Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Puede Hablar
Eduardo García Gaspar
31 diciembre 2004
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El asunto de los matrimonios entre personas del mismo sexo es en realidad un tema serio, pues significa una redefinición total de la familia y, siendo ésta la base o núcleo de la sociedad, alterarla es una medida de consecuencias impredecibles, realmente graves.

En la discusión del asunto y lo que he leído al respecto, se da una situación por demás curiosa. Esa situación está resumida en las siguientes partes.

De un lado, están los que proponen que esos matrimonios puedan realizarse, entre ellos algunas ONGs. Su idea es hacer que los gobiernos, específicamente los legisladores, modifiquen las leyes y den su aprobación a disposiciones que otorguen plena categoría matrimonial a esas uniones entre personas del mismo sexo. Algunos gobernantes se encuentran a favor de esos cambios.

Del otro lado, están los opositores, quienes usando sus razonamientos al igual que los otros sencillamente están en contra. La idea es incluso la de hacer que, como en los EEUU se intenta, sea constitucionalmente imposible ese tipo de matrimonios. Lo que estas personas hacen es similar a lo que realizan sus enemigos, pero al revés, influir sobre los legisladores y los gobiernos para que no se permitan esos cambios a las leyes.

En esa discusión participan todos los interesados en pro y en contra. Al menos en lo que he leído, tan hablan unos como otros y no hay problema en ello, aunque sí existe una tendencia a caer en lo políticamente correcto e inclinarse a posiciones de tolerancia ilimitada.

Sin embargo, hay unos personajes en este debate que tienen una categoría especial y quienes reciben un trato diferente. Me refiero a las iglesias que se oponen a este tipo de matrimonio, con la católica como la principal de ellas.

Usualmente en cuanto algún ministro de esa religión expresa su oposición al matrimonio de personas del mismo sexo, surgen las menciones que señalan que ella no debe hablar, que no debe meterse en los asuntos públicos, que no debe influir en los legisladores, que debe dejarse de inmiscuir en lo que no le compete.

La argumentación usada para pedir que las iglesias opuestas no se inmiscuyan se sustenta en la idea de la separación iglesia-estado y, para muchos, eso es motivo suficiente como para en efecto callar a las religiones que no están de acuerdo.

Pongamos ahora un poco de sentido común en esto. Lo que se pide es absurdo. Dejar que todos menos uno puedan entrar al debate es tonto y equivaldría a la negar que en la sociedad se discutieran las medidas gubernamentales.

Reduciría a la parte censurada a un estado de inferioridad en sus derechos. ¿Podría pedirse que en el debate no interviniera la Sociedad de Fabricantes de Mermelada de Frambuesa Salvaje?

Más aún, las iglesias tienen interés muy especial en ese tema y prohibir su intervención sería como hacer lo mismo con la Asociación de Padres de Familia cuando se hace una ley de educación. Y es que, al final, solicitar que las iglesias dejen de participar en los debates sociales es contrario al interés público, el que dejaría de beneficiarse de sus ideas y razonamientos, muy específicamente en un campo en el que ellas son amplias conocedoras.

Vaya, si hasta de economía opinan algunos ministros sin saber mucho y sin que nadie se oponga, con mucha más razón deben participar en algo de tan profundas consecuencias. Perder la contribución de las aportaciones religiosas en una discusión de este tipo sería desperdiciar ricos recursos que iluminen la cuestión.

Muchos argumentan que los alimentos transgénicos deben ser prohibidos por ignorarse sus consecuencias ambientales, incluso a pesar de evidencias contrarias.

En el campo de la petición de legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo, las consecuencias estarán elevadas a la n potencia. Se trata de una real redefinición del núcleo social y con eso no puede jugarse.

Si bien en lo personal estoy en contra de elevar a rango matrimonial la unión de dos personas del mismo sexo, eso no me puede hacer solicitar que alguna de las partes que apoyan esa medida deba quedarse callada por la fuerza.

Nuestros días son unos de grandes confrontaciones en los que la libertad está mostrando su real dimensión: la enorme responsabilidad que coloca en los seres humanos y cómo ella no es hacer todo lo que quiero, sino hacer lo que debo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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