Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Marketing a Impuestos
Eduardo García Gaspar
9 febrero 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Vamos a pensar en la siguiente posibilidad: la Secretaría de Hacienda contrata a un consultor de Marketing con el objetivo de proponer medidas que eleven la recaudación fiscal de los contribuyentes individuales.

La secretaría invita al consultor a sus oficinas y le plantea el proyecto.

Bajo esta situación, el consultor, no importa si es experto o primerizo, va a partir de una premisa básica, que es el considerar a los impuestos como un producto cuya cantidad demandada debe hacer crecer. El problema es cómo hacer crecer la demanda de pago de pago de impuestos.

La secretaría en cuestión ya emplea un método que es el poder recurrir a la fuerza y encarcelar o multar a quienes no los pagan. Aún así, se sabe, la evasión fiscal es grande y el consultor debe intentar convencer a los que no pagan que lo hagan. La verdad es que no es un problema difícil de resolver.

Lo que el consultor hace es proyectar lo que sabe de otros bienes y servicios. Él sabe que cuando el precio se reduce la cantidad demandada se eleva y, con toda la lógica del mundo, decide aplicar ese principio, el de reducir el precio de los impuestos.

El paso siguiente es definir lo que constituye el precio de los impuestos, algo que no suele ser muy obvio.

Desde luego, una buena parte del precio de los impuestos es la tasa impositiva en sí misma. Una tasa de impuestos del 10 por ciento producirá más pago de impuestos que una del 40. De eso no hay duda.

Pero en el precio de los impuestos hay más que sólo la tasa impositiva. También está la complejidad de las leyes y reglamentos, de las formas a llenar, de las oficinas a visitar, del pago al contador y demás.

Con harta lógica, el consultor de Marketing concluye que los impuestos a las personas deben ser lo más sencillos posibles, capaces de ser calculados sin necesidad de tener un contador y de ser pagados en todas partes, incluyendo supermercados.

Con eso en mente, nuestro consultor sin siquiera salir de la oficina de su actual cliente, en unos pocos segundos le dice a la gente de esta secretaría lo siguiente.

“Lo más lógico que ustedes deben hacer es reducir la tasa de impuestos a ingresos personales, significativamente, quizá a un 10 por ciento parejo, a todos por igual, y capaz de ser pagado en cualquier parte incluyendo Internet con un buen sitio, no como el actual. En ese impuesto no hay excepciones, no hay privilegios, no hay tratos preferenciales. Todos pagan el mismo porcentaje a partir si quieren de un ingreso mínimo superior a 5 mil pesos mensuales o algo por el estilo”.

Eso, dice el consultor, es lo que deben hacer y van a elevar la cantidad de dinero recaudada por esos impuestos personales. Cuando la gente de la secretaría le pregunta si se le debe algo, él responde,

“No, no es nada, solucionar eso me tomó cinco segundos. Todo el mundo lo sabe. Eso lo han hecho en varios países del mundo y ha funcionado bien”.

La lección es clara. Hay en Marketing una serie de principios de mucho sentido común que pueden ser aplicados a situaciones que generalmente no se consideran como casos de este campo, por ejemplo, los impuestos. Y pueden ser aplicados con buenos resultados. Lo del impuesto parejo no es otra cosa que dar lo que el cliente pide. No es complicado.

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