Dentro de la política, es muy natural, cada gobernante jala agua para su molino e interpreta la realidad hasta llegarla a distorsionar haciendo que ella se ajuste a sus preconcepciones.

Uno de esos asuntos, desde luego, es el de las pensiones en México, la necesidad de su ajuste en los casos de trabajadores de paraestatales y la reacción de esos trabajadores. Estos trabajadores se defienden argumentando que existen otras deudas indebidas del gobierno, como el rescate bancario, el de carreteras y similares.

Siendo su servidor de naturaleza escéptica ante los reclamos de todo político y más aún de todo sindicato, pude averiguar lo siguiente acerca de estos temas. Los datos vienen del Banco Mundial, en un documento llamado Revisión del Gasto Público, realizado para el gobierno mexicano y publicado en agosto de este año.

Es otro caso de una publicación que arroja luz sobre las cuestiones mexicanas y que ha pasado desapercibida hasta donde sé.

En la sección llamada Viabilidad de la Deuda, el documento da datos que iluminan estas cuestiones. Vamos paso por paso.

Primero, el monto de la deuda formalmente emitida por el gobierno es el 21 por ciento del PIB. Esta es una realidad y, en opinión mía, un monto muy grande para quien tiene una mentalidad cómo la mía de libertad económica, pues los gobiernos no deberían entrar así al mercado de dinero. Pero aceptemos que eso existe.

Segundo, la deuda que el documento llama “fuera del presupuesto para la reestructuración del sector financiero de 1995, para rescates de autopistas anteriores (FARAC) y para inversión en empresas públicas (PIDIREGAS)” tiene un monto igual, es de 21 por ciento del PIB. Otro monto considerable.

Sin embargo, la cuestión que debe plantarse es la de si son pagables esas dos deudas. El documento dice que sí, que bajo supuestos razonables, esta “deuda con intereses es fácilmente sostenible, tanto en el sentido de no excluir una parte importante del gasto del programa como en el sentido de lograr que el acervo de deuda decline como participación del PIB.”

Son buenas noticias, esas dos deudas son manejables y pueden disminuir.

Pero el problema es que el gobierno tiene otras deudas que no son manejables. El pasivo

“más grande del gobierno es contingente para pasivos de pensiones no financiadas, principalmente en el lMSS para el sector privado formal y en el ISSTE para empleados federales… incluyendo a los maestros federalizados.”

¿De cuánto es este pasivo? El análisis del Bando Mundial lo cuantifica como “tres cuartas partes del PIB correspondiente a un año, aunque esta situación seguramente cambiará una vez que se reforme el ISSSTE.”

Los subsidios actuales al ISSSTE son del 0.2 por ciento del PIB y llegarán a ser cuatro veces mayores en 2020 si no se hace una reforma. Pero hay más.

Los sistemas de pensiones de PEMEX, IMSS (sus empleados) y Luz y Fuerza Motriz del Centro “cuestan más que el ISSSTE (a pesar de que éstos representan una tercera parte de los empleados del ISSSTE).”

La conclusión general usted puede sacarla, pero sin duda apunta en una dirección natural. Los pasivos por deuda pública y deudas contingentes, son manejables, pero sobre todo, no crecen por esencia misma en el tiempo.

Lo contrario sucede con los otros pasivos, los de las pensiones, que son deudas crecientes por naturaleza y, además, cuantiosas. Esta realidad, sin duda, coloca como prioridad primera indiscutible la reforma de las pensiones de esas instituciones.

No significa, obviamente, descuidar la deuda del rescate bancario, pero claramente coloca a esta deuda como una segunda prioridad muy alejada de la primera y más aún, invalida el argumento usados por quienes se oponen a las reformas de pensiones aduciendo que el rescate bancario es más grande. No lo es y no está creciendo.

Las pensiones son mayores y crecen. Es así que con datos razonables, “duros”, es posible sacar conclusiones que también lo son. De entre los dos problemas de deuda que se presentan, hay muy pocos dudas acerca de cuál es mayor y debe ser atacado de inmediato. Podrán esgrimirse que el rescate bancario debe ser revisado y con razón, pero no puede justificarse que es mayor ni que debe ser revisado antes.

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