Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Préstamos Bancarios
Eduardo García Gaspar
17 marzo 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La frase eternamente repetida de que los bancos no prestan a quien lo necesita sino a quien no lo necesita, es en realidad una falsedad que por reproducción frecuente ha llegado a creerse cierta.

Por eso, no cae mal intentar una segunda opinión al respecto de este clisé que también resulta imposible de resistir.

La idea central de esa frase es pensar que los bancos gustan hacer préstamos a quienes no necesitan que les hagan préstamos. O visto del otro lado, quiere decir que a esos que no necesitan dinero prestado les gusta obtener crédito.

Con eso se demuestra lo quimérico de esa frase. Si el banco y el cliente se ponen de acuerdo en otorgar y recibir un préstamo, eso necesariamente significa que ambos logran un beneficio. No hay de otra.

Pero sí hay más. Veamos el caso de una persona, la que sea, que acude a un banco a pedir dinero por cualquier motivo.

Sin duda, debe tener una razón sustentada en un beneficio que la persona busca. Ella necesariamente piensa que lo que hará con el préstamo producirá provechos de una magnitud tal que le permitirá pagar los intereses y el principal, quedando un remanente a su favor.

De lo contrario no pediría un crédito.

Hasta aquí vemos la conducta del acreedor potencial, pero queda por ver lo más curioso, que es la conducta del banco. El banco no maneja recursos propios, una realidad pocas veces reconocida. Maneja dinero ajeno, que presta a un cierto costo y que tiene que devolver a sus depositantes cuando éstos lo soliciten y sin condiciones.

Esta realidad obliga al banco a ser en extremo cuidadoso, es decir, a evaluar muy bien a las personas a las que presta y los proyectos para los que se necesita el crédito. No es difícil entender esto.

El banco, por tanto, va a tener gran circunspección evaluando a la persona a la que le dará el crédito, lo que es positivo para los depositantes del banco.

Todos los clientes del banco saldrán beneficiados con esa actitud. Más aún, el banco evaluará muy de cerca el proyecto al que se destinará el préstamo, seleccionando los proyectos que más probabilidades de éxito tengan. Tampoco es difícil de entender esto.

Lo curioso es lo que sucede actuando así. El banco seleccionará los proyectos con más probabilidad de éxito y esos son los proyectos que más beneficio tendrán para los ciudadanos, los que producirán bienes y servicios que más se necesitan.

Porque los productos que más se necesitan son los que más éxito tendrán, más aún si están manejados por personas con calidad moral y experiencia. Resulta así que cuidando el “a quién” y el “para qué”, todos salen beneficiados, los depositantes, pero también el resto de la gente.

Todo porque los créditos tenderán a irse a los proyectos con acreedores más confiables que tienen los proyectos más prometedores que producirán bienes y servicios que se necesitan en el mercado. No está nada mal el asunto.

De hecho, está tan bien, que resulta ser un mejor uso de recursos escasos de capital que los préstamos subsidiados dados por el gobierno, en los que no existe ese cuidado en la selección de proyectos y de personas.

Por tanto, esa frase de que los bancos prestan a quien no lo necesita es literalmente falsa de cabo a rabo. Desde luego, puede alguien necesitar un préstamo y quejarse con amargura de que el banco no se lo otorga, pero el hecho de desear un crédito no es condición única para obtenerlo.

Se requiere además tener un buen proyecto, algo que aunque con riesgo tenga probabilidades altas de producir algo que se venda… y resulta que si se vende bien es que se necesitaba y si se necesitaba es que los compradores de lo producido salen beneficiados.

Todos salen beneficiados, todos, en buena parte debido a la manera en la que los bancos evalúan los riesgos de los créditos que otorgan.

En un mundo de recursos escasos, la mejor política es ser cuidadoso y aprovechar esos recursos en las actividades de mayor beneficio. Todo, porque al final de cuentas, cuando un gobierno que liberalmente otorga créditos blandos con escasas garantías está desperdiciando capital que pudiera haber sido empleado por una empresa con mejor riesgo.

Detrás de cada mecanismo de un mercado libre, en realidad, existen instrumentos muy sabios y lógicos que benefician a todos.

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