Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Telenovela en Tlaxcala
Eduardo García Gaspar
28 septiembre 2004
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una de las muestras de la incapacidad de aplicar el sentido común en la política mexicana es el asunto de las primeras damas con ganas de poder… de poder ser la sucesión del puesto del marido en el ejecutivo estatal o federal.

Y desafortunadamente no es muestra de leyes mal hechas, sino de neuronas que fallas como chips quemados de una computadora.

Las secuencias y consecuencias del coqueteo de Marta Fox han sido amplias. Vamos paso por paso. En el primer capítulo de la telenovela, que es bastante mala, la Primera Dama federal flirtea descaradamente con el poder, con la posibilidad de ser la sucesora del puesto de su marido.

Se produce lo obvio en México, una serie de discusiones sin término, que hablan de todo, menos de lo importante, aunque al final se produce lo deseable. Y la dama renuncia públicamente a sus coqueteos con la posibilidad de ser candidata al puesto de su esposo en 2006.

El siguiente capítulo es un humilde refrito de la historia, pero con un desenlace diferente.

La dama de Tlaxcala terquea y gana en un tribunal, con su marido jugando un papel de bufón adjunto que renuncia pero no renuncia. De nuevo se dan una serie de reportajes, notas, entrevistas y denuncias que tratan todos los temas posibles con excepción del importante.

La telenovela sigue, ahora con una inoculación de la calamidad en otros lugares, con primeras damas contagiadas del deseo de estar en una situación de poder.

Con esos datos, entremos al tema haciendo de lado la variable sexo. Todo lo siguiente aplica sin considerar si se trata de una Primera Dama o un Primer Caballero. Veamos en caso sencillamente como el de un gobernador o presidente, que puede ser hombre o mujer, con un cónyuge que quiere ser candidato a ocupar ese mismo puesto en el período siguiente inmediato.

Si la ley prevé o no el caso, eso es lo de menos, aunque desde luego podía estimarse que la ley sufrió un olvido, el de prever casos de ese tipo, con familiares del gobernante queriendo ser candidatos a su sucesión.

Mi punto es sencillo: lo haya o no previsto la ley, es de simple sentido común que esos casos no son recomendables y que la misma persona, sin necesidad de leyes, pueda tener tres dedos de frente y concluir que querer suceder al cónyuge en el período siguiente le hace caer en una situación no deseable, de posible conflicto de intereses.

Lo que reclamo, por tanto, es la incapacidad de las personas en ese caso para detenerse y pensar que incluso cuando lo permitiera la ley sus deseos no son convenientes, ni propios, ni decorosos. Y no lo son por una sencilla razón.

Esas personas están en una posición de potencial conflicto de intereses, especialmente ahora, cuando la democracia mexicana está naciendo y necesita gobernantes con sentido común y sentido de decencia.

México necesita esos gobernantes que sean muestras de conductas ejemplares y estos casos están muy lejos de serlo. En otras palabras, esas personas que desean suceder a sus cónyuges, afirmo, carecen de sentido común para entender que están en una posición de excepción que les impide sentarse en la misma silla en el siguiente período.

Aunque la ley lo permita incluso, ellas deben ver más allá y entender que la democracia mexicana necesita urgentemente de casos de conductas nobles, ejemplares e ideales… y no de acciones que se prestan a malas interpretaciones y a conflictos de intereses.

Y es que hay normas más allá de la ley que deben respetarse, y que en conjunto podemos llamar sentido común, esa cualidad que puede también llamarse lucidez, juicio, madurez y sobre todo, prudencia.

Cualidades de las que sin duda carecen esas personas. Los chismes y las declaraciones alrededor de estos casos que son el relleno de tantas trasmisiones de noticias, desafortunadamente, oscurecen el asunto de fondo que es bastante sencillo de ver y de entender. Esas personas con ansias sucesorias deben entender que están en una posición de excepción y que no es una cuestión legal de si pueden contender o no.

No es legal el asunto, es una cuestión de sentido común, de capacidad de pensar en las consecuencias de sus actos y de prudencia, insisto, especialmente ahora, cuando necesitamos acciones ejemplares de políticos y no más acciones sospechosas y dudosas.

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El tema ha sido tratado por algunos comentaristas alegando que la inconveniencia de que una primera dama sea la sucesora de su marido es una cuestión ética. No sé de qué precepto ético puede derivarse esa conclusión y me da la impresión de que sería enormemente difícil derivar ese principio ético.

El punto de esta segunda opinión es que es un asunto de mero sentido común y de prudencia. Lo que es vital en una democracia naciente como la de México, pero reusltaría irrelevante en una democracia madura.

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