Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Olimpiadas y Resultados
Eduardo García Gaspar
14 septiembre 2004
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El desempeño de los atletas mexicanos en Atenas siguió el patrón esperado: se tuvo una serie de expectativas y se mantuvo la siempre presente e infundada esperanza, con el resultado de un desempeño que fue ampliamente criticado.

Esto ha sido consistente con otras ocasiones. No recuerdo situación alguna en la que no se haya dado esa combinación de esperanzas y de desilusión posterior. La selección mexicana de futbol ha seguido ese mismo patrón por años.

En eso hay dos elementos distintos.

Uno es el de la técnica deportiva y sus elementos conexos, como la medicina, el equipo y sobre todo el deportista mismo.

El segundo es el elemento organizativo que es la administración de los recursos materiales, de tiempo y demás.

Con esta distinción podemos lograr un análisis más o menos razonable del por qué de ese fracaso consistente.

Sobre el elemento del deportista es posible argumentar que las habilidades deportivas están repartidas de manera homogénea en las naciones, o por lo menos con diferencias escasas. Visto de otra manera, esto significa que la nacionalidad en sí misma no determina la probabilidad de ganar o no alguna competencia.

Más concretamente, el pertenecer a una nación no eleva la capacidad deportiva de una persona de manera determinante e inevitable. Además, los entrenadores se mueven de un país a otro y los adelantos técnicos están disponibles.

Si lo anterior es cierto, lo que queda es el otro elemento, que es el de la organización, el de la administración, del que podemos concluir que es la variable con mayor injerencia en los resultados y la que explica el fracaso consistente de los deportistas mexicanos.

Esto puede verse desde el otro lado: han ido y venido deportistas, han ido y venido jugadores, pero la variable que ha sido mantenida como constante es el tipo de administración y organización. De allí que podamos intuir que ella es la responsable de los resultados en mayor proporción que las demás.

Lo que ofrezco en esta segunda opinión es, por tanto, una tesis muy sencilla. Los malos desempeños que en general han tenido los deportistas mexicanos se deben proporcionalmente mucho más a la manera en la que el deporte se maneja y organiza, que a la capacidad física de los deportistas mismos.

Es decir, cuando un deportista falla en una olimpiada, por ejemplo, esa insuficiencia es más atribuible a la organización que respaldó al deportista que al deportista en sí. Los errores de esa organización o administración del deporte, según esto, es lo que primero debe modificarse para resolver el problema y si se quiere lograr esto, deben determinarse cuáles son esos errores… lo que sin duda amerita un estudio de algún consultor en administración.

Aquí me limito a proponer posibles ideas acerca de cuáles son esos errores y el más obvio de ellos es que se trata de una administración centralizada en manos estatales. Los gobiernos no son buenos administradores, ni sus miembros tienen incentivos para hacer un buen trabajo.

Hay en sus instituciones más grilla que trabajo y más deseos de presupuesto que de resultados. Allí los contactos y el nepotismo suelen predominar sobre el talento y la capacidad.

Más aún, las miras de esas instituciones no van más allá del tiempo que el burócrata cree que durará en ese puesto, lo que imposibilita el desarrollo de planes de largo plazo. Bajo este esquema, por diseño debe esperarse una serie de resultados consistentemente por debajo del potencial de los deportistas.

El camino general de la solución, creo, apunta fuertemente hacia la desestatización del deporte y hacia su desconcentración en instituciones estables en el plazo largo.

No entro en detalles porque no tengo el conocimiento para hacerlo, pero sí insisto en una realidad que me parece obvia: la falla del deporte mexicano está localizada mucho más en su modelo de organización y de administración que en las cualidades del deportista mismo.

Y es que al deportista le sucede lo mismo que al ciudadano mexicano común. No creo que él sea menos talentoso que las personas del resto del mundo y si en México tenemos un nivel de vida bajo eso se debe a gobiernos, cuyas políticas y decisiones obstaculizan el potencial del ciudadano.

Somos los mexicanos como deportistas compitiendo en esta globalización pero nuestra organización es muy mala debido a una serie de gobernantes que sólo piensan en sí mismos y a la corta.

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