Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Robo de Ideas
Eduardo García Gaspar
1 noviembre 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En mi experiencia, el robo de ideas dentro de una empresa no es una situación común. Aún así, conviene echarse un clavado en el tema, porque si bien puede que no sea frecuente, sí es una de las peores situaciones por la que se puede pasar.

De entrada, como en todo acto humano, debe pensarse en la conciencia del acto.

Es decir, es posible que no haya intención o que no haya conciencia en ese acto por el que alguien se apropia de la idea de otro. Puede suceder esto sin culpa de nadie, por simple casualidad. Desde luego, la sospecha inicia con el segundo caso de plagio de una idea.

La tercera vez que eso sucede, ya no hay sospecha sino certeza. Pero puede suceder que el robo sea tan descarado y claro, que a la primera se trata de eso, de un robo. ¿Qué hacer en estos casos?

No lo sé con seguridad, pero es posible derivar reglas de un caso que me narró un buen amigo, a quien le tengo amplia confianza. Contó él una idea que mencionó en público, durante una reunión con más de diez personas y que provocó tal reacción que de inmediato comenzó la toma de decisiones para llevarla a cabo.

No quiso él entrar en detalles, pero debió ser algo grande. De allí, las acciones se volvieron un torbellino de tal magnitud que alguien decidió llamar a la cabeza de la empresa para “pedir permiso” de esas acciones. Pudo haber sido a propósito o no, pero el hecho es que quien llamó para esa autorización se llevó el crédito de la idea y no su real autor, mi amigo.

¿Qué hizo él? Nada. Se contentó con los obvios beneficios que su idea logró y dejó el crédito en el otro, a quien nunca reclamó pero en quien nunca más confió totalmente. ¿Hizo bien?

Quizá, porque según pudo averiguar, el robo había sido tan notorio que otros lo habían notado y llegó a ser parte de los chismes de pasillo. Él se quedó con el crédito ante los que sabían, pero la cabeza de la empresa nunca lo supo y esa medalla nunca le fue colocada oficialmente.

¿Hizo bien en quedarse callado? Tal vez no, pues la situación fue grave y debió haber hablado con quien le robó la idea. En mi opinión, quedarse callado es un error en la mayoría de los casos. Hablar es dejar un antecedente abierto y conocido, que es público y puede ser de utilidad en el futuro. Callar es lo contrario y de cierta manera significa renunciar.

¿Cómo hablar con el ladrón de la idea? De cualquier manera, pero nunca en caliente ni con violencia. Una vez pasé por un caso similar y mi opción fue hablar amistosamente, con claridad pero amablemente, con una extrema brevedad y, sobre todo, sin esperar respuesta ni una discusión al respecto.

Se trata sencillamente de dejar clara una idea y eso no toma más de tres minutos. En mi experiencia, los casos más comunes de esto son los que se dan en reuniones de gran participación y en las que la paternidad de las ideas es difícil de asignar, pues ellas sufren allí mismo un proceso de afinación y modificación en pocos minutos.

La real en estos casos es sencilla, aceptar que no hay “padres” de las ideas que de allí salen y si alguien reclama su autoría, ése es otro caso de robo. El tema es importante, porque reconocer al autor de las ideas es el primer paso para incentivar su generación y sin ideas las empresas no podrán funcionar. No es complicado de entender.

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