Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mujeres y Futbol
Eduardo García Gaspar
28 diciembre 2004
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La situación es más compleja de lo que se ha dicho. El asunto ha sido, mucho me temo, tratado de manera superficial, obteniendo conclusiones falsas.

Me refiero al caso de la futbolista mexicana que intenta jugar en un equipo profesional mexicano, de la negativa de la FIFA y de la mala cita que se hace de la constitución de este país.

Esa ley, en el tercer párrafo del artículo uno, dice que

“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

Suena bien, pero no es sencillo.

Añado lo del artículo cuarto, que en su inicio afirma que, “El varón y la mujer son iguales ante la ley.”

Y el siguiente artículo señala que, “A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos.”

También muy bonito, pero la realidad es más compleja. Me explico.

Los comentarios que le leído sobre el asunto señalan que prohibir a esa futbolista la entrada a un equipo mexicano de futbol es machista, que va en contra de la constitución y que viola al igualdad de los sexos. Ver el asunto así es superficial y en nada ayuda a entender el problema. Peor aún, contribuye a confundir las cosas y elevar la ignorancia al respecto.

Todo por no distinguir entre los derechos de ambas partes. El primero de ellos es el normalmente visto, el de una persona, la que sea, para dedicarse a una profesión y realizar una acción. No hay problema allí. La futbolista puede dedicarse a eso que le gusta sin nadie que se lo impida. Está en libertad de patear el balón todo lo que quiera, formar sus equipos y demás.

Nadie se lo puede prohibir. Pero hay otro derecho igualmente respetable. Es el de quien, por ejemplo, funda su equipo de futbol y selecciona a los jugadores que quiere, bajo las reglas que se fijan y aceptan. No importa qué reglas sean, mientras no lastimen a otros.

Se está dedicando esta persona a una profesión determinada y tiene los mismos derechos de los otros. Que hay una liga de futbol masculina no anula la posibilidad de que exista otra femenina. El problema estaría en prohibir que haya una liga femenina, pero no hay problema en que existan ambas.

Y puede ser que a los hombres se les impida jugar en un equipo de mujeres, como a las mujeres en uno de hombres. Sucede eso mismo en los baños públicos y no hay problemas en aceptarlo. El asunto se ve más claro con otro ejemplo. Supongamos que usted está buscando actores viejos para el papel de un abuelo setentón en una obra de teatro.

Usted selecciona a esos actores y ningún actor joven, ni ninguna mujer, ni nadie, podría quitarle a usted el derecho de seleccionar al actor más conveniente según usted. Sería una situación risible el que una mujer joven alegara discriminación porque no ha sido seleccionada para hacer el papel de un abuelo viejo. La clave está en distinguir entre dos derechos muy diferentes.

Uno es el derecho a dedicarse sin limitaciones a la profesión que uno quiera y el otro “derecho” es el exigirle a un tercero el ser contratado. Yo puedo jugar el futbol que quiera, y tengo derecho a ello, pero no puedo exigirle a un equipo que forzosamente me contrate porque de lo contrario sería una acción en contra de la ley y los derechos humanos.

Y si se llegara a exigir al otro mi contratación, se estaría violando el derecho del otro a dedicarse a lo que él desea, que es, quizá, tener un equipo de futbol según sus propias reglas.

Le digo, el asunto es bastante menos superficial de lo que se ha dicho en lo general. Es fácil y políticamente correcto tachar de machistas a los equipos o a la FIFA, pero no es tan sencillo ver el otro lado. Con el simple punto de no impedir que las dos partes se dediquen a lo que desean, la ley y los derechos se cumplen.

Tratar de forzar a uno a aceptar los derechos del otro sin reciprocidad, lleva a la violación del derecho de éste. Todo es una cuestión de hacer respetar los derechos de ambos y no fijar la atención en los derechos de uno sólo de ellos. Mero sentido común.

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