Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Religión y Política
Eduardo García Gaspar
19 julio 2004
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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El candidato a la presidencia del partido demócrata es católico y como tal, dijo estar de acuerdo con la idea de que los abortos son algo prohibido.

Sin embargo, en su papel político ha apoyado medidas a favor del aborto. El partido demócrata favorece el aborto, mientras que los republicanos se oponen, como tendencia general de ambos.

De la postura de John Kerry se ha derivado una discusión interesante en el sentido de que resulta contradictorio que sus creencias religiosas le lleven a una posición en contra del aborto, al mismo tiempo que sus acciones políticas le hayan llevado a exactamente la posición opuesta.

Ha habido cierta discusión al respeto en los EEUU, con algunas críticas fuertes que reclaman esa contradicción y ambivalencia intelectual, no conveniente a persona alguna.

El caso de ese candidato norteamericano pone sobre la mesa un asunto por demás notable, que debe verse a la luz del principio de sobra conocido y que establece la separación de la iglesia y el estado.

La noción de esa separación tuvo su nacimiento muy formal en la Carta de la Tolerancia de John Locke hace ya varios siglos. Se establece en ese texto que la religión tiene la misión de salvar a las almas y los gobiernos tienen la misión de proteger los derechos y las posesiones de los ciudadanos.

Esto ha sido tomado como un principio objetivo, válido y respetable. Sin embargo, puede replantearse pensando en la posibilidad que ilustra el caso de Kerry. Es sin duda real la posibilidad de un gobernante, el que sea, que pertenezca a una cierta religión y que esa religión tenga un precepto obligatorio que le obligue a actuar de cierta manera en política.

Creo que en general serán casos poco comunes, ya que la esencia de los mandamientos de las iglesias, al menos las judeocristianas, están establecidas en la ley positiva de los gobiernos. Las leyes prohíben matar, robar, y demás, lo mismo que hacen los preceptos religiosos.

Pero existen casos en los que una creencia religiosa bien establecida se opone a una posible acción política. En nuestro mundo actual, hay dos casos específicos de esto. La iglesia católica establece como contrario a su fe el matrimonio de homosexuales y el aborto, dos cuestiones que han llegado al territorio de la política.

Resulta obvio, por tanto, concluir que sí hay una separación iglesia-estado, pero que ella es una separación que no es absoluta. Se unen no de manera institucional tanto como de forma personal y eso sucede en los casos de gobernantes pertenecientes a un credo y que tienen que decidir sobre campos en los que su religión tiene creencias muy establecidas y claras.

Las religiones no tienen una creencia dogmática sobre, por ejemplo, la política de tasas de interés o de manejo del corto. Pero sí tienen creencias dogmáticas, en algunos casos, como el que trato: un gobernante pertenece a una religión que le manda obedecer un precepto que él puede violar con su acción en la política.

Puede, por ejemplo, votar a favor de leyes que fomenten el aborto a pesar de que su religión manda lo contrario. Lo que se ve de inmediato es que hay influencias mutuas entre la religión y la política y de que eso es real.

¿Cómo tratar esos casos? Con pinzas, entendiendo que la responsabilidad cae en la persona individual y no en las instituciones.

Comprendiendo que es un asunto ajeno a, en este caso, la iglesia católica y el gobierno de los EEU. Estableciendo que es una materia única de decisión personal del gobernante en particular, que es un asunto de su conciencia.

Desde luego, una iglesia, la que sea, puede establecer una posición propia y difundirla en una nación sobre un asunto que le atañe, como el del aborto, pero hasta allí puede llegar una iglesia. El resto pertenece al fuero interno de los gobernantes que votarán la ley.

Si son congruentes con sus creencias religiosas o no, eso será su responsabilidad personal ante Dios.

Lo que he pretendido mostrar en esta segunda opinión es que esa separación iglesia-estado, que se cree es un principio muy simple, en realidad puede llegar a ser una noción bastante compleja, que en casos concretos requerirá de análisis más sutiles y complicados.

Esa separación es imposible y ridícula si se desea llevar a su extremo total, porque en los asuntos de los grandes principios la religión y el gobierno tienen un tronco común de creencias iguales.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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