Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Religión
Eduardo García Gaspar
8 abril 2004
Sección: ETICA, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hace mucho tiempo que un lector me escribió con tono de queja que mis columnas metían demasiadas veces el tema de la religión y que eso no era una práctica aceptable.

La ciencia y la tecnología se habían encargado de separar claramente a la religión del resto de las cosas.

Más aún, añadía esa carta del amable lector, desde la separación de la iglesia del estado, debía respetarse esa distinción de los terrenos religiosos y de los campos humanos de ciencias y estudios.

Le escribí al lector que no estaba de acuerdo con su manera de pensar.

Que si bien había sido positiva la separación de las fuerzas políticas de las religiosas en el campo del gobierno, logrando así una tolerancia religiosa que reconocía la libertad de conciencia, la separación había llegado demasiado lejos… tanto que la separación ha llegado a convertirse en hacer de lado a la religión. Una cosa es dividir un campo de otro y otra cosa muy distinta es ignorar uno de esos campos.

Si se me permite la metáfora, me parece lógico distinguir entre un destornillador y unas pinzas, herramientas que cumplen funciones diferentes, pero se necesitan ambas para reparar algún desperfecto.

Esos arreglos no podrán ser tan bien realizados si una de esas herramientas es de plano descartada… y si lo hacemos, algo saldrá mal.

El Cristianismo, por ejemplo, nos llama a tratar bien a los demás, reconociendo que todos somos hijos de Dios y, por eso, nos hace querer, entre muchas cosas, alcanzar un progreso económico que remedie en todo lo posible las situaciones de miseria que se tienen en el mundo.

Para alcanzar ese objetivo, muchas escuelas de política y economía han propuesto medidas concretas de todos tipos; estas propuestas no están contenidas en los Evangelios ni en texto sagrado alguno, los que no tratan de elasticidad de demanda, ni de utilidad marginal, ni de nada por el estilo. Son conocimientos logrados por el hombre.

El Cristianismo, en esto, entra de nuevo al juego dando principios que nos permitan ver si esas propuestas son congruentes con la igualdad, con la justicia.

Es decir, si se retira a la religión del juego, nos quedamos sin principio de acción y sin criterio moral. La pérdida sería total. Sin religión sería lo mismo recomendar, para crecer económicamente, el robo que la promoción de inversión privada.

Tampoco habría diferencia entre el asesinato para tener menos bocas que alimentar y la educación de las niñas.

Es decir, la religión es una fuente imprescindible. Ella es la principal fuente de moral y no hay más remedio que reconocer que sin ella careceríamos de criterios para orientar nuestras acciones y para calificar nuestras decisiones…. que es precisamente lo que me temo ha sucedido en nuestros días, desde comienzos del siglo 20.

Está bien separar a la religión de las cuestiones del poder gubernamental, pero es un error severo, quizá el mayor cometido, el creer que esa separación equivale a ignorar a la religión. Por eso no puedo desconocer a los criterios religiosos en lo que escribo y si lo hiciera sencillamente no podría tener opiniones sustentadas.

Y no se trata de escribir tratados de teología en estas columnas, sino de tener ideas morales y éticas que sean subyacentes a lo que escribo, o como las llamó C.S. Lewis, “cristianismo latente” en libros y escritos.

La religión me da un perspectiva de vida y de acción, además de darme criterios para evaluar mis decisiones y mis actos. Sin ella estoy perdido.

Es posible pensar que en nuestros días muchos están perdidos también si es que ellos creen que es conveniente quitarse a la religión de encima cuando actúan.

Sin algo que me diga a dónde debo ir y cómo debo de llegar, la vida se torna desordenada. A la religión, me parece obvio en muchos casos, la hemos ignorado totalmente y con ello hemos perdido la brújula.

Sin principios morales, por ejemplo, me sería en extremo difícil reconocer que robar es malo, lo que por extensión me lleva a pensar que impuestos confiscatorios también lo son, al igual que la piratería y los fraudes por pequeños que sean.

Sin religión, en resumen, no tenemos brújulas que nos guíen e seremos fáciles víctimas de la esclavitud de nuestros instintos o de los de otros.

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