Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Momento Único
Eduardo García Gaspar
3 agosto 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Acompáñeme en una revisión histórica en extremo breve para demostrar un punto.

Quiero probar que los mexicanos estamos tan cerca de un árbol que no nos damos siquiera cuenta del siguiente árbol, mucho menos del bosque.

La historia de México la podemos ver rápidamente en unos pocos períodos.

La época prehispánica del territorio actual de México tuvo varias civilizaciones notables, con algunos niveles muy refinados de cultura en diferentes lapsos. En ninguna de esas civilizaciones hubo sistemas democráticos, ni siquiera cercanos a esa noción. La estructura social era jerárquica y el respeto a los monarcas era absoluto.

Durante la colonia, puede decirse, solamente hubo un cambio en las cabezas del gobierno, el que siguió siendo autocrático con los virreyes como representantes de la voluntad real del rey en España. Tampoco hubo rasgo alguno que nos acercara a cosas siquiera parecidas a la noción de la democracia.

Con la Independencia inicia una época de desorden por el enfrentamiento de los liberales y los conservadores que nunca se pusieron de acuerdo y ocasionaron una época muy mala para el país. Esos conflictos partidistas terminaron con la victoria liberal, que dio unos pocos años de un sistema democrático incipiente.

No duró mucho ese época liberal, pues caímos de nuevo en un sistema de gobierno autocrático, el de Porfirio Díaz; quizá necesario para apaciguar los ánimos políticos, pero sin rasgos democráticos.

Sea lo que sea, el Porfiriato terminó y nació la Revolución que fue otra época de desorden y peleas políticas armadas, hasta que en los años 30 comenzó otra época, la del PRI.

Esa época terminó en 2000, con la presidencia de un miembro de un partido de oposición. El gobierno cambió, pero el país siguió como estaba. El cambio de gobierno no requirió el uso de la violencia, que es lo que caracteriza a la democracia.

Es sencillo, por tanto, ver que estamos viviendo una época verdaderamente excepcional en nuestra historia. Si nos vamos al año 1325, cuando se fundó Tenochtitlán, hasta la fecha, han pasado casi 680 años, cerca de siete siglos.

Y de esos siglos sólo unos pocos años, muy pocos, tienen visos democráticos. Sumemos los cuatro años de este gobierno a los de la presidencia de Juárez que tomamos en ocho años y nos da un total de doce años, más los de Madero, quizá dos años, eso da un total de democracia de catorce años. Para una cifra de más o menos un 2 por ciento de momentos democráticos en la historia de México.

Visto del otro lado, hemos vivido bajo sistemas no democráticos el 98 por ciento de nuestra historia (si me equivoco no es por mucho y depende de la selección de períodos que se haga, pero el punto sigue siendo válido).

Dos de cada cien años mexicanos han sido democráticos. Aceptando esto como una realidad innegable, debemos ver sus efectos.

¿Qué ocurre en una nación en la que en cerca de siete siglos prácticamente no ha existido un sistema político de libertades democráticas y cuyos gobiernos han tenido buenas dosis de autoritarismo?

Me imagino que sea el mismo problema que tiene una persona de setenta años que nunca ha usado una computadora y ahora la debe utilizar. Sucederán muchas cosas como efecto de eso, pero señalo sólo una de ellas: en general creo que los mexicanos pensamos que la democracia es únicamente un cambio de la cabeza de gobierno, concretamente el cambio de quien ocupa la silla presidencia.

Todo lo que debemos hacer es seleccionar al siguiente presidente y esperar de él una serie de milagros que cambien al país… y ya, asunto arreglado.

Seguimos creyendo que la cabeza del gobierno sigue siendo todopoderosa, como en el 98 por ciento de nuestra historia y que la democracia es cambiar al presidente confiando ciegamente en él. Ignoramos que la democracia es bastante más que eso y que votar eligiendo al nuevo poder ejecutivo sea quizá la parte menos importante de la democracia. La solución a esto vendrá con el tiempo, si es que seguimos siendo democráticos.

POST SCRIPTUM

Un par de años después de escribir este artículo, ha sido reconfortante ver que ha sido confirmado por Enrique Krauze, el historiador mexicano, quien en una columna del 10 de septiembre de 2005 (Grupo Reforma) escribió lo siguiente:

Para ponderar el grave peligro que se cierne sobre la democracia mexicana, considérese la siguiente estadística. En los 681 años transcurridos desde la fundación del imperio azteca (1325 d. C.) hasta nuestros días, México ha vivido 196 bajo una teocracia indígena, 289 bajo la monarquía absoluta de España, 106 bajo dictaduras personales o de partido, 68 años sumido en guerras civiles o revoluciones, y sólo 22 años en democracia.

Este modesto 3 por ciento democrático -vale la pena repetirlo- corresponde a tres etapas, muy distanciadas entre sí: 11 años en la segunda mitad del siglo 19; 11 meses a principio del 20; y la década de 1996 a 2006. En el primer caso, el orden constitucional establecido por Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada fue derrocado por el golpe de Estado de Porfirio Díaz. En el segundo episodio, otro golpe de Estado orquestado por Victoriano Huerta derrocó al presidente Francisco I. Madero. Esta tercera etapa, ¿será definitiva o correrá la suerte de las anteriores?


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “Momento Único”
  1. Rendición de cuentas en México | Ropa lavada, libros y perros




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras