Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sobraría el Cerebro
Eduardo García Gaspar
8 junio 2004
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Mi primer golpe brutal con el concepto de rendir cuentas fue hace bastante más de 10 años, seguramente 15 o más, cuando escuché a una persona hablar de la ventaja que era tener un trabajo en el que no había jefes a quienes responder.

La persona era un ejecutivo de una empresa de seguros y así trataba de convencer a posibles candidatos a agentes de esa industria, usando el argumento de tener un negocio en el que uno es su propio jefe y no hay quien rendir cuentas.

No creo que exista ninguna posición en la vida en la que las personas dejen de tener a alguien a quien reportarle. Ninguna.

Siempre existe alguien a quien rendirle cuentas, incluso en el negocio del que uno es dueño. Si usted es el propietario de su negocio, tendrá que rendirle cuentas a sus clientes y atenderlos, tendrá que tratar a sus proveedores y, lo peor, tendrá que rendirle cuentas al fisco, eso sin dejar de considerar a la familia.

La mera noción de rendir cuentas es parte de nuestra naturaleza humana, lo que es muy claro en el terreno religioso. Por ejemplo, los cristianos entendemos que somos creación de Dios y que algún día tendremos que presentarnos ante Él para hacer eso, rendir cuentas.

Todos eso chistes e historias de quienes mueren y van a presentarse con San Pedro, parten de esa idea: lo que en la vida se hace implica la responsabilidad de rendir cuentas.

El asunto me parece importante en momentos en los que la noción de la responsabilidad ante alguien más es un concepto en desaparición, como en la plática de ese ejecutivo, pero también como en una serie de eventos de mayor relevancia.

Por ejemplo, me parece lógico el razonamiento que hace Tocqueville en cuanto a que la noción de Dios impone el concepto de que puedo hacer lo que quiera, pero no todo lo que quiero debo hacerlo.

Es decir, la idea de rendir cuentas ante Dios tiene un sano efecto sobre las personas al inclinarnos a no hacer lo que no se debe hacer, lo que nos manda a una regla general: cuanto mayor sea la proporción de personas que crean en un Dios que pide cuentas mejor será esa sociedad.

Quizá en ella se tenga menos criminalidad, tal vez se den menos fraudes y menos violencia familiar y menos accidentes de tránsito. Incluso, seguramente se den allí más obras de caridad y exista más solidaridad.

Si eso es cierto y creo que lo es, debemos reconocer que el viceversa también lo será. En la medida en la que no exista la noción de Dios en una sociedad, en ella se tendrán situaciones peores: más robos, más fraudes, más mentiras.

En esto debe verse que el argumento usado no prueba que Dios exista, sino que su mera noción tiene un efecto tangible y bueno en las personas y por tanto en la sociedad.

Todo por esa idea de tener a alguien ante el que se deben rendir cuentas. Si es cierto que en los tiempos modernos, desde el siglo 20, se ha registrado un abandono de la idea de Dios, eso muy bien puede explicar algunos de los escalofriantes sucesos de ese siglo, como los actos de terribles regímenes totalitarios de sobra conocidos.

Es obvio que la naturaleza libre de las personas da la bienvenida a la idea de rendir cuentas y, por tanto, entender a la libertad en un sentido más pleno que el de hacer lo que yo quiera.

Digo eso, porque en lo que escuché de ese ejecutivo estaba latente esa idea, la de que no tener jefe es equivalente a hacer lo que uno quiera y que ésa era una de las ventajas de la carrera que ofrecía a los candidatos a los que se dirigía. Estaba totalmente equivocado.

La libertad entendida como la posibilidad de hacer lo que más me plazca carece de sentido y de razón. La libertad es mucho más que eso. Si las personas somos libres, eso significa que podemos hacer lo que queremos, pero que nuestra libertad debe ser usada para hacer lo que debemos por una decisión propia, bajo la idea de rendir cuentas a alguien, el que sea.

Lo preocupante de esto es que incluso en pequeños detalles como la de ese ejecutivo existe gente que difunde una pésimamente entendida libertad y que la hace ver como algo que es bueno y deseable.

Porque al final de cuentas, si ser libre es hacer lo que se me antoja, el cerebro me sale sobrando y no creo que deba sobrar una parte de nuestra esencia natural.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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