Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
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Eduardo García Gaspar
29 marzo 2004
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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Quiero compartir con usted una sensación que me ha perseguido todos estos 30 y pico de años de vida profesional.

Es mi impresión que existen dos tipos extremos de altos ejecutivos, uno de los cuales se caracteriza por pedir las cosas de última hora, sin planeación y sin previo aviso. Pide él trabajos urgentes con frecuencia, tanta que se hace una forma de trabajo.

El personal que le reporta, por esto, tiene picos exagerados de trabajo y una rutina de trabajo impredecible. Su jefe puede llegar en cualquier momento a solicitar una misión imposible para entregar mañana antes de las nueve.

Pongo un ejemplo contado por un proveedor de convenciones: un cliente suyo solicitó hacer una convención para la siguiente semana en uno de los mejores hoteles de Nueva York. Debía él conseguir 200 boletos de avión y habitaciones, más salones y demás. Imposible.

Esos hoteles se reservan con años de anticipación y conseguir esa cantidad de boletos de avión era absurdo, pero no en la mente de quien lo había pedido. Lo mismo sucede con quien solicita un folleto impreso para mañana, o un comercial filmado en dos días.

No tienen idea de lo que están diciendo. ¿Por qué se dan esas peticiones irracionales?

Mi teoría es que esas personalidades de peticiones imposibles se ven fomentadas por una razón: ellas  casi siempre obtienen lo que piden. Sus subalternos tienen tal capacidad de realización que logran hacer lo que les piden… claro, lo hacen mal o no tan bien como se pudiera y a un costo desproporcionado.

Pero lo logran y eso es un incentivo para la siguiente petición imposible.

Cuento una pequeña historia. Cierta vez un jefe mío me habló solicitando una de esas petitorias quiméricas, no importa cuál. Mi respuesta fue sencilla: expliqué las razones por las que en 12 horas no se podía tener lo que él pidió y que si eso se intentara costaría una fortuna con un alto riesgo de hacer un trabajo de mala calidad.

Su petición no era razonable, pero, le dije, podía ser realizada en una semana. Intrigado por la urgencia tan repentina, inquirí acerca de la solicitud, preguntando si de eso dependía la existencia de la empresa, una multa legal extraordinaria o alguna otra razón de peso fuera de la rutina. Me dijo que sí, que era urgente, pero nunca me dijo la razón.

La empresa había vivido años sin lo que él había pedido y una semana más no era un factor de riesgo. A partir de ese momento, no fui santo de su devoción.

Resulta que otro ejecutivo le dijo que sí se podía hacer él lo que mi jefe había pedido y lo hizo, entregando el trabajo no al día siguiente, sino tres días después, dando mil excusas.

Desde luego, el trabajo estaba mal hecho y tampoco era urgente, pues se quedó en un archivo meses. Curiosa historia que, contada entre amigos, se repite de maneras diversas en sus experiencias. Nunca falta quien haya vivido eso varias veces.

Perteneciendo yo al otro tipo de ejecutivo, el de previsión y programación de actividades, la verdad no puedo imaginarme qué hay en las neuronas del que hace peticiones urgentes sin motivos de real fuerza mayor… las que sí existen, pero nunca son la regla. Y sin embargo, jamás falta ése que cree que es posible hacer lo irracional.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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