Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Piel Muy Delgada
Eduardo García Gaspar
22 marzo 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Hay muchas opiniones acerca de las diferencias de los ejecutivos mexicanos con respecto a sus colegas de otras partes del mundo. Algunas opiniones son favorables y otras no lo son.

Por ejemplo, se habla mucho de la creatividad y el ingenio de los administradores mexicanos al mismo tiempo de su extrema sensibilidad a la crítica.

Profundicemos un poco más en esto de tener una piel tan delgada que cualquier crítica es tomada como un insulto personal.

Me parece, de acuerdo con mi experiencia, que esa opinión es cierta. Sí, los ejecutivos mexicanos en promedio no suelen tomar bien las opiniones que evalúan sus trabajos.

Posiblemente esto se deba a no hacer una separación clara entre la persona y su trabajo. En promedio, por tanto, afirmo que los ejecutivos mexicanos son más sensibles y emotivos cuando alguien expresa una opinión negativa acerca de algún trabajo que han realizado.

Cuando alguien evalúa su trabajo y lo hace señalando puntos negativos, la reacción más común es tomar esa evaluación como una humillación dolorosa. Con los ejecutivos extranjeros que he tratado no sucede eso en la misma proporción.

Supongo que esto que digo sea aceptado por usted como una generalización cierta. Tomando eso como verdadero, el paso siguiente es averiguar las causas de esa reacción tan emotiva.

Una de ellas es sin duda lo que dije antes, la carencia de un criterio de separación entre la persona y su trabajo. Cuando esa separación no se tiene, todo lo que se diga sobre una persona, bueno o malo, va a ser tomado en los límites extremos.

Pero sigamos más a fondo, para hablar de otra causa, una que usualmente es poco señalada.

Me refiero ya no a la persona que recibe la evaluación del trabajo que hace, sino al ejecutivo superior que realiza la evaluación. Hay en esa persona, mucho me temo, una buena cantidad de culpa de la reacción emocional del evaluado.

Lo que digo, a las claras, es que el ejecutivo mexicano, en promedio, no tiene una buena capacidad para evaluar el trabajo desarrollado por los que están bajo su mando.

Y si no tiene esa capacidad, sus evaluaciones producirán reacciones negativas en los subordinados. No solamente no mejorará el trabajo los subordinados, sino que empeorará su actitud.

La lección de esto es sencilla. Me parece obvio que los ejecutivos deben dominar la técnica de ofrecer retroalimentación acerca del trabajo de sus subordinados, un tema escasamente tratado hasta donde yo sé. Digo, porque después de todo, creo que la administración es más el evitar errores que el tener aciertos.

Cuando el superior logra en sus subordinados un actitud favorable, no sólo se dejan de tener errores, sino que sin quererlo se empiezan a tener aciertos.

Todo porque una buena retroalimentación sobre el trabajo realizado es en el fondo un sistema de aprendizaje continuo que eleva la calidad del trabajo realizado. Aprendizaje no nada más del supervisado, sino del supervisor también. En otras palabras, no haga lo que ese ejecutivo que vi hace ya muchos años.

A todo el mundo gritaba ese hombre, desesperado, cada vez que alguien cometía un error, con la consecuencia de que, al final, los errores se le ocultaban, lo que produjo una mayor cantidad de errores suyos y de los demás.

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