Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Montesquieu, México y el Poder Legislativo
Eduardo García Gaspar
1 septiembre 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Análisis
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Ninguna idea política es más famosa que la noción de la división de los poderes gubernamentales. En un número anterior de esta serie Democracia en México (No. 3,) fue explicada la esencia de esa idea. Es ahora el turno de adentrarse en otra veta de Montesquieu: el poder legislativo. Para comprender esta idea sobre el legislativo, es necesario recordar dos puntos centrales del autor.

Primero, existe una tendencia natural en el ejercicio del poder. Es la tendencia a abusar de él. Y, para evitar esos abusos, la solución es enfrentar al poder con el poder mismo.

Segundo, bajo ese sistema de gobierno, el ciudadano será libre y no vivirá bajo el temor de sufrir abusos.

Adicionalmente, no es exageración decir que en México el poder legislativo es uno de muy reciente funcionamiento, pues no operó durante el siglo 20 y comenzó su acción hasta el inicio del 21. Es indudable que la experiencia política mexicana con este poder es nula. No sorprende por esto que la actuación de los legisladores mexicanos haya sido decepcionante por su falta de habilidad para lograr acuerdos y su exceso de celo partidista.

La cuestión empeora dada la legislación actual que hace quecerca de la mitad de los legisladores no sean representantes de los ciudadanos, sino de sus partidos, con el agravante de que la ley no establece requisitos mínimos de preparación de quienes tienen a su cargo la difícil labor de elaborar leyes.

La situación del poder legislativo en México puede corregirse en buena parte recordando las ideas de Montesquieu al respecto. Montesquieu, Carlos Luis Barón de Secondat (1689-1755), fue un filósofo y literato francés. El libro consultado fue Del Espíritu de las Leyes, Altaya, Grandes Obras del Pensamiento, Barcelona, 1993, libro XI, De las leyes que dan origen a la libertad política en su relación con la constitución, pp. 113-121.

El punto de arranque de Montesquieu

Si el hombre posee un alma libre, dice Montesquieu, se sigue que todo hombre tiene el derecho a gobernarse a sí mismo. Eso significa que el conjunto de ciudadanos debe constituir el poder legislativo: el pueblo debe estar a cargo de emitir, modificar y derogar sus leyes. Sin embargo, realizar esta actividad tiene inconvenientes prácticos.

No puede esperarse que todos los ciudadanos participen en la actividad legislativa. El mero número de ciudadanos hace eso imposible. Incluso en las pequeñas comunidades, Montesquieu habla de mil inconvenientes para realizarlo. Ésta es la razón por la que los ciudadanos deben nombrar representantes.

Unos pocos representantes harán su labor de manera más eficiente que todo el pueblo reunido, es decir, la solución de tener representantes es de naturaleza meramente operativa y de eficiencia; no obedece a ningún elevando principio que sustente que el ciudadano es un ser ilustrado y excelso en sus decisiones, sino a un problema práctico, que es el de poner de acuerdo a un gran número de personas.

La solución expedita es la de nombrar representantes capaces de llegar a acuerdos más fácilmente. Esos representantes, además, conocen las necesidades y características de cada ciudad o región que representan. Harán bien esa labor de representación precisamente por ser vecinos de cada lugar. No se trata de líderes populares, ni de salvadores multitudinarios que dicen conocer los deseos de la población.

Sí se trata de personas, de ciudadanos, que conocen sus lugares y sus regiones. No se trata de representantes del pueblo en general, sino de ciudades y de comarcas.

Este comentario de Montesquieu contrasta notablemente con las posiciones de algunos diputados y senadores mexicanos que se han declaradorepresentantes de segmentos sociales, como de las mujeres y los jóvenes, equivocando radicalmente su esencia de representación geográfica o total de la nación entera.

Existe una ventaja adicional, dice Montesquieu, al nombrar representantes. Ellos deben tener la capacidad de hablar y discutir sobre los asuntos legislativos. El ciudadano en general no tiene esa capacidad, lo que es uno de los grandes inconvenientes de la democracia.

Los representantes conocen su región y tienen conocimientos para legislar. Es decir,de los diputados y senadores se esperan ciertas capacidades mínimas que hagan posible su trabajo; deben estar preparados, tener habilidades y conocimientos para realizar su función legislativa.

Esta expectativa de requisitos de preparación, desafortunadamente, es ignorada totalmente en la legislación máxima de México, donde ninguna preparación ni habilidad se exige para poder ser representante legislativo; la consecuencia natural de eso es la existencia de un poder legislativo mexicano de extrema baja preparación.

Además, continúa el autor, ellos reciben instrucciones generales de los ciudadanos, que son sus representados. No es necesario que se les hable de detalles y particularidades, pues con las instrucciones generales basta. Si llevaran instrucciones detalladas ello provocaría grandes dilaciones e inconvenientes.

El punto principal de Montesquieu aquí es dar a los representantes el papel de ser la voz de la nación. Al mismo tiempo, el autor quiere y no quiere que el pueblo participe en el gobierno. Su solución es la del nombramiento de representantes, que es algo que está al alcance del ciudadano común.

El pueblo no tiene capacidad para legislar directamente y habría mil dificultades al tratar de hacerlo. Pero el pueblo sí tiene la capacidad de seleccionar a sus representantes.

Un componente sorpresivo que no tiene apariencia democrática

Después, Montesquieu introduce un elemento nuevo. A primera vista es un elemento que puede parecer contrario al espíritu democrático. Pero es totalmente congruente con el objetivo del autor, que es el balancear el poder con pesos y contrapesos.

Dice que en las naciones hay siempre personas distinguidas. Puede ser por su nacimiento, por sus riquezas o por su saber o sus honores. Esas personas vivirían incluso como esclavos si cada ciudadano tuviera un sólo voto: la mayor parte de las resoluciones de un poder legislativo exclusivamente popular irían en contra de esas personas distinguidas. Es éste una especie de aviso en contra del populismo posible de encontrar en una versión prostituida de la democracia. ¿Cuál es el remedio?

Estas personas notables deben tomar una parte en la legislación, por medio de un cuerpo legislativo adicional que tiene la facultad formal de oponerse a las legislaciones de los representantes del pueblo. La misma facultad tendrían los representantes del pueblo, que podrían oponerse a las resoluciones de la cámara de notables.

Montesquieu, por tanto, concibeun poder legislativo balanceado: representantes del pueblo por un lado y, por el otro, representantes de las personas de distinción. Estas dos cámaras deliberan con independencia y con influencia de intereses separados. ¿Suena elitista esta idea? Sólo en un primer examen.

Es una propuesta con un gran sentido práctico: el cuerpo legislativo de los nobles debe tener interés en mantener sus privilegios, que son en sí mismos odiosos, pero que siempre están en peligro. El cuerpo legislativo compuesto por los nobles, por tanto, es una buena fuerza de equilibrio dentro del poder legislativo. Resulta así que detrás de esta idea es posible ver una definición de la democracia mucho más sutil y perspicaz que la dominante en México.

Si la democracia fuera definida dentro del marco mental mexicano actual, ella sería vista muy crudamente, como un sistema político en el que la mayoría de los votos en una elección coloca en el poder al candidato así preferido. Todo el énfasis mexicano está en la voluntad mayoritaria y la ciega obediencia a lo que ella dicte dentro de un sistema de votos con igual valor para cada uno.

Montesquieu es mucho más minucioso y pulido: la democracia no es la voluntad de la mayoría sino la división del poder para evitar sus abusos. Tan es ésa su mentalidad que al proponer un sistema legislativo bicameral lo, hace porque teme que el voto popular se convierta en dictadura.

Es éste un elemento conservador, que Edmund Burke tratará años más tarde. Basta aquí quedarse con esa idea central, la democracia es la división del poder político para evitar sus abusos en ciudadanos individuales, no es la voluntad de la mayoría pues ella puede cometer abusos también.

Tiempos del poder legislativo

Otra manera de demostrar el sentido práctico de Montesquieu, es su sugerencia respecto al tiempo y frecuencia de las reuniones del poder legislativo.

• Si este poder no tuviera reuniones periódicas y considerables, la nación caería en la anarquía por falta de leyes; o el poder ejecutivo tomaría las decisiones legales y establecería una dictadura.

• Si el poder legislativo estuviera siempre reunido, tendría muchas dificultades. Desde luego, eso sería malo para los representantes, que estarían alejados de sus ciudades. Además, le quitaría tiempo al ejecutivo, que dejaría de hacer su trabajo para defenderse del legislativo.

Hay, además, otra razón por la que el poder legislativo no debe estar en reunión permanente: podría suceder que sólo se nombraran representantes en los casos de fallecimientos de éstos. Y eso es muy malo. Si llegara a corromperse el cuerpo de representantes del pueblo, no habría solución posible.

Por eso es que deben reunirse periódicamente, pero, sobre todo, ser elegidos por tiempos definidos. El ciudadano tiene ante sí la opción de cambiar de representante si es que se juzga que no ha tenido un buen desempeño.

Dentro de esta idea está la posibilidad de reelección de la persona como representante, si es que ha hecho bien su trabajo, una posibilidad que en México está severamente limitada y que produce el efecto colateral de disminuir el incentivo de hacer un buen trabajo por parte del legislador.

Si fuera imposible cambiar de representantes, los ciudadanos se enfurecerían o caerían en la indolencia. Además, el cuerpo legislativo no puede convocarse a sí mismo y no tiene autoridad hasta que esté reunido. Obviamente tampoco puede prorrogar sus reuniones.

Si tuviera la facultad de convocarse o de prorrogarse, caería en la tentación de eternizar su actividad. Es el poder ejecutivo el que tiene la facultad de llamar y establecer la duración de las reuniones del legislativo.

Montesquieu tiene ideas prácticas. Su objetivo es establecer pesos y contrapesos entre los poderes para lograr libertad ciudadana. Recomienda que el legislativo no pueda frenar al poder ejecutivo. Lo que sí puede hacer el legislativo es examinar cómo es que se cumplen las leyes que él emite.

No importa el resultado de ese examen, el legislativo no tiene la capacidad de juzgar al ejecutivo. Si el poder legislativo tuviera esa capacidad podría establecer una dictadura. Por otro lado, el poder ejecutivo no puede participar en el establecimiento de las leyes. Sin embargo, el ejecutivo sí tiene la facultad de impedir la emisión de la ley que no desee.

Montesquieu dedica un buen tiempo a las cuestiones fiscales. El poder más fuerte del legislativo es su capacidad de decretar impuestos. Donde sucediera que el ejecutivo tuviera la facultad de establecer cargas tributarias el poder estaría fuera de balance.

La única manera de que el ejecutivo participe en la emisión de leyes tributarias es dando su consentimiento a lo acordado por el poder legislativo. Nunca debe tener la facultad de decretar impuestos. Por otro lado, es necesario no tener por siempre la misma legislación fiscal. Si eso sucediera, el poder ejecutivo ya no dependería de esa legislación.

En resumen

Las ideas de Montesquieu son sin duda una gran muestra de perspicacia y sabiduría, las que además presentan un contraste notable con las nociones democráticas mexicanas en la actualidad.

En México, la idea de la democracia ha sido llevada al primitivo extremo de la voluntad mayoritaria y el respeto incondicional a ella, lo que aplicado en unas elecciones presidenciales, por ejemplo, significaría que para un mexicano la democracia es solamente la realidad de que ocupe el poder ejecutivo quien legítimamente ganó la mayoría de los votos.

Eso es erróneo de cabo a rabo según las ideas de Montesquieu. La democracia, podemos asegurar, tiene en el voto popula uno de sus elementos y quizá no el más importante. La democracia es la división del poder, su fragmentación, estableciendo un sistema de gobierno que con pesos y contrapesos hace lejana la probabilidad de abusos del poder gubernamental.

La tesis de la estructura bicameral del poder legislativo propuesta por el autor es una prueba de esa forma de pensar que claramente dice que la voluntad de la mayoría puede ser una forma de abuso del poder.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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