Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sé tú Mismo
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue gracias a un buen amigo que me llamó la atención sobre esa frase, que pude darme cuenta de la existencia de una idea que a fuerza de ser repetida termina por ser creída. Hemos todos escuchado esa frase de “sé tú mismo” en programas de televisión y en conferencias de muchas personas.

Lo que se afirma es que es mejor aceptarse como uno es y que respetando eso, puede lograrse ser mejor. Puede ser, pero sólo bajo ciertas circunstancias.

Es posible imaginar al “mochaorejas” o a Osama bin Laden escuchando una conferencia de algún motivador profesional y oyendo esa frase de “sé tú mismo” con una enorme alegría, que le llevará a decir que lo que a él le agrada hacer, lo puede seguir haciendo.

Ése es el extremo, desde luego, pero muestra lo absurdo de plantear la recomendación de respetar lo que uno es, si eso que se es resulta negativo. Por ejemplo, quizá alguien en extremo perezoso encuentra que eso es legítimo e incluso positivo.

Nadie está exento de malos hábitos y gustos alejados de lo conveniente, mismos que encuentran una justificación válida en eso de “sé tú mismo.” Quien sin una mínima preparación oye a algún experto hablar de ser uno mismo, acaba por carecer de motivos de superación. Todo porque representa la resignación extrema ante lo que se toma como inevitable.

Si eres deshonesto, sigue siéndolo. Si bebes demasiado, continúa como vas. Es muy superior otra frase, la de “conócete a ti mismo.” Esta idea, recuerdo vagamente, era una leyenda inscrita en uno de los templos de la antigüedad griega y quizá haya sido la frase favorita de Sócrates.

La frase encierra más riqueza, pues ensalza el conocimiento y lo coloca en uno mismo. No hay aquí aprobación explícita de nada, sino sencillamente se exalta la virtud de conocerse. Me parece que es cierto que una buena parte de los mensajes que recibimos en los terrenos de los consejos, las exhortaciones y las reflexiones, es basura.

Son frases que suenan bien y que por eso se repiten sin mucho pensar. Pasan así a formar parte de la sabiduría popular principios que tienen el mismo sustento que las arenas movedizas. “Conócete a ti mismo” nos lleva a meditar sobre lo que somos, lo que podemos ser y lo que debemos ser.

En cambio, “sé tu mismo” nos empuja a lo que somos y podemos ser, sin consideración alguna de lo que debemos ser. Este olvido es mayúsculo como pocos, pues a la larga en el mejor de los casos produce mediocridad.

Y en el peor, crea legitimidad para los peores hábitos y conductas. A lo que voy en esta segunda opinión es a señalar lo que me parece obvio que está sucediendo desde hace buen tiempo.

Nuestra manera de pensar está más influida por los valores que nos urgen a seguir siendo lo que somos, que por los principios que nos llaman a ser lo que debemos ser. Esos llamados irreflexivos a la democratización de todo no son otra cosa que el forzar nuestra conducta a lo que el resto es y no a lo que uno debe ser.

Y eso produce satisfacción con la realidad, la que sea, olvidando que lo que nos mueve es la aspiración a ir a lo que debe ser.

Poniendo esto es otras palabras, quizá pueda decirse que vivimos en una atmósfera que promueve la mediocridad y que aniquila la superación. El “sé tú mismo” es una invitación a ser lo que ya somos sin ninguna garantía de que lo que somos vale la pena.

Es la oficialización de lo que cantaba John Lennon en Imagine, “no hay nada por lo que vale la pena luchar.” ¿Qué es lo que causa ese medio ambiente de satisfacción con lo mezquino y mediocre?

Según mi amigo hay una buena explicación en la pereza intelectual de mucha gente que queda complacida con entretenerse viendo algunos programas de TV y quejándose de que ella no sabe más porque nadie se ha preocupado de venirle a enseñar… cuando es esa gente la que debe tener la iniciativa de ser mejor.

Es la vieja historia del que se lamenta de que ningún sacerdote se ha preocupado por instruirle en las creencias de su religión y permanece sentado en espera de que alguien llegue a su casa a traerle lo que él por pereza mayúscula no busca.

Siendo el mismo que es, nunca llegará a lugar alguno. Si cuando más importante es el tema más aburrimiento produce, como decía un profesor mío, la columna debe haber producido una buena cantidad de bostezos.

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