Porque repruebo terminantemente que alguien lucre con un momento tan intenso y fuerte para los cristianos.”

Por mi parte, que alguien vea o no esa película, es una decisión personal que cada quien toma según sus propios criterios. Pero lo que es interesante es ver ese argumento de alguien que reprueba que otro “lucre con un momento tan intenso y fuerte para los cristianos”.

La hipótesis de esa afirmación es que existen cosas con las que no se debe lucrar, es decir, de las que no se debe derivar una ganancia.

Suponemos por necesidad que son cosas elevadas y que nos obligan a preguntarnos si, por ejemplo, se podría hacer una película exitosa de las obras de Shakespeare o de Cervantes, o de otras cosas culturales o tan intensas como la religión.

El punto es que no hay manera de responder a eso y obtener un criterio de temas de los que no puedan derivarse utilidades. Más en concreto, ¿se debe evitar la venta de rosarios y misales que produzcan ganancias a quienes los fabrican? Tampoco hay manera de responder con un no rotundo y justificarlo plenamente.

Por el otro lado, afirmar eso que dice el escritor de la columna que recibí, significaría que todo proyecto calificado como elevado o al menos como religioso debería perder dinero para seguir siendo elevado.

Por ejemplo, los libros que narran las vidas de los santos o del mismo Jesús deben ser empresas perdedoras para mantener su categoría de ser ennoblecidas (más el problema burocrático de nombrar a una o más personas para que ella decidan qué cosas son tan elevadas que no deben ser medio para obtener utilidades).

No tiene sentido nada de eso, pues llevados por la lógica de esa afirmación del autor de marras, tendríamos que prohibir la producción y venta de pinturas religiosas; nada de pinturas de San Pablo y su conversión, ni nada de libros sobre Teología, si es que ellos logran tener utilidades.

Veamos ahora otra faceta de esa insustancial aseveración de que las utilidades de esa película son reprobables. Supongamos que se acepta que todo proyecto “noble” deba perder dinero y que por eso la película de Gibson estaría obligada a tener pérdidas para seguir siendo un proyecto enaltecido; debería existir una ley de cultura que forzara a las obras elevadas a perder patrimonio.

Pero resulta que la película quiere ser vista por muchas personas, tantas que la película en la realidad rinde altas utilidades siendo un gran éxito de taquilla.

Para que la película perdiera tendría que hacerse algo ridículo. Se tendría que establecer en esa ley de cultura que solamente un número limitado de personas pudiera ver la película, un número tal que por diseño hiciera perder dinero a Gibson y así él no fuera criticado por lucrar.

El asunto es tonto. De limitarse el número de asistentes a la película mucha gente quedaría insatisfecha y los boletos posibles de vender subirían de precio a tales niveles que las utilidades serían inevitables, aunque seguramente menores.

Le digo, eso de criticar a esa película sobre la base de que es malo lucrar con una película que narra la vida de Cristo, es una postura únicamente sostenible por una persona diletante y soberbia, que se erige en árbitro censor de lo bueno y lo malo, sin apego alguno a la realidad y a la racionalidad.

Más aún, siguiendo ese razonamiento, quien escribió ese juicio tendría que prohibir cualquier obra y película sobre el tema.

Nada de películas como La Pasión, pero tampoco como la de La Última Tentación de Cristo; tampoco pinturas de temas religiosos que se vendan… vaya todas las pinturas religiosas de todos los tiempos estarían en tela de juicio.

Vamos, si la religión es un tema elevado y no debe ser objeto de lucro, como aseveró ese autor, por definición tampoco podría exhibirse El Crimen del Padre Amaro y también, las ventas de Biblias deberían ser reguladas para que el editor perdiera dinero.

Lo que me preocupa no es tanto la falsedad afectada y esnobista de un juicio de ese tipo, el que puede ser demostrado como insostenible con enorme facilidad, sino la realidad de que una opinión así pueda ser aceptada por personas que tomen eso como cierto sin molestarse por hacer un mayor análisis… simplemente porque suena bien.

Y es que seguimos teniendo en nuestros tiempos la irreal idea de que tener beneficios es negativo, de que tener utilidades es malo, de que ser exitoso es reprobable.

Una mentalidad así, que admira el fracaso y odia el éxito no puede sino conducir a la pobreza y la miseria, todo bajo la creencia de que existe una superioridad moral en algo que es falso e injustificable.

Post Scriptum

Sobre el tema de la libre expresión, conviene leer Libros Vivos, con ideas de John Milton.

Añado que además la idea de no lucrar con las cosas elevadas tendría un efecto colateral negativo, pues haría que lo “no elevado” tuviera más difusión que lo “elevado”. Tendríamos, por ejemplo, varias películas como Pulp Fiction y Monster (la edificante historia real de una prostituta que asesina a siete hombres), pero careceríamos de películas como La Pasión, e incluso tendríamos que retirar de la circulación a las viejas cintas como Los Diez Mandamientos.

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