Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Semillas Malas
Eduardo García Gaspar
11 agosto 2004
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Ha sido dicho que una gran parte de lo que las personas pensamos ha sido escrito en libros que jamás hemos leído y que consideramos las piezas de literatura más aburridas del mundo.

Muy pocos han leído a Locke, a Platón, Aristóteles, a Tocqueville y a muchos más, pero ello no quita que sus ideas afecten a las nuestras.

Por ejemplo, si pensamos que la democracia es buena, eso se debe en buena parte a las ideas de Montesquieu y su obra El Espíritu de las Leyes, más otros autores de los que no hemos oído mucho, como Popper, Sartori y otros.

Reuniendo lo anterior con una verdadera casualidad reciente, me gustaría mostrar un ejemplo de una idea contenida en un documento que dos personas me hicieron llegar por conductos diferentes.

Lo que quiero hacer en esta segunda opinión es mostrar que las ideas tienen consecuencias aún en personas que no las hayan leído o que si lo hicieron, como yo, no pensaron en sus efectos. La idea a la que esta persona llamó mi atención dice literalmente lo siguiente.

”Las diferentes religiones… tienen la obligación ética y religiosa de democratizar sus estructuras de funcionamiento interno. De lo contrario no tendrán autoridad moral para exigir democratización a la sociedad. Ninguna teología ni sistema religioso debe justificar que unas personas actúen en nombre de otras suplantando la libre voluntad de nadie en nombre de ningún principio religioso o ético.”

Después de un buen regaño por parte de esta persona, ella procedió a explicarme la idea de ese párrafo. Lo que sigue es su análisis, con el que estoy mayoritariamente de acuerdo.

Me dijo que el reclamo que hace ese párrafo es el democratizar a las estructuras de las religiones, lo que nos lleva a tener que definir qué es eso de democratizar. Lo más razonable, dadas las actuales circunstancias, me dijo, es escuchar a otros, los que están afuera de esa jerarquía eclesiástica de la religión que sea.

Eso no está mal en sí mismo, pues no puede haber institución que puede trabajar sin escuchar a otros, es decir, sin concordancia con la realidad del ambiente en el que existe. Hasta allí no hay problema y resulta ser una idea obvia y vieja, una repetición de cosas dichas hace siglos.

Sin embargo, contiene una noción de enorme peligro si se pretende hacer de las religiones un producto de la voluntad mayoritaria. Me dio esta persona un ejemplo vívido.

Me dijo que podíamos suponer que una religión fuera producto de la voluntad de la mayoría de sus miembros, de lo que resultaría el descontento de la minoría que estuviera en desacuerdo y así la religión dejara de ser monolítica y cambiaría en el tiempo con la volatilidad de la opinión mayoritaria en cada momento.

Eso, me dijo, ya no sería una religión, sino un club de personas que piensan igual. Peor aún, me aseguró, se trataría de un giro absoluto en la definición de una religión. Ella, la que sea, es un cuerpo de creencias a las que se busca unir a las personas por medio de acciones evangélicas y misioneras, pero si esas creencias se democratizan eso significaría que son las personas las que definirían las creencias de esa religión.

Lo contrario exactamente, pues ya no se adoraría a Dios y el mensaje que él dejó en, por ejemplo, el Nuevo Testamento, sino que lo que se adoraría es la voluntad de la mayoría. El hombre terminaría adorándose a sí mismo, me dijo, en una frase que es durísima, aunque no original de él.

Y después de hacerme sujeto de un buen rapapolvo otra vez, comentó que se trataba de un ejemplo interesante de una idea que suena bien, que va a atraer la aprobación de los ingenuos y la escasa atención de los poco atentos como yo.

Y al final terminó esta persona recordándome que hemos hecho de la democracia un ídolo que creemos que remedia todo y que hay cosas, muchas e importantes, en las que la democracia no funciona.

La democracia no determina los descubrimientos científicos, ni las reglas morales, ni los razonamientos éticos, ni las creencias religiosas, ni muchas otras cosas.

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