Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ricos y Pobres
Eduardo García Gaspar
19 febrero 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Mucho me temo que la nuestra sea una época en la que tengamos una terrible obsesión de pensar en ricos y en pobres bajo una perspectiva totalmente materialista. Todo un clisé.

Pongo un ejemplo que siempre me ha llamado la atención y que viene a cuento por ser tratada en el Evangelio del domingo pasado de la misa católica.

La lectura es de Juan y tiene palabras como las siguientes que selecciono para enfatizar mi punto.

“Dichosos ustedes los pobres… Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre… Pero, ¡ay de ustedes los ricos… ¡Ay de ustedes los que se hartan ahora…¡”

Éste y otros pasajes de los Evangelios han sufrido un proceso de materialización que es demasiado común y erróneo dentro del contexto claramente espiritual de esos textos.

La equivocación a la que me refiero es el de suponer que esos pobres y esos ricos lo son exclusivamente en términos materiales, definidos sólo como el monto de su ingreso o de sus posesiones terrenales. Sin duda, esas escrituras van bastante más allá que esa visión estrecha y materialista.

Digo, porque al final no puedo imaginarme que al llegar con San Pedro a las puertas del cielo, él pregunte cuál es el saldo en nuestra cuenta de cheques y sobre esa base decida aceptarnos o rechazarnos.

No puedo imaginarme a San Pedro decir, “Tú que tuviste un saldo promedio inferior a los 5 mil pesos puedes entrar al Cielo, tú que ni siquiera tuviste una cuenta de cheques también puedes entrar, pero tú que mantuviste saldos promedio superiores a los 20 mil, vete de aquí.”

La pobreza y la riqueza en los Evangelios no pueden ser “materializados” de esa manera. Puede alguien ser muy rico en términos materiales y al mismo tiempo ser rico también en gracia divina, comportándose en perfecta concordancia con los mandamientos y las bienaventuranzas.

Y puede alguien ser muy pobre, al mismo tiempo que está alejado de los Mandamientos y lleva una vida escandalosa y desordenada. Esto puede verse más analíticamente.

Los pobres pueden llevar vidas congruentes con las enseñanzas divinas y pueden no llevarlas. Eso mismo sucede con los ricos.

El mal no está en las cosas de afuera, sino en las de adentro, las del corazón, como se lee en el Evangelio del domingo anterior al pasado. Esto me lleva a creer que la pobreza o la riqueza a la que se refieren los evangelios es la interna, la personal, la que está dentro de cada uno de nosotros.

Rico es el que tiene Jesucristo en el corazón, pobre es el que lo ha rechazado. Esta pobreza no es la terrenal que nos han querido enseñar en las interpretaciones materialistas de los evangelios y no se remedia con leyes fiscales que hagan pagar más a los materialmente ricos, ni con políticas redistributivas de economía.

Por esta manera de pensar es que me inquietan las personas, y más los sacerdotes, que han optado por creer que la Sagrada Escritura apoya políticas económicas de intervención gubernamental.

Sigamos yendo más a fondo para ver otra faceta de esto. Si en esta vida terrenal la persona llega a gozar de algún nivel de bienes materiales, por decisión propia debe sentir la responsabilidad de con ellos ser una herramienta de ayuda y caridad a quienes no tienen esas comodidades físicas.

No es algo reservado a millonarios, sino a todos los que están en una posición de hacer algo por los demás y que incluye también a personas en ingresos medios y bajos que tienen esa posibilidad. La pobreza material no es excusa para dejar de hacer el bien.

Por el lado de quienes tienen ingresos que los colocan en situaciones más o menos desahogadas, se debe tener la precaución de evitar el depender de las cosas materiales y aceptar la idea de que con más capacidades se tienen mayores responsabilidades. Mi punto es sencillo en esta segunda opinión.

Esos ricos y pobres de los que hablan los Evangelios son algo mucho más allá de su interpretación material. Esa pobreza y esa riqueza deben ser vistos a la luz de los bienes espirituales, pues tan miserable es el pobre como el rico que carecen de la luz de Jesucristo. El materializar esas definiciones tiene el defecto de olvidar esa luz divina.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Ricos y Pobres”
  1. victor hernandez gomez Dijo:

    pude encontrar claridad,en la verdad. Y la verdad es que devemos enriqueser nuestras almas, Jesucristo. NOTA DEL EDITOR: no puede estarse en desacuerdo con lo anterior, pero si hubiera sido escrito con la ortografía correcta, habría sido mucho mejor.

  2. Jorge Cubría Dijo:

    En los primeros tres siglos, el cristianismo fue atractivo para los desposeídos materialmente, pobres porque tenían poco dinero, esclavos y bajos en la escala social. El cristianismo les fue atractivo porque les prometía el paraiso después de la muerte y la venganza con los que tenían dinero y poder, los cuales no entrarían al reino de los cielos. Al adoptar Constantino el Cristianismo, se empezaron a desarrollar una serie de sofismas para poder conciliar la incongruencia que representa el que los ricos puedan ser cristianos. NOTA DEL EDITOR: demasiado simple; desde los primeros años hubo cristianos de todo tipo y no había concepto de “venganza” sino de consuelo en la vida siguiente; no había incongruencia entre riqueza y cielo propiamente, sino entre apego a la riqueza y caridad. Quizá usted esté “materializando” los textos evangélicos, que es lo que la columna combate.





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