Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es la Lucha, es Cooperación
Eduardo García Gaspar
15 enero 2004
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es obvio que los miembros del congreso federal tienen, cada uno, ideas que norman su actuación y desempeño. Eso es lo natural.

Pero resulta interesante señalar que algunos de ellos creen en la idea de la lucha de clases y, desde luego, sus decisiones se ven influidas por esa manera de ver el mundo.

La lucha de clases se hizo popular con la difusión de las ideas marxistas como una explicación de la realidad social, según la que existen dos segmentos de personas, los buenos y los malos, los explotados y los explotadores, con la victoria inevitable de los primeros para crear un sistema ideal y perfecto en un futuro indeterminado.

Para entender el concepto marxista de la lucha de clases es posible acudir a libros, pero lo que más interesa ahora es comprender los efectos netos de ese concepto en nuestros días.

Cuando alguien profesa la creencia en la existencia de grupos de personas que están en conflicto esencial, su mente trabaja de otra manera y ve cosas que el resto no ve, al mismo tiempo que deja de ver cosas que para los demás son sencillas de ver.

Uno de esos efectos es el advertir conflictos por todas partes, más aún, es el entender que la sociedad entera es un batalla entre dos grupos y que ella no tiene otro remedio que el aplastamiento de uno de esos grupos.

Una mentalidad así crea la perspectiva de que hay buenos y hay malos simplemente por pertenecer a uno de esos dos grupos. No se distinguen personas, sino grupos. Se carece así de sutileza para comprender la más compleja realidad, simplemente por usar un razonamiento crudo.

Un legislador que profese el dogma de la lucha de clases y que se enfrente a una reforma fiscal hará algo muy ingenuo, poner impuestos muy altos a un grupo y dar privilegios fiscales a otro.

Esa idea de lucha de clases le impide analizar las sutilezas de la realidad. Cuando alguien cree en la lucha de clases no hay en su capacidad de análisis espacio para ver que el proceso económico está sustentado precisamente en lo contrario, en la colaboración.

Esto es sencillo de ver paseando por el supermercado: de haber habido lucha ese supermercado estaría vacío, pero está lleno porque hubo colaboración entre una inmensa cantidad de personas cuyos esfuerzos organizados hicieron posible colocar allí miles de productos. Quien piensa que la lucha de clases es cierta, sin quererlo, fomenta la pobreza.

Su mentalidad le hará preocuparse por una sola y estrecha actividad, la de quitarle a los que tienen y darle a los que no tienen, una política de distribución que olvida lo principal, crear. No se preocupa ni por la creación de recursos ni por los efectos de largo plazo de lo que hace. Le interesa sólo el corto plazo y distribuir lo que exista hoy.

La lucha de clases, además, crea irresponsabilidad en las personas. Profesar la lucha de clases implica asignar necesariamente la culpa de la situación personal a otros: “yo estoy mal no porque hice cosas que me llevaron a esa situación mala, sino porque otro hizo cosas que me dañaron”.

Consecuentemente, resulta lógico que quien piensa así no haga nada para mejorar por sí mismo, excepto el tratar de quitarle a otro lo que sea que tenga. En fin, las ideas son las cosas que cambian con mayor dificultad y debemos enfrentar esa realidad: incluso ahora la idea de la lucha de clases tiene sus adeptos, conscientes e inconscientes.

No es una buena idea la lucha de clases, sino una mala, pues ciega a la mente y anula el poder de análisis que es necesario para entender cómo funciona la acción humana y así poder resolver los graves problemas de pobreza que aún existen en nuestro mundo.

Es vital reconocer que ese concepto aún sigue vivo en alguna proporción y señalar lo dañino que es, pues causa más pobreza y miseria, especialmente cuando ese marco mental afecta a algunos de nuestros legisladores.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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