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Sumas y Restas de Beneficios
Selección de ContraPeso.info
1 julio 2004
Sección: Sección: AmaYi, SOCIALISMO
Catalogado en:


Un simple enfoque de sumas y restar ayuda a entender los efectos de la intervención del Estado en la sociedad. Las personas, por su propia voluntad realizan intercambios que por definición son de beneficio a ambas. ¿Qué sucede cuando el Estado interfiere en esos intercambios? Hay una disminución de los beneficios totales.

El Estado de Bienestar parte necesariamente de la hipótesis de que la intervención estatal es de beneficio para las personas que forman la sociedad. Si se demostrara que esa hipótesis es falsa, caería por los suelos la idea del Estado Benefactor. Eso es lo que hace Rothbard en uno de sus escritos.

Todo, usando la idea central y muy sencilla de sumar y de restar. Cuando los ciudadanos realizan intercambios entre ellos de manera libre, ambos resultan beneficiados y eso es un incremento pequeño o grande de la utilidad social neta.

Pero, ¿qué sucede cuando el gobierno entra al juego de los intercambios, impidiendo unos y forzando otros? Cuando eso sucede ya no se da ese situación de resultado neto positivo, sino que unos ganan y otros pierden.

La idea considerada en este resumen es de Rothbard, Murray Newton (1997). THE LOGIC OF ACTION. Cheltenham, U.K. ; Brookfield, Vt. Edward Elgar. 1858980151, Chapter 10, Toward a Reconstruction of Utility and Welfare Economics, pp 242-244, The Role of the State.

Comienza el autor diciendo que hasta hace poco tiempo, la economía del bienestar (welfare economics) nunca se preocupó por estudiar el papel del gobierno (este escrito de Rothbard fue publicado originalmente en 1956).

Su aseveración es sencilla, la economía del bienestar no se ha ocupado del análisis de este problema, el examen del rol del Estado.

Sí, ha habido estudios sobre otros temas, como el de los controles de precios, pero el papel del gobierno ha quedado rezagado en terrenos vagos que suelen identificarlo con el interés público o con la sociedad.

Rothbard anota aquí que la “sociedad” no es una entidad en sí misma, sino una colección de personas. Pero su punto es sacar al Estado y sus acciones de la oscuridad en la que ha permanecido y arrojar luz sobre el tema.

No ha sido estudiado el papel del Estado en la economía del bienestar, pero puede serlo y, así, el autor comienza su exposición razonada acerca del gobierno. El Estado es una institución diferente al resto de las instituciones sociales, muy diferente.

Son dos las diferencias del Estado sobre el resto de las instituciones sociales.

Una de ellas es que sólo él puede interferir en los intercambios de mercado que hacen las personas. Únicamente el Estado puede hacer eso, interrumpir o alterar reciprocidades acordadas voluntariamente por las personas, realizadas o por realizarse. El Estado tiene poder de coerción para hacerlo.

La segunda diferencia se refiere a los impuestos. El Estado es la única institución que deriva sus ingreso de disposiciones obligatorias para el resto de la sociedad. Más aún, esa obligatoriedad está respaldada por la fuerza que el Estado puede utilizar legítimamente para obtener sus ingresos.

Nadie en la sociedad tiene esa facultad de uso de violencia para realizar intercambios.

Vamos ahora al terreno de los intercambios y supongamos una situación que servirá de ejemplo base para razonar sobre el papel del Estado en la economía del bienestar.

Dos personas, a las que llamamos A y B desean realizar un intercambio entre ellas, el que sea, quizá la compra de un automóvil o de una empresa. Supongamos ahora que el Estado entra en juego y con alguna disposición prohibe ese intercambio.

La conclusión lógica es muy clara, ambas personas han tenido un impacto negativo en sus provechos personales.

A y B han sufrido un daño ya que se les ha impedido, por medio de una amenaza de violencia, la realización del intercambio que de otra manera habrían realizado.

Pero, por otro lado, hay un beneficiado. El Estado ha tenido ahora un beneficio o al menos un beneficio esperado futuro. Es obvio que los gobernantes han tenido un provecho, pues de otra manera no hubieran interferido impidiendo el intercambio.

Ese beneficio ha sido la razón de la interferencia gubernamental.

Si nos limitamos a las consideraciones de utilidad total, todo lo que puede decirse es que unos individuos han ganado y otros han perdido en esa obstrucción estatal de un intercambio entre dos personas. Esta situación contrasta con la original, en la que ambas partes hubieran salido beneficiadas al realizar su intercambio libre.

Vayamos a otra situación en la que se llega a la misma conclusión.

Supongamos un intercambio, ahora entre C y D, que es el resultado de una acción de fuerza del gobierno. Esas personas no hubieran hecho el intercambio de no ser por la acción estatal.

Otra vez, en esta nueva situación, hay una ganancia o beneficio para los gobernantes.

Por su parte, las personas que se han visto forzadas a hacer el intercambio están en otra situación: al menos una de ellas resultó perjudicada con el intercambio forzado.

Sí, al menos una de ellas no hubiera hecho la operación a la que ambas fueron obligadas y por eso hay un beneficio negativo en una al menos, quizá en las dos.

Igualmente, poco puede decirse aquí de la utilidad total social.

Y esto lleva a una conclusión inevitable: ninguna intervención gubernamental puede incrementar la utilidad social. Unos pierden y otros ganan, lo que contrasta con el intercambio libre en el que las dos partes ganan.

A eso puede agregarse más. Es un rasgo esencial del Estado, como se dijo, el poder obtener sus ingresos por medio de regulaciones obligatorias fundamentadas en el uso de la fuerza.

El resto de los actos del Estado descansan en esa realidad.

Ha sido explicado cómo las personas pueden ser perjudicadas con la interferencia gubernamental. Las personas no realizaron intercambios libres o fueron obligadas a realizar intercambios, como resultado de esa fuerza y las consecuencias fueron pérdidas de utilidad en ellas.

Ahora, el cobro de impuestos es un intercambio forzado. Si las personas hubieran pagado libremente al gobierno sus impuestos en el monto solicitado, entonces no hubiera habido necesidad de coerción para su cobro.

Y ya que se usa la compulsión para cobrar los impuestos y que el resto de los actos del Estado descansan en su poder confiscatorio, debe concluirse que ningún acto de gobierno eleva la utilidad de la sociedad.

Con esos razonamientos, el autor dice haber demostrado que el mercado libre de intercambios voluntarios siempre aumenta la utilidad social y que ningún acto de gobierno la eleva. Éstas conclusiones son fundamentales para reconsiderar a la economía del bienestar.

Los intercambios entre las personas sólo pueden realizarse de dos maneras posibles.

O se hacen intercambios libres y voluntarios, o bien se realizan intercambios forzados bajo la amenaza de coerción.

No hay otra posible manera de realizar intercambios.

Si los intercambios voluntarios suben el monto de la utilidad social y no hay posibilidad de que la interferencia estatal la eleve, es posible llegar a la conclusión de que el tener a un mercado libre y voluntario maximiza a la utilidad de la sociedad.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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