Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Otro Defecto, la Avaricia
Eduardo García Gaspar
28 junio 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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La idea de que los preceptos morales producen bienestar material no es nueva, pero es algo que parece ser escasamente conocido.

En tiempos que por mucho son vistos como de una exigua moralidad de negocios y las universidades incluyen cursos de ética empresarial, me gusta quitarle el excesivo refinamiento y acudir a las bases del asunto.

En otra columna pasada, escribí acerca de la soberbia. Déjeme ahora tratar sobre otro de los pecados capitales, la avaricia.

La más sencilla de sus definiciones es la del deseo desordenado de acaparar y acumular riquezas, lo que traducido a un medio de negocios quizá sea explicado en la obsesión con los resultados financieros. El tema es fascinante y debe tratarse con cierta sutileza. Antes que nada, hay que dejar una cosa en claro.

La empresa debe ganar dinero, tener utilidades. Eso es una medida de su éxito y una indicación del uso eficiente de sus recursos. Sobre esto no puede haber argumentación en contra. Más aún, las utilidades son “un costo” de los negocios, algo que ellos deben tener para sobrevivir.

En otras palabras, tener utilidades es parte de la función social de las empresas. Una vez establecido lo anterior, hay que ir más allá e intentar determinar cuándo el tener utilidades se torna en avaricia. Los casos extremos son sencillos de detectar.

Por ejemplo, el caso de la empresa que miente en su producto, prometiendo que hace lo que no hace, y lo vende como si lo hiciera con la intención clara de obtener un precio más elevado.

Casos como éste son obvios y están asociado con otros vicios, como la mentira. Pero el problema está en los casos borrosos y vagos. Pongo un caso que conocí. La empresa en cuestión necesitada con urgencia renovación de equipo, sin que ello fuera puesto en duda por su propietario.

Sin embargo, él se negó a comprar el nuevo equipo argumentando tener escasos recursos, lo que era falso a todas luces, dados los gastos personales que hizo posteriormente. Todo terminó en una tesorería que fue mermándose por la falta de productividad debida a equipo anticuado.

Igualmente, las empresas puede recibir presiones para maquillar sus estados financieros y hacerlas ver como mejores de lo que son.

O bien para dar resultados más pronto de lo que es razonable. Le digo, los casos de avaricia son muy sutiles y constituyen un terreno muy resbaladizo. Uno de los casos más claros que he visto fue el gasto innecesario en una serie de partidas de lujo, cuando era más necesario una elevación de los bonos de desempeño del personal.

La lección no es sencilla de ver. Pero se puede señalar lo siguiente. El acaparamiento sin sentido de recursos es una falla obvia que pone presión no necesaria en la operación de la empresa al negarle recursos que la mejoren.

Sin embargo, cada caso debe ser visto individualmente y eso no es evidente, pues una decisión de apariencia avara puede ser una de previsión de riesgo futuro.

Lo contrario de la avaricia es la generosidad y ello nos puede dar una clave del principio a seguir en los negocios: asignar partidas a lo que es necesario para la empresa y su mantenimiento, sin dar mayor consideración a aspectos de apariencia y resultados de corto plazo solamente.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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