Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Muerte y Poesía
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2004
Sección: ARTE, EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es desafortunado, pero la educación que muchos hemos recibido, me incluyo, nos hace insensibles a lo que algunos cuentan entre los más grandes placeres de la lectura. Me refiero a la poesía.

No tengo la mente para gozarla, aunque sin embargo, debo reconocer que en mis intentos por entrar al género, hace años me enfrenté a uno de los más clásicos poemas de todos los tiempos.

Me refiero, a El Cuervo de Edgar Allan Poe.

No sé qué es lo que tiene esa obra que inmoviliza. Su comienzo, en inglés obsesiona. Dice así,

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore.

While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping.

As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.

“Tis some visitor’ I muttered, tapping at my chamber door—

Only this and nothing more.

Y, comencé una traducción que llegó hasta el final, que colocaba a ese párrafo con palabras que no le hacían justicia:

Tiempo hace ya, una noche lóbrega. Estudiaba yo frágil y débil

Cuadernos raros y curiosos de olvidada erudición

Cabeceando, casi dormido, repentínamente oí un sonido

Como si, gentil tocara, tocara a la puerta de mi habitación

“Un visitante, sin duda”— balbuceé— “tocando en mi habitación”

Sólo es eso y nada más.

La poesía, me convencí, podía decir cosas imposibles de verbalizar con palabras tratadas de otra manera. Y es que no sólo es la selección de los términos lo que cuenta en la poesía, sino algo que vagamente puedo calificar de cadencia a la que ayudan las rimas y que hace al todo más que sus partes.

No había yo vuelto a la poesía en un buen rato, varios años, hasta que en la familia aconteció el fallecimiento de un ser querido, muy querido.

Quizá tenga yo alguna habilidad para escribir, pero no me es posible poner en palabras algunas de las cosas que se sienten en esos momentos de tan intenso dolor.

Podemos recurrir a las cosas que creemos y con convicción hablar del Cielo, pero las ganas de expresarse de alguna manera adicional se quedan sin satisfacer.

Fue así que un día, cuando pensaba en mi querido cuñado, recordé las clases que en la preparatoria nos dio Antonio Raluy Poudevida, en las que expuso a inquietos estudiantes a la poesía española y latinoamericana.

Y recordé un poema que me impresionó siempre, pero que había olvidado. Se titula Coplas a la Muerte de mi Padre y es de Jorge Manrique, (1440?-1478). Las primeras líneas de esta obra dicen,

Recuerde el alma dormida Avive el seso y despierte

Contemplando

Cómo se pasa la vida

Cómo se viene la muerte

Tan callando.

Podemos estar adormilados con los encantos de la vida, que más nos vale recordar que la vida pasa, que la muerte viene.

En otra parte, el mismo poema dice,

Partimos cuando nacemos

Andamos mientras vivimos

Y llegamos al tiempo que fenecemos

Así que cuando morimos, descansamos.

No es para ponerse pesimista, pero sí es para hacer eso que nos pide el poeta, avivar el seso y despertar a la realidad, porque la muerte nos sirve para eso, para pensar. Ignoro cómo la explican quienes no tienen creencias religiosas. Pero sí tengo idea de cómo imaginarla levemente siquiera a la luz de mis creencias.

Y pienso que es el destino final, eso a lo que estamos destinados los seres humanos, pero que podemos rechazar.

No tengo una imagen física de lo que es el Cielo, aunque a veces he pensado que era una biblioteca con todos los libros jamás escritos, tiempo para leerlos, todo con música barroca y de Mozart y Haydn.

No, debe ser otra cosa y lo único que tenemos de referencia tangible es el Paraíso Terrenal. Frente a la muerte, me quedo con una idea solamente.

Si cuando alguien muere, todos solemos lamentarlo e incluso llorar, y hasta dejamos de ver los defectos que de seguro tenía la persona, para mí eso significa que la queríamos, que la amábamos, que sentimos no estar ya con ella.

Hablamos de nuestro amor por esa persona y lo hacemos sin condiciones, lo que debe significar que al sitio que vamos después de la muerte, debe ser uno en el que ya no sintamos que nos arrancan algo que amábamos.

Debe ser el Cielo, necesariamente, un sitio de amor infinito, donde están Enrique y Antonio Raluy.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



2 Comentarios en “Muerte y Poesía”
  1. lorena Dijo:

    hace 2 meses falleció una gran compañera y realmente aún me pone muy triste su partida, sobretodo al saber que dió la vida por su hijo y que el no podrá disfrutar de su mamá que con tantas ganas lo espero

  1. Las Estrellas Son la Meta | Contrapeso




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