Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soberanía Tonta y Vaga
Eduardo García Gaspar
12 enero 2004
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La vaga noción de soberanía sigue estando muy arraigada en demasiadas mentes con influencia en cuestiones políticas, e incluso en buena parte de la población.

La palabra soberanía implica las nociones de autonomía, independencia y emancipación. Por eso es contraria a las ideas de dependencia, sometimiento y manumisión.

Hasta aquí parece no haber problemas de fondo. Pero hay bastante más en este tema. Aceptemos que es positivo ser soberano. No solamente como país, sino como personas individuales.

La cuestión entonces no es si ser soberanos es bueno o malo, sino cómo ser soberanos, libres, autónomos e independientes. Éste es el terreno en el que se dan las discusiones fuertes y sordas.

En esencia hay dos posiciones sobre cómo llegar a ser soberanos a nivel país. La posición más tradicional está muy bien ejemplificada con PEMEX y las cuestiones energéticas.

Bajo la escuela tradicional de pensamiento un país es soberano si en la práctica el gobierno es el propietario de industrias que se consideran estratégicas. La soberanía ha sido definida como propiedad estatal de empresas, al menos de esas que son calificadas como vitales.

Esta interpretación de soberanía es muy fácil de desmantelar.

Si la soberanía es propiedad estatal de empresas cruciales, entonces será más soberano el país que más empresas tenga bajo dominio gubernamental. Será más soberano México si el gobierno es propietario no sólo de todos los energéticos, sino también de la industria alimenticia, la que sin duda es trascendental.

Más aún, si crece la propiedad estatal de empresas, se elevará la soberanía, incluso abarcando sectores económicos de menor nivel estratégico.

Por tanto, bajo esta tradicional manera de pensar, se debe concluir que solamente un sistema económico socialista puede ser soberano e independiente. Por inferencia lógica y necesaria, deberá aceptarse que las economías privadas con comercio libre producen menos soberanía, es decir, la gente vive mejor en Cuba, Corea del Norte, la ex URSS que en Gran Bretaña, Nueva Zelanda y EEUU.

Esa definición tradicional de soberanía, por tanto, carece de lógica y fundamento, lo que no obsta para que sea creída y defendida por muchos.

La otra escuela para entender soberanía es más moderna y se basa en entender soberanía como independencia producida por progreso. Una persona con recursos propios es una persona independiente, más que una persona que no tienen esos recursos propios. Lo mismo sucede a nivel país.

Una nación importante y soberana es una nación que progresa, crece y se elevan sus estándares de vida. Esa nación puede tener un papel internacional de peso y ser considerada una potencia. Cuanto más potencia tenga, más soberana será. El contraste entre las dos escuelas de pensamiento no puede ser mayor.

Para unos, la soberanía equivale a que el gobierno sea propietario de empresas, cuanto más empresas más soberanía. Para otros, la soberanía equivale a progreso y crecimiento, a menos pobreza, a más riqueza. Usted decide quién tiene la razón en este asunto.

Todo lo que he intentado es mostrar que hay dos maneras de ver el asunto y que una de ellas es muy débil en extremo. Tanto que me parece lógico descartarla de principio.

Por mi parte, considero que la definición de soberanía como propiedad estatal de empresas es una de las manifestaciones machistas, muy típica de las canciones rancheras que hablan de que “con dinero o sin dinero sigo siendo el rey”.

Eso es una fantasía ridícula que sólo admite ser una canción de borrachos, pero no una política económica seria. Las personas y las naciones sólo pueden ser independientes en la medida en la que tengan niveles importantes de recursos y de progreso.

Si no es así, se tendría que concluir que Inglaterra es igual o menos importante que Somalia, que EUA es igual o menos soberano que Camerún y que Bill Gates tiene igual o menos independencia que Don Elpidio (Don Elpidio servía el café hace muchos años en una oficina en la que trabajé y ganaba dos salarios mínimos).

La aceptación de una de esas dos posturas será causa de lo que México sea, un pobre que presume de soberano o una potencia soberana.

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