Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Plena campaña
Eduardo García Gaspar
13 julio 2004
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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(Este artículo fue escrito y publicado antes de la noticia de ayer, en la que la primera dama se descartó de la carrera presidencial de 2006, lo que cambia en algunos puntos la tesis de esta columna. Sin embargo, su esencia se mantiene: los gobernantes mexicanos están en plena campaña presidencial y eso daña al país)

En pocas palabras, me parece razonable decir, en México no hay noticias políticas sino campañas políticas, que son cosas distintas.

Creemos que lo que sucede son noticias, como la renuncia de Alfonso Durazo del equipo de la presidencia, pero no. Ese suceso, como la mayoría de los eventos que reportan los medios, sobre cuestiones federales, son parte de las campañas políticas… y no nos damos cuenta de la diferencia.

Déjeme ofrecer una prueba rancia de eso que digo y una nueva.

Las ruedas de prensa del jefe de gobierno capitalino, su frecuencia y su contenido, son parte de su campaña presidencial.

Aunque los medios las reporten como noticias, no lo son, son eventos de campaña electoral… donde por cierto, llama la atención la ingenuidad de los medios al no entender esta diferencia, con el resultado de que ellos pasan centenas de comerciales gratuitos para ese candidato presidencial.

La nueva prueba que le ofrezco es el asunto de la renuncia de Durazo, un tipo con puesto poco importante, cuya renuncia hubiera pasado desapercibida de no ser por una carta de renuncia de 19 páginas.

El más simple de los sentidos comunes indica dos cosas: ninguna carta de renuncia puede ser mayor a una página, dos máximo, y ese puesto implica un contrato implícito de confidencialidad.

Cuando se renuncia a un puesto, no existe posibilidad de escribir más de esas dos páginas que le digo como máximo y en ella se corren las cortesías normales de agradecimientos y cosas por el estilo. Eso es lo normal.

Pero cuando se tiene un caso que se sale de ese estándar, hay que pensar dos veces… allí hay algo muy extraño porque la carta se hace pública y Durazo viola su compromiso obvio de confidencialidad. En mi mente, esto es otro evento de campaña y nada más.

Mi teoría de que no hay sucesos políticos sino eventos de campaña que tienen el disfraz de acontecimientos está corroborado por la enorme cantidad de menciones que existen en cuanto a que la carrera por la presidencia en 2006 ya comenzó y tiene buen rato de haberlo hecho.

Examinemos ahora las consecuencias de esta realidad.

La más natural de ellas es la del descuido de las prioridades nacionales. Olvídese usted de que suceda algo importante en la lucha contra el crimen. La única lucha que se tendrá es la de los contendientes por la presidencia. Olvidémonos de las reformas necesarias, de la competitividad mexicana, de todo eso que se nos urge.

Nuestros políticos están inmersos en otras cuestiones y esto me lleva a considerar a la primera dama y al jefe de gobierno del DF. Sin duda alguna ambos están en campaña y por lo tanto merecen tratos simétricos, es decir, una crítica igualmente dura por fomentar deliberadamente un ambiente en el que toda la población mexicana padece los efectos de sus ambiciones personales. ¿Qué deberían hacer esos personajes?

Como dicen en el rancho, deberían ponerse a trabajar en lo que deben hacer. La primera dama debería ser eso y no la primera candidata. El jefe de gobierno debería ponerse a gobernar esa caótica ciudad y no ser el jefe candidato. Cien millones de mexicanos se los agradeceríamos de todos corazón.

A esto hay que añadir otra consideración. De todos los políticos hay uno solo que no está en campaña y al que no le importa estarlo. Ése es el presidente. Pasó él ya por su campaña, ganó las elecciones y tiene que gobernar. En buena parte, por tanto, el que quiere gobernar se enfrenta a una situación en la que no lo puede hacer porque uno de los candidatos es su esposa y atacarla es parte de los eventos de las campañas de los demás.

El efecto neto de esto son ataques gratuitos a Fox por causas de las campañas políticas de otros. Entonces, el primer presidente de oposición de por sí recibiría ataques de la oposición en el vaivén normal de la política.

Pero esos ataques se multiplican por una causa que no tiene sentido práctico: la obvia e innecesaria candidatura de la primera dama. Es un caso de extraordinaria miopía por parte de esa dama y un caso de descomunal sed de poder por parte del otro. Ambos, son seres que no ven más allá de sus narices.

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