Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mill, México y la Voluntad de la Mayoría
Eduardo García Gaspar
29 septiembre 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


El gobierno déspota y autoritario no es el único enemigo de la libertad. Ella tiene otro enemigo, más sutil, menos visible y más peligroso, la voluntad de la mayoría. Mill tiene el mérito de llamar la atención sobre ese otro enemigo, uno muy ignorado: las presiones de la mayoría o de quienes dicen que son la mayoría. El asunto es de enorme importancia en México, un país novato en las cuestiones democráticas y donde se ha reducido a la democracia a la voluntad de la mayoría.

Para el mexicano promedio la idea democrática es el primitivo principio de hacer lo que la mayoría decida. Pocas cosas tan negativas como ese error de definición de la democracia, pues si ella tuvo su origen en la defensa de los individuos frente a la autoridad, ahora el individuo estaría enfrentando otro enemigo, el de la voluntad mayoritaria, una fuerza totalitaria que se crea cuando la democracia es mal entendida.

Esta idea de la mayoría convertida en una fuerza dictatorial ha sido tratada por Mill y ella se comenta en este nuevo número de la serie Democracia en México de UnaSegundaOpinion.info. La obra consultada para esta carta fue John Stuart Mill, On Liberty and other Essays, Oxford University Press, 1991, On Liberty, I Introduction, pp. 5-19. John Stuart Mill (1806-1873) es uno de los autores británicos de mayor fama e influencia.

Las fronteras del poder

El punto de partida de Mill es el análisis de los límites del poder. Si se desea estudiar a la libertad, lo primero que debe verse es la frontera y la esencia del poder. Sobre esa base podrá verse cómo puede ser ejercido el poder sobre la persona por parte de la sociedad.

Con esta consideración en mente, Mill hace un esbozo histórico brevísimo de los límites del poder. Esta revisión histórica es la clave para entender lo que el autor sostiene más adelante.

• En tiempos antiguos, según él, la lucha se dio entre los súbditos o clases de súbditos y el gobierno. Eran los tiempos en los que la libertad significaba sólo protección contra la tiranía de los gobernantes. Eran los tiempos en los que se pensaba en el gobierno como algo necesario, pero peligroso y, sobre todo, contrario a los intereses de los gobernados.

Se intentó poner límites a esa autoridad y se logró que fueran reconocidas ciertas inmunidades del ciudadano frente a la autoridad. Esas inmunidades eran algo así como derechos y libertades. Se impusieron también algunos frenos, como el requisito de aprobación de actos importantes de gobierno por parte de representantes de los ciudadanos.

• Luego, en tiempos más cercanos, vino la idea de entender a las autoridades como formadas por personas delegadas, con puestos revocables, según la voluntad de las personas. Todo con la idea de evitar el abuso del poder. Con el tiempo, poco a poco, esto fue una demanda de puestos temporales de elección popular.

• Más tarde se pensó que se había dado demasiada importancia a la limitación del poder. Se quiso ahora dar otro paso, que fue la identificación de los gobernantes con la gente. De esta manera los intereses de los gobernantes serían los mismos de los gobernados. De esa evolución del poder del gobierno vinieron los ideales democráticos y prácticas como la elección de gobernantes y la división de los poderes.

Pero, continúa Mill, el éxito que ha tenido esa evolución revela defectos que los fracasos habrían ocultado. Ahora nos damos cuenta que la voluntad del pueblo es en la realidad otra cosa sutilmente diferente: es la voluntad de la mayoría, o de quien es reconocido como la mayoría.

Este es el gran descubrimiento de Mill, hay que distinguir entre pueblo y mayoría. La voluntad del pueblo no es lo que se creía, fue convertida en otra cosa muy diferente, en la voluntad de la mayoría.

Esta distinción que hace Mill facilita la comprensión de un problema grave: la mayoría, o quien se cree la mayoría, puede querer oprimir al resto de los ciudadanos. Esto es lo que lleva a la sociedad al origen, cuando buscó protección contra las amenazas del gobierno.

Igual que se buscó protección contra el abuso de poder del gobierno, por tanto, se debe buscar protección contra el abuso de poder por parte de la mayoría. Se necesita protección contra el poder de la mayoría.

El caso de México en este momento es revelador; un rápido cálculo de los últimos siglos de nuestra historia indica que aproximadamente un 2 por ciento de ella ha transcurrido bajo sistemas democráticos y de ese porcentaje una buena parte ha sido desde la elección de un presidente de oposición en 2000.

Sin duda los mexicanos son novatos en estas cuestiones, lo que aunado a la preponderancia de la noción anti reeleccionista, produce un sesgo notable en la concepción de la democracia en esta nación.

Vagamente ella es percibida con simplismo para ser entendida como el respeto a la mayoría electoral. Y lo que esto significa, según Mill, es la creación de otro monstruo dictatorial: antes se enfrentada a la “dictadura perfecta” del PRI, pero muy bien ahora puede estarse creando otra dictadura, no sólo perfecta, sino aplaudida y alabada por los incautos, la dictadura de la mayoría, o de quien domine a la mayoría.

La opresión de la mayoría

La conclusión de Mill es clara. La dictadura de la mayoría es un problema, uno de los males contra los que la sociedad debe estar protegida. La mayoría puede ejecutar actos malos y meterse en cuestiones donde no debe. Esta tiranía es más grande que la del gobernante, pues deja menos salidas a la persona y penetra más en la vida, esclavizando con un ropaje admirable de aparente legitimidad.

La mayoría se impone en las opiniones y los sentimientos. La mayoría, incluso sin imponer penas civiles, obliga a actos e impide la individualidad. La sociedad necesita protección contra el abuso de poder por parte de la mayoría. Este es un problema de balance y equilibrio en el planteamiento del autor.

Es necesario encontrar estabilidad entre la individualidad y el control social. El asunto, a fin de cuentas, es uno de establecer eso que debe ser sujeto de leyes y eso otro que no es de la incumbencia de la ley. Este es el problema principal que existe en los asuntos humanos.

Es precisamente este tema donde menos progreso ha habido. La solución al problema de la imposición indebida de la mayoría radica en la determinación de las cosas que deben ser sujetas a leyes y las que no.

Y, se queja Mill, cuando este tema ha sido tratado no se ha usado el entendimiento ni la razón. Ha imperado el sentimiento por encima del raciocinio. Se han impuesto las emociones creyendo que son ideas firmes. Los simples gustos se han tornado opiniones y esas opiniones se han convertido en leyes. No se ha reconocido que antojos y deseos han sido llevados a rango legal. Cuando las personas ven problemas en la sociedad, actúan sin pensar.

Unos piensan en la autoridad civil como el remedio de esos males y solicitan su intervención. Otros prefieren solucionar esos problemas por sí mismos y no dar aún más poder al gobierno. Todos hacen eso sin razones sólidas.

En busca del criterio de solución

Lo que Mill quiere es encontrar un único principio. Una sola base sobre la que se solucione la cuestión del control de la persona, sea de gobierno o de la mayoría. ¿Hasta dónde debe llegar el control sobre el individuo por parte del Estado? Ese principio, según Mill, es el de la protección de la persona.

El razonamiento de Mill parte de la idea de que el individuo es soberano de sí mismo. La persona es libre en su cuerpo y en su alma. Resulta lógico entonces que sí existen razones para controlar al individuo en las acciones que realiza y que son causa de daño en los demás.

Es lo que lastima a otros el terreno en el que el poder puede intervenir. Si se acepta que la persona es digna y soberana sobre ella misma, puede establecerse una definición de libertad.

La única libertad que merece ese nombre es ésa por la que perseguimos nuestro propio bien de acuerdo a nuestras maneras, mientras no intentemos quitar a los demás esa misma posibilidad. Somos libres por naturaleza y podemos hacer lo que queramos mientras no quitemos esa misma libertad a los demás. Obviamente para Mill la libertad de conciencia no daña a los demás. Por tanto, la libertad incluye el dominio de nuestras creencias.

También, la libertad debe significar autonomía en los gustos y objetivos personales. Todo eso hace llegar a la libertad de asociación entre las personas. Si esas libertades no existen, la sociedad no es libre. El punto principal está en el principio de que la libertad de uno, en todos esos sentidos, no debe alterar las mismas libertades en los demás. Lo que Mill hace es darnos una advertencia muy seria: la libertad está amenazada por dos enemigos.

Sí, la autoridad civil ha sido un enemigo de la libertad y en la limitación de su poder ha habido grandes avances; pero hay otro enemigo más sutil, que puede entrar con mayor profundidad. El otro enemigo de la libertad es la creencia de que la voluntad de la sociedad está en la voz de la mayoría.

A lo que esto equivale es a llevar la contraria a la noción mexicana de la democracia. Si en México se cree que la democracia equivale al respeto de la voluntad mayoritaria sea lo que sea que ella determine, el autor nos dice que estamos equivocado totalmente. La voluntad de la mayoría es otro ogro, aún peor, que aquel contra el que luchó la democracia en su origen.

México ha tenido una escasa experiencia democrática y una consecuencia natural de ello es la adopción de creencias inexactas acerca de ese sistema de gobierno. En una época posterior al monopolio político del PRI, la democracia ha llegado de golpe al país dentro de un paquete que la coloca como la victoria de la mayoría que se opuso a ese partido votando por su contrario; no sorprende que, por tanto, la democracia sea entendida como sólo eso, como una victoria electoral que respetó la decisión de una mayoría.

La permanencia de esta limitada idea sobre la democracia crea un terrible peligro, consecuencia del mal entendimiento de la democracia, que es lo que Mill señala: la dictadura de la mayoría, o de quien pueda manipularla, todo bajo el disfraz de ser legítimo y razonable.

¿Qué hacer? Es una realidad que existe una tendencia a ejercer mayor control sobre el individuo. Esa tendencia tiene dos fuentes, la legislación gubernamental y las ideas de la mayoría.

La mayoría es, pues, una fuente potencial de opresión y está alimentada por los mejores y los peores deseos y rara vez se reprime. La solución está en un principio.

La persona es soberana y autónoma y nada debe hacerse por impedir sus actos, excepto en eso que haga que lastime esa misma posibilidad en otros. Ese es el único terreno en el que puede ejercerse poder sobre el ciudadano, provenga del gobierno, o de la voluntad de la mayoría.

Con esa idea en mente, la gran aportación del autor en esas páginas puede ser ampliada para señalar también como un peligro serio e inminente la erección de una persona o varias quienes tengan la habilidad para manipular a la opinión mayoritaria y entronarse ellos como los representantes mesiánicos de esa mayoría que una mala concepción de la democracia ha creado.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras