Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Subsidios Para Todos
Eduardo García Gaspar
20 enero 2004
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


Recibí hace tiempo una copia de un correo electrónico en el que no sé qué asociación de quien sabe qué gente pedía el subsidio oficial para no sé qué producto mexicano.

Era una de decenas de peticiones que deben recibir las autoridades de muchos países, en lo que México no es la excepción.

La idea detrás de esta petición es que los subsidios son buenos para un país, de otra manera no serían solicitados.

Definamos primero subsidio de una manera muy general, como una ayuda intencional a una persona o grupos de personas por orden gubernamental, que generalmente consiste en transferencia de dinero, tratamiento fiscal privilegiado, o tratamiento legal excepcional.

Ejemplos de esto son los pagos de dinero a agricultores, el cierre de fronteras a productores nacionales para impedir la entrada de productos extranjeros más baratos, reducciones en tasas impositivas y similares.

Detrás de cualquiera de esas medidas, necesariamente, se encuentra la idea de que hacer eso es bueno, pues de lo contrario no se haría. Más aún, hacer eso se justifica solamente con la idea de que hacer eso es bueno para todos, no solamente para el beneficiario directo.

Es decir, subsidiar a la agricultura de maíz, por ejemplo, es justificable exclusivamente porque eso es positivo para toda una nación y no solamente para los productores de ese bien.

De esto debe concluirse que si subsidiar es bueno, entonces deberían subsidiarse todas las actividades por igual, sin importar de qué se tratara, para realmente tener todos los beneficios de los subsidios. De no hacerlo así, habría problemas de justicia y se violaría la igualdad legal de las personas.

Visto del otro lado, subsidiar a unos sí y a otros no resultaría en un acto injusto, puesto que los subsidios de unos serían pagados por los demás.

Eso es inevitablemente así, porque un gobierno no tiene otros ingresos que no sean los impuestos presentes o futuros. Ésta es la razón por la que dar un subsidio a, digamos, la gente de cine, sería igual a quitarle dinero al resto de las personas para dárselo a esos productores.

Con un poco de imaginación, podemos concluir que si dar subsidios es bueno, entonces todos los habitantes de un país deben gozar de esos mismos subsidios o tratos preferentes en las leyes. De no ser así, como vimos, hay problemas de justicia y tratos diferentes que son a todas luces ilegales, porque significan que los beneficios de unos son cargados a los demás.

Por necesidad lógica, la conclusión es más clara que el agua: todos debemos tener tratos preferenciales iguales en impuestos y posición legal, es decir, impuestos bajos, los más bajos posibles y sin excepciones legales.

Todos tendríamos que pagar impuestos, pocos e iguales, porque otorgar subsidios en efectivo significaría que todos tendríamos derechos a ellos y ya que el gobierno no hace tiene otros ingresos que no sean los impuestos, dar subsidios en efectivo sería imposible.

Lo que he intentado demostrar en esta segunda opinión es la tremenda contradicción que existe en la idea de dar subsidios a una a más personas, o grupos de ellas, con el pretexto de que eso es bueno.

Si es bueno, por consiguiente todos deberían tener esos tratamientos aventajados, y no sólo unos cuantos, pues de lo contrario eso significaría que hay violaciones a la igualdad de los ciudadanos.

Los subsidios son, en pocas palabras, una forma de injusticia legalizada y de locura institucionalizada. Sin embargo, los subsidios se mantienen, lo que puede explicarse por ignorancia y sandez, pero también por presión o chantaje político, causando daños inevitables a todos, incluso a quienes son subsidiados.

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