Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Reuniones a la Mexicana
Eduardo García Gaspar
25 mayo 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Contaba un estadounidense amigo mío, hace ya mucho tiempo, que él gustaba mucho de venir a México y que buscaba toda oportunidad posible de encontrar causas que le justificaran venir a visitar a la sucursal local de la empresa americana en la que él trabajaba.

Le encantaba el tequila, las comidas tardías y comer con picante… bastante más que el promedio nacional.

Gustaba enormemente de las formas de trabajo, de lo que él llamaba “informalidad formal”, en la que las jerarquías eran respetadas pero existía camaradería, sin que fuera aceptado nada de lo políticamente correcto que era obligatorio en su país.

Le gustaba todo de México, absolutamente todo… bueno, con una excepción.

Decía él que las reuniones de negocios en nuestro país eran terribles. Y explicaba sus razones.

La más obvia era el no empezar a tiempo, lo que era propiciado por la gente de más jerarquía, quienes no querían llegar los primeros.

Pero el fondo de sus disgustos era la imposibilidad de tener una reunión disciplinada, lo que a su vez producía un serio desperdicio de tiempo.

Decía que tener y respetar la agenda o programa de la reunión era una misión imposible. Las personas no se atenían a la agenda y sus puntos, sólo en casos en los que se tenían una responsabilidad legal de hacerlo.

Menos se ajustaban a los tiempos asignados a cada punto. Tampoco a la secuencia. Demasiadas veces las personas comenzaban a hablar entre sí, distrayendo la atención del punto a tratar. Decía él, con su gracia particular, que “parecía un salón de clases de high school”, donde las hormonas prevalecían sobre las neuronas.

La gente mexicana, me dijo una vez, “tiene mucho talento y creatividad, y pueden responder de última hora logrando cosas imposibles en mi país, pero esa improvisación no es una buena costumbre, aunque sea una cualidad positiva”.

En las reuniones, los mexicanos tienden a ser repetitivos, lo que significa escasa habilidad de para resumir y brincan de un tema a otro, interrumpiéndose entre sí, lo que causaba un fuerte problema para establecer compromisos y fechas de entrega. Esto lo desesperaba, y le llamaba el síndrome del “fíjate que…”.

Cada trabajo no entregado a tiempo, contenía una excusa que comenzaba con esas palabras y siempre había un pretexto para no entregar muchos trabajos acordados. Tal vez a usted le haya sucedido lo mismo que a mi amigo.

Por mi parte, sí he pasado por las mismas y puedo decir que hay personas como las que él describe. El punto es importante porque las reuniones tienen un costo elevado por el precio de cada hora del tiempo del ejecutivo.

Y esto me lleva a contar la breve historia de una empresa en la que trabajé, donde al cabo de seis meses de entrenamiento, nuestras reuniones eran de tal eficiencia que podíamos ver muchos problemas complejos en un par de horas.

Los responsables de llevar la información cumplían. Y, después de la presentación en extremo resumida, cada uno de los miembros permanentes decíamos nuestra opinión en un par de minutos, para que el chairman sacara conclusiones y se tomara una conclusión consensuada pero pocas veces unánime.

Nunca vi mejores reuniones en mi vida. Éramos muy disciplinados.

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